Protágoras

Platón

Grecolatina

Aquí tenemos a uno de los más destacados sofistas de la Antigua Grecia, enfrentándose en una interesante discusión con nuestro filósofo Sócrates. Ya habíamos comentado en libros anteriores como Teeteto, la frase célebre del sofista ”el hombre es la medida de todas las cosas”, lo que quiere decir, que todos tienen la verdad en la medida que ésta se les representa. Por supuesto, esto no fue suficiente para Sócrates quien refuta con mucha inteligencia y astucia, el modo de ver la vida de Protágoras. En el siguiente libro veremos la precaución con que Sócrates advierte a Hipócrates sobre las enseñanzas del sofista.

Referencias:

(1) El mismo de Alcibíades (o de la naturaleza humana).
(2) El mismo de Critias (o de la Atlantida).
(3) El mismo de Hipias mayor (o de lo bello) y Hipias menor (o de lo feo).
(4) Es el mismo homólogo de cómo el hombre primitivo descubre el fuego
(5) Ya en la Antigua Grecia existía el boxeo.
(6) Sócrates parece quedar sin argumentos.

Definiciones:

(1) Prometeo significa ”previsión”
(2) Epimeteo significa ”idea tardía”

Protágoras

Personajes:

Sócrates

Hipócrates

Alcibíades(1)

Critias(2)

Protágoras

Hipias(3)

Pródico

Calias

En la casa de Calias

Desde el principio, tenemos a un participante desconocido hablando con Sócrates. Este le pregunta si va en busca de Alcibíades a quien describe como muy apuesto, pero con un poco de barba. Sócrates defiende la incipiente barba de Alcibíades diciendo que incluso hasta el mismo Homero la consideraba signo de encanto cuando ésta aparece.

Sócrates ya había estado con Alcibíades anteriormente ayudándolo en algunos asuntos., pero curiosamente, no era con Alcibíades con quien había hablado, sino con Protágoras. El desconocido acompañantes de Sócrates queda asombrado y le pide que le cuente todo sobre la conversación entre él y Protágoras. Y así procede Sócrates.

La llegada de Protágoras y las ansias de Hipócrates

En la madrugada, Hipócrates despierta a Sócrates debido a que se ha enterado de que Protágoras viene a la ciudad. Hipócrates está ansioso porque quiere que el mismísimo sofista, le enseñe todo lo que sabe; y está dispuesto a pagarlo.

Naturalmente, Hipócrates quiere ser acompañado por Sócrates, pero antes de ir, Sócrates le hace algunas preguntas incómodas. Hipócrates tendrá que pagar una cantidad de dinero a Protágoras, para que éste le de unas lecciones. Si él le da el dinero, entonces Protágoras lo recibirá como sofista, pero ¿qué recibirá Hipócrates con este intercambio? Con este intercambio, Hipócrates se volvería un sofista.

La discusión es la siguiente: A un médico se le paga por que es médico, a un escultor por ser escultor ¿qué recibimos a cambio? en el caso del médico, ser médico; en el caso del escultor, ser escultor. Cada uno nos da una enseñanza y nos vamos nutriendo de su conocimiento.

¿Qué es lo que enseña un sofista?

Las preguntas se van haciendo cada vez más profundas. Sócrates le pregunta cuál sería la habilidad de los sofistas para con los hombres. Hipócrates contesta que sin duda es la habilidad para hacer hablar elocuentemente a los otros hombres. Aquí viene el problema.

Supongamos que tenemos a un experto en tocar la lira. Éste experto es el único quien puede hacer que otro hombre hable elocuentemente sobre la lira. Entonces el sofista ¿En qué temas puede hacer hablar elocuentemente a los otros hombres? Teniendo en cuenta que cada experto habla sobre su propio tema elocuentemente. Pues pareciera ser que nada.

Así, Sócrates le advierte a Hipócrates el peligro que corría al considerar pagar al sofista, siendo que ni siquiera él tenía muy claro la labor del sofista. No obstante, a pesar de advertirle los riesgos que podría correr en el engaño de los sofistas, ambos acuerdan visitar a Protágoras y verificar todas las cosas que dice.

Con Protágoras

Cuando llegaron, Sócrates e Hipócrates se encontraron con una multitud de personas entre ellos, sofistas. Al fin, encuentran a Protágoras. Este está dispuesto a contestar a cualquier pregunta que nuestros dos personajes quieran hacerle. Entre tener la discusión en privado o en público, Protágoras lo prefiere en público para demostrar sus destrezas.

Una vez todos reunidos, los dialogantes se disponen a conversar. Sócrates comienza con la siguiente pregunta:

¿Qué pasaría si me asocio (Hipócrates) contigo?

La respuesta de Protágoras es que se volverá un hombre mejor y más sabio que antes de haberlo consultado. Sin embargo, Sócrates le dice que ésa podría ser una respuesta muy ambigua.

Esta pregunta tiene el mismo problema del razonamiento anterior; por ejemplo, si Hipócrates quisiera aprender el arte de un médico, entonces aprenderá medicina; si va donde un flautista, aprenderá flauta; si va donde un carpintero, aprendería carpintería. ¿Qué podría aprender y en qué podría mejorar, según lo que dijo Protágoras, Hipócrates?

Despreciando a otros maestros que enseñan de matemáticas, geometría o astronomía, Protágoras le asegura que se volverá más sabio en todo lo que involucre los asuntos del Estado.

En breves palabras, pareciera ser que Protágoras puede enseñar el arte de la política a quien desee consultarlo.

La virtud no puede ser enseñada

Sócrates no queda convencido con la respuesta de Protágoras, y le da algunos ejemplos de cómo algunos han fallado al tratar de enseñar este tipo de cosas. Lo que se propone enseñar Protágoras no es nada más que la virtud; no obstante, Sócrates duda que la virtud pueda ser enseñada. ¿Podrá Protágoras ser tan bueno como para enseñar la virtud? En efecto, Protágoras lo explicará pero en forma de mito.

El mito de Prometeo(1)

El mito de Prometeo nos cuenta el inicio de todos los tiempos, donde solo se encontraban dioses.

Los hombres fueron creados de tierra, fuego y varias mixturas entre estos dos elementos. Primero fueron creados desde el interior de la tierra.

Cuando estos veían la luz del día, los dioses ordenaron a Prometeo y a Epimeteo(2) a distribuirlos y equiparlos a lo largo de toda la tierra.

Epimeteo asume la tarea de distribuir a los hombres a lo largo de la tierra, mientras que Prometeo inspeccionará que lo haga.

Distribución de Epimeteo

Distribuyo a los más fuertes con poca rapidez, y a los más débiles con gran rapidez. A unos los desarmó y a otros los armó. A unos los hizo largos y a otros pequeños que además pudieran volar. Todo esto para que pudieran preservarse de la extinción.

También los protegió de las estaciones del clima, dándoles pieles para determinados climas y garras para defenderse de los depredadores. Al mismo tiempo, también les dio comidas para que pudieran subsistir.

La ayuda de Prometeo

Epimeteo, quien no se había dado cuenta de su propia distribución, puso en frente de los animales brutos, a un hombre desnudo, desarmado y débil.

Al ver esto, Prometeo, quien quería evitar que se enfrentaran, robó las técnicas de Efesto y Atena, entre ellas el fuego.

Prometeo le dio a los hombres el fuego para que sobreviviera a los animales(4). Así, estos pudieron sobrellevar la vida, pero no la vida política o intelectual.

Juicio de Prometeo

Por robar el fuego a Efesto y Atenea, Prometeo fue enjuiciado por Zeus por culpa del torpe Epimeteo.

El don de Zeus

Debido a todos estos acontecimientos, Zeus otorgó al hombre el sentido de la vida.

Los hombres en agradecimiento le construyen altares y ofrecen tributos a Zeus.

No obstante, los hombres al no tener ciudades ni hábitos de guerra, eran facilmente devastados por los animales salvajes.

Para que los hombres pudieran sobrevivir, Zeus los reunió en ciudades para protegerse, pero la maldad siempre amenazaba con destruir las ciudades por dentro.

Hermes: el dios mensajero

Zeus temía que la raza se extinguiera. Entonces, envío al dios mensajero Hermes para distribuir justicia y reverencia a Zeus, y que consideraran la convivencia y al conciliación.

Hermes pregunta a Zeus si la distribución de la justicia se debiera llevar a cabo como las artes (dándoles el don de cierta arte a unos y a otros no), pero Zeus responde que no, sino que a todos los ciudadanos. Quien no haga caso de la justicia de Zeus, simplemente morirá.

La virtud se puede enseñar

De ésta forma, Protágoras responde a la pregunta de Sócrates sobre si es posible enseñar la virtud. Claro, podemos inferir de la pregunta de Hermes que las artes fueron distribuidas a unos pocos y no a todos. En cambio, la justicia fue distribuida a todos por igual, y es por esto que todos son capaces de enseñar la virtud.

Protágoras dice que un hombre que no es experto en tocar la lira y dice que si lo es, al tocarla todos se burlarán de él. Por otra parte, cuando un hombre que es deshonesto, se sincera y habla honestamente sobre lo deshonesto que es, inmediatamente quienes lo rodean lo consideran locura. Es por esto dice Protágoras que todos participan, aunque sea solo en un grado de la virtud.

Lo que se da por naturaleza

Otro argumento nace de que la gente generalmente no castiga o reprende al feo por ser feo, al contrario, sienten lástima por él porque es parte de su naturaleza el ser feo.

Lo que se da por castigos

Por otro lado, es fácil demostrar que cuando un delincuente comete un delito, se le castiga para que no vuelva a delinquir. De hecho, la familia y los profesores tratan de enseñarle a los niños a no hacerlo desde pequeños.

Lo que se da por educación

La educación ha sido el elemento con el cual se enseña la virtud desde la más tierna infancia, incluso hasta la vejez. Padres y maestros son los encargados de dar educación a los hijos y estos por medio de ella aprenden lo que es la virtud.

La respuesta de Sócrates

Sócrates queda bastante sorprendido por la defensa que hizo Protágoras, pero aún siente que quedan cosas por discutir.

Como Protágoras había hablado de justicia, de honestidad y de sabiduría, ¿Qué sería la virtud? ¿Sería un entero? ¿O se dividiría por partes? ¿Acaso sería la combinación de todas las cosas mencionadas anteriormente?

De manera muy fácil, Protágoras responde que todas esas cosas forman parte de la virtud, así como las partes de la cara (boca, ojos y nariz) son partes del rostro.

Protágoras añade que no es correcto que el hombre al tener solo una parte de la virtud, entonces llamaramos a este hombre virtuoso. También dice Protágoras que las partes de la virtud (como podrían ser la justicia, la sabiduría, la piedad y la valentía) son diferentes unas de otras, y que además, la sabiduría es la más noble de ellas.

La justicia y la piedad ¿se relacionan?

Las dudas de Sócrates comienzan con la naturaleza de la justicia, y luego ambos acuerdan que la naturaleza de la justicia es lo justo. Así, como también la naturaleza de la piedad es lo santo. Por lo tanto, la naturaleza de la piedad no sería la misma naturaleza de la justicia y viceversa.

Sin embargo, la impiedad si estaría relacionada con la injusticia y la injusticia con la impiedad. ¿Cómo se puede decir esto, si Protágoras había afirmado que las partes de la virtud no podían estar relacionadas unas con otras?

Protágoras queda sin argumento y no puede defender su postura. Sócrates afirma que la justicia y la piedad son iguales (o por lo menos similares). Al no tener más explicación, Protágoras acepta la afirmación de Sócrates.

Los opuestos

Continuando con el diálogo, Sócrates quiere dejar en claro los opuestos de cada uno de los conceptos que forman parte de la virtud. Protágoras nos dice que solamente existe un opuesto para cada cosa, sin embargo, cuando se le pregunta el opuesto de cada parte de la virtud, el responde lo siguiente.

La sabiduría es opuesta a la locura.

La templanza es opuesta a la locura.

La rapidez es lo opuesta a la lentitud.

La fuerza es opuesta a la debilidad.

La hermosura es opuesta a la fealdad.

El bien es opuesto al mal.

El sonido agudo es opuesto al sonido grave.

Es evidente que Protágoras no ha sido consecuente con lo que ha afirmado previamente. Dijo que las partes de la virtud tenían un solo opuesto, y vemos en las dos primeras comparaciones que la sabiduría y la temperancia tienen como opuesta, la locura.

¿A cual de las afirmaciones deberemos renunciar?

Todo tiene solo un opuesto.

Que la sabiduría es distinta de la templanza (si la sabiduría y la templanza tienen a la locura como opuesto, entonces serían similares).

El problema es que ninguna de estas puede asegurarse ya que no están en armonía. Entonces, para salir del problema, Sócrates con Protágoras aceptan que la templanza y la sabiduría son lo mismo, o por lo menos similares.

El hombre injusto y la temperancia

¿Es posible que un hombre injusto sea a la vez templado? Pues Protágoras nos dice que si puede serlo. Aclara también que la temperancia sería sensata incluso haciendo injusticia, si esta llegara a concretarse.

También reconoce que existe el bien y el mismo como conveniencia. De hecho, también llama a algunos bienes como inconvenientes y aún así los llamaría bienes.

En efecto, existen cosas que son convenientes para para el hombre y otras que no, por ejemplo, un tipo de aceite puede ser malo para las plantas, pero muy bueno para los hombres. De aquí que lo que es conveniente para el hombre, puede ser perjudicial para los animales. El aceite sería conveniente para el hombre y perjudicial para un animal.

Después de que Protágoras termino su argumento, Sócrates no logró entender del todo lo que dijo, y le pide que hablara de manera más pausada, a lo que Protágoras se rehúsa a hacer rotundamente. Sócrates, tal vez un poco enfadado, se levanta de su silla cuando Calias lo interrumpe y le ruega que no se vaya y mantenga la discusión.

El acuerdo entre Sócrates y Protágoras

Calias le dice a Sócrates que no se vaya, pero Sócrates no puede continuar en el diálogo si Protágoras toma esa actitud. Calias le dice que es justo que cada uno hable como pueda, pero Alcibíades entra en la discusión para defender a Sócrates.

Alcibíades alega que, a medida que la discusión va tomando favor por Sócrates, Protágoras comienza a hablar en ese ritmo (seguramente para que nadie pueda entender de qué se está hablando).

Critias

Luego de Alcibíades, Critias interrumpe diciendo que no es bueno tomar parte de ninguno de los dos, así como Calias tomaba parte por Protágoras y Alcibíades por Sócrates. Critias recalca que en la discusión debe existir la mayor objetividad posible.

Pródico

Pródico está de acuerdo con lo dicho por Critias, pero recordando que la objetividad o imparcialidad no es lo mismo que igualdad porque tarde o temprano la audiencia tendrá que apoyar a solo un de ellos. Finalmente, le pide a Sócrates y a Protágoras que no peleen y sigan con la interesante discusión.

Hipias

Hipias trata de tranquilizar a los dos contrincantes diciéndoles que cada uno adopte una postura de acuerdo y paz. Además, se pide que haya un arbitro que ayude en el diálogo, midiendo la rapidez y la duración de las palabras de Protágoras.

El arbitro

Todos alaban la propuesta de Hipias y le piden a Sócrates que elija a un arbitro. Sin embargo, esto no sería posible porque nadie en la audiencia es mejor que Protágoras o que Sócrates a la hora de juzgar un tipo de discurso.

Entonces, a ésta proposición, Sócrates rehúsa hacerlo pero ofrece otra. Si Protágoras no está dispuesto a responder, puede preguntar. De ésta manera a Protágoras se le darán más beneficios en la conversación que a Sócrates. Finalmente todos serán árbitros de la conversación.
La poesía

Protágoras comienza su argumentación diciendo que la poesía es la parte principal de la educación. Todo hombre debiera ser instruido en el arte de la poesía y debiera conocerlo. Protágoras comienza con el análisis de la siguiente cita de Simónides:

”Es difícil llegar a ser realmente un hombre verdaderamente bueno. Equilibrado de pies, de manos y de mente, sin una falla”.

Sócrates conoce bien el poema de Simónides, Protágoras le pregunta si está bien compuesto y Sócrates le dice que lo está. Pero ¿qué pasa si analizamos el poema entero?

”No estoy de acuerdo con las palabras de Pítaco, aunque las palabras son las de un hombre sabio: Es difícil llegar a ser un hombre realmente digno”.

Por parte de Sócrates, no hay ningún problema al declarar que ésta frase es consistente, pero Protágoras dice que la inconsistencia está presente y es la siguiente:

”Es difícil llegar a ser realmente un hombre verdaderamente bueno”.

”Es difícil ser un hombre bueno”.

Sería inconsistente porque Primero dice que es dificil ser un hombre bueno, pero luego dice que no está de acuerdo con la cita de Pítaco que dice, según él, exactamente lo mismo.

Después de que Protágoras terminó, todos lo aplaudieron y alabaron. Sócrates queda en aprietos diciendo sentirse como un boxeador(5) golpeado. Luego recuerda que Pródico era un amigo de Simónides y Sócrates le pide que salga en defensa de Simónides. Pródico acepta y empieza a conversar con Sócrates.

Lo difícil como el mal

Si nos fijamos bien, las dos frases tienen una diferencia en el verbo ser/estar porque la primera comienza con ”llegar a ser” y la segunda ”ser”. De ahí se podría decir que Simónides no tenía inconsistencia con sus frases, ya que las dos significan cosas totalmente distintas y que no se relacionarían. Protágoras dice que en le pensamiento de Sócrates existe un terrible error y comienza a explicarlo. También lo decía Hesíodo:

”Porque delante de la virtud colocaron los dioses el sudor. Pero cuando uno llega a la cumbre de ésta, después es más fácil retenerla, por difícil que sea”.

Protágoras nos dice que Sócrates ha cometido un error, ya que el poeta jamás podría considerar que la virtud pueda ser fácilmente retenida.

Sócrates dice que Protágoras no ha entendido del todo la palabra ”difícil”. De hecho, cuando se le pregunta a Pródico ¿A qué se refería Simónides con la palabra difícil? Éste contesta que se refería al ”mal”.

Así se comprende que Simónides culpa a Pítaco de decir que ”Es difícil (malo) ser un hombre bueno”. Pródico nos dice que quizás se equivocó al culpar a Pródico, pero Protágoras dice que a lo que se refería con difícil es a que es no es fácil ser bueno.

Para rebatir todo esto, Sócrates comienza a relatar como era la filosofía antigua en las ciudad de Lacedemonia. Los Lacedemonios ocultaban su saber para que nadie pudiera saber cuán sabios eran ellos. Sin embargo, cuando se conversaba con uno de los menos instruidos lacedemonios, inmediatamente se notaba la sabiduría que poco a poco afloraba en la conversación con uno de ellos. Ahí circulaba la frase ”Es difícil ser bueno”, la cual Simónides quería superar para ser más famoso entre sus contemporáneos; por lo tanto, se puede inferir que la intención de Simónides era dañar a Pítaco.

Por lo demás, Si Pítaco y Simónides estuvieran discutiendo sus frases, Simónides le diría a Pítaco que lo más difícil no es ”ser bueno” sino que ”llegar a ser bueno”. Por otro lado, es solo debido a las circunstancias que el hombre se vuelve bueno o malo. Un autor desconocido decía:

”Los buenos con a veces buenos y a veces malos”

Sócrates afirma que los malos no se convierten en malos, sino que siempre son malos. Pítaco como vimos asegura que es difícil ser bueno, pero lo realmente difícil es llegar a ser bueno porque ser bueno sería imposible

Pero, ¿Qué hace que los hombres se vuelvan buenos en escribir cartas, en carpintería o en medicina? Evidentemente, el estudio de cada disciplina. No obstante, el bueno siempre se vuelve malo, por las circunstancias en las que se vea envuelto. El hombre siempre es malo, pero hay posibilidades para que se vuelva bueno como también vuelva a ser malo.

Sócrates agrega otro extracto de lo que dice Simónides a Pítaco:

”Más elogio y aprecio a cualquiera que no hace voluntariamente nada vergonzoso; contra la necesidad ni siquiera los dioses combate”

Es importante destacar aquí la idea de que el mal solo es ocasionado por medio de la ignorancia. Que el hombre no cometa mal voluntariamente es un aspecto que vimos en el libro Gorgias (o de la retórica) y también en el Libro IX de Las Leyes donde se ve con un poco más de profundidad.

¿La virtud es parte o es todo?

Tras el largo silencio de Protágoras, Sócrates le pide volver al tema que habían acordado antes. Si las partes de la virtud son totalmente diferentes una de otra, o tienen algo en común. ¿Sería la sabiduría, la sensatez, el valor, la justicia y la piedad, cinco nombres para una misma cosa (la virtud en este caso)?

Protágoras dice que la sensatez, el valor, la justicia y la piedad son partes de la virtud, más no la valentía. El sofista nos dice que, en efecto, ha conocido personas que son ignorantes, injustas, impiadosas, insensata, y sin embargo, son valientes.

Sócrates le pregunta si considera que un hombre valiente es intrépido y si considera a la virtud algo hermoso. Protágoras contesta afirmativamente a todo eso. Además se afirma que quien tiene confianza en sí mismo, es porque tiene el conocimiento de dichas habilidades. Sin embargo, también hay personas que son ignorantes en estas habilidades, pero aún así tienen confianza. Estas personas según Protágoras no serían valientes, sino más bien locos.

Afirmaciones de Protágoras:

El valiente es intrépido.

La virtud es buena como un todo.

Quien tiene confianza tiene es porque tiene conocimiento.

El ignorante puede tener confianza, aunque no tenga conocimiento.

Quien tiene confianza en sí mismo siendo un ignorante, es un loco.

A esto, Sócrates responde que quien es ignorante y con confianza, es un loco. Así como el hombre más sabio que tiene confianza en sí mismo, también es el más valiente; por lo tanto, ser valiente también sería ser sabio.

Protágoras inmediatamente dice que existe un error en lo que se plantea. No es lo mismo decir que todos los valientes tienen confianza, que todos los que tienen confianza son valientes. Protágoras en el último caso hubiera respondido que no todos ellos.

Añade además que si el valiente superara al ignorante en confianza, al mismo tiempo estaría diciendo que el valiente es sabio (puesto que supera al ignorante) y así decir que la sabiduría y la valentía son lo mismo dándole la razón a Sócrates.

Lo mismo pasaría si Sócrates le preguntara si los fuertes son potentes. Claro, si los fuertes aprendieran a ser potentes, también serían sabios porque superarían a los que no lo son. Pero Protágoras no admite esto diciendo que no es lo mismo decir los potentes son fuertes, que los fuertes son potentes(6).

El bien como placer y el mal como dolor

Pareciera ser que el tema cambia radicalmente. Esto ha sido discutido muchas veces ¿Quedó Sócrates sin argumentos para responder a Protágoras? Todo indica que podría ser así.

Sócrates es quien pregunta nuevamente. Protágoras nos afirma a través de las preguntas de Sócrates que un hombre que vive bien, no vive adolorido ni afligido. Se resuelve así, que vivir a gusto es bueno y con dolor malo; además, Protágoras nos dice que esto podrá ser viable siempre que se haga gozando de las cosas buenas.

Esta vez, Sócrates trata de categorizar los tipos de bienes, es decir, las cosas son buenas porque son placenteras y las cosas son malas porque son dolorosas. Protágoras no está muy convencido de esta afirmación, puesto que cree que hay algunas cosas buenas que son dolorosas y cosas malas que son placenteras.

”Ser dominado por los placeres”

Esta frase ha durado hasta estos tiempos, y muchos de nosotros creemos que algunas veces somos dominados por los placeres. Sócrates trata de refutar esta frase diciendo que llamamos buenos a los placeres, siempre y cuando estos tengan un buen fin. En cambio, las cosas malas son dolorosas porque terminan con malas consecuencias.

Para entender esto, la idea no es ver el placer inmediato. Por ejemplo, nosotros podemos decir que un medicamento tiene mal sabor la probarlo inmediatamente, pero el fin del medicamento es que el cuerpo este saludable. Entonces, así como las cosas buenas, el medicamento si bien nos produce disgusto al principio, su fin es evitar el dolor. Y evitar el dolor significaría adquirir placer.

Así, sería absurdo afirmar que el hombre sabiendo que se va a ser un mal, lo haga. Sería absurdo decir que siendo dominado por los placeres, cometió algo que le produce dolor siendo que los placeres no producen dolor. Además, habíamos dicho ya anteriormente, que el hombre no comete mal voluntariamente.
Los valientes y los cobardes

Pareciera ser que vuelven al tema de la valentía, pero no del todo. Sócrates le dice a Protágoras si afirma que los valientes son audaces. Éste dice que si, pero no con las mismas bases de los cobardes. Por ejemplo, los valientes van donde está el peligro y los cobardes donde hay seguridad.

Sin embargo, nadie puede ser subyugado a lo que es temible, ya que ser dominado es ignorancia. Pero existe otro ”pero”. Los valientes y los cobardes se dirigen a las mismas cosas en las que creen confiar. Protágoras no parece de acuerdo con esto porque el valiente siempre querrá ir a la guerra mientras que el cobarde no querrá.

¿Es honorable o vergonzoso ir a al guerra? Protágoras dice que es honorable, y si es honorable entonces es bueno y además placentero.

Afirmaciones de Protágoras:

La guerra es honorable.

Si es honorable es buena y placentera.

No obstante, los cobardes son reticentes a asistir a ella, lo cual sería imposible según el razonamiento anterior porque los ignorantes no querrán evitar el bien. Por otro lado, los valientes si quieren el placer y además tiene confianza.

Sócrates sigue ahondando un poco más, y con Protágoras llegan a decir que la cobardía consta de ignorar lo que es y no es peligroso. Naturalmente, la sabiduría constaría en saber que es lo y que no es peligroso. Finalmente, Sócrates pregunta si la valentía sería saber las cosas que son y no son peligrosas. Sin embargo, Protágoras no responde y se queda en silencio… Luego de un rato, Protágoras le dice:
”Termina tú el argumento”

¿Por qué? Pues si Protágoras afirma que la valentía es saber las cosas que son y no son peligrosas, estaría también afirmando que la valentía y la sabiduría son cosas semejantes. Y como sabemos desde el principio, Protágoras dijo que las partes de la virtud no son semejantes.

Finalmente, no pueden resolver el problema de si puede ser enseñada la virtud, y ambos dialogantes agradecen haber tenido la conversación y se demuestran mutua admiración.

Conclusión

Me quedé atónito al ver que Sócrates fue ciertamente derrotado ante el gran argumento de Protágoras sobre los hombres fuertes y potentes. El cambio de tema es notorio por parte del filósofo. Sin embargo, me pareció un diálogo ameno entre los dos, sobre todo la parte final donde se dan una muy cordial despedida. Aquí seguiremos con el tema de la virtud en otro libro llamado Menón.

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Archivo:

Platon – Protagoras.pdf

– Artículo*: Tradición Perenne –

Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL

*No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados

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