El eros y las variedades de embriaguez

Tradicionalismo

Grecolatina

Julius Evola

Platón

Nos queda considerar la teoría del amor que Platón expone por boca de Diotima. Pero antes será necesario evocar lo que dice Platón de la forma superior del eros como estado, o sea considerado simplemente en cuanto contenido de la conciencia. Personificado, eros es llamado en El Banquete «poderoso demonio»; «mediador entre la naturaleza divina y la naturaleza mortal», colma el espacio que separa la una de la otra”. En el Fedro se habla largo y tendido de la µav(a. No es fácil traducir este término, puesto que la versión literal, «manía», hace pensar en algo negativo y desequilibrado, igual que el término «furor», tan apreciado por los humanistas del Renacimiento (los «furores heroicos», en Giordano Bruno). Podría hablarse de un estado de arrebato, de «entusiasmo divino», de exaltación o de embriaguez lúcida: lo cual nos remite muy exactamente a lo que ya hemos dicho sobre la materia prima de todo estado erótico. Platón destaca aquí un punto esencial al distinguir dos formas de «manía»: una «deriva de enfermedad humana, y otra, de exaltación divina, por la cual nos sentimos ajenos a las leyes y a las normas habituales» • La segunda -dice Platón- «dista mucho de causamos miedo»; de ella pueden derivarse grandes beneficios.

Y refiriéndose precisamente al eros, dice: «Es una ventura grandísima la manía que los dioses nos dispensan haciendo nacer el amor en el ánimo de aquel que ama y de aquel que es amado» 1• Lo que importa aquí realmente es que el eros como «manía» se inserta en un con- texto más extenso que hace que destaque bien su posible dimensión metafísica. Pla- tón, en efecto, distingue cuatro tipos de manía positiva, no patológica, no infrahuma- na, refiriéndolos respectivamente a cuatro divinidades: la manía del amor, ligada a Afrodita y a Eros; la manía profética de Apolo; la manía de los iniciados de Dioniso; y la manía poética de las musas “. Marsilio Ficino dirá que son «esas especies de furor que Dios nos inspira elevando al hombre por encima del hombre: y que en Dios lo convierten». Si se deja de lado la «manía poética» -que sólo pudo tener carácter no profano en otro tiempo, cuando el arte no era cosa subjetiva, cuando el poeta era también un vidente, y la poesía era un carmen­, el fondo común de estas formas sigue siendo el mismo: un estado de embriaguez apropiada para provocar una auto- trascendencia y las variantes de una experiencia suprasensible: en el amante, pues, no menos que en el iniciado dionisíaco, en aquel cuya visión supera el límite del tiempo y en el sujeto de la experiencia mágica “.

Es curioso que ni Platón ni sus co- mentaristas hayan mencionado otra variedad del mismo tipo de embriaguez lúcida y anagógica (tendente hacia lo alto): la variedad heroica, que se podría colocar bajo el signo de Marte. Esto es curioso en la medida en que la Antigüedad tuvo en conside- ración casos en los que también la experiencia heroica puede ofrecer posibilidades iniciáticas 09 • Podría recordarse, finalmente, el tipo de embriaguez sagrada propia de los coribantes y los curetas, con sus técnicas específicas, que no carecían de relación con la danza. De todos modos, las referencias son precisas. Se considera, pues, la existencia de un conjunto, del que el eros sexual no es más que un elemento, una especializa- ción; su materia prima es una embriaguez animadora (como si en la vida humana hubiese un injerto de una vida superior; formulado mitológicamente: la toma de po- sesión, fecundadora e integradora, de un ser humano por parte de un dios o un «de- monio») y liberadora que, desde el momento en que obedece exclusivamente a su metafísica definida por el mito del andrógino, tendrá como posibilidad suprema una TEAETTJ (como dice precisamente Platón): luego un equivalente de la iniciación en los Misterios. A fin de cuentas, es muy significativo que la palabra «orgía», que se ha terminado asociando únicamente al desencadenamiento de las pasiones y a la se- xualidad, pudiese estar asociada en el origen al adjetivo «sagrado»: las «sagradas orgías».

En efecto, óp-yux designaba el estado de exaltación entusiasta que en los Misterios antiguos conducía a la realización iniciática. Pero cuando esta embriaguez del eros, en sí emparentada con las demás embriagueces de orden suprasensible de que habla Platón, se especializa y se convierte en deseo, y luego en deseo única- mente carnal; cuando por decirlo así pasa de condicionante a condicionada ligándo- se totalmente a los determinismos biológicos y a las turbias sensaciones de la natu- raleza inferior, entonces se degrada y cae en la forma constituida por el «placer», por la voluptuosidad venusina. También aquí habrá que distinguir tres grados: el placer posee un carácter difuso todavía extático cuando el momento «magnético» del amor, con la consiguiente amalgama fluídica de los dos seres, es lo bastante intensa. Cuando desaparece esta intensidad debido al hábito de llevar a cabo el acto físico con la misma persona, el placer tiende cada vez más a localizarse corporalmente en ciertas zonas o ciertos ór- ganos, esencialmente los órganos sexuales. El hombre está notoriamente más predis- puesto que la mujer a esta involución suplementaria. Tenemos por último el placer disociado de toda experiencia o colapso, disociado del estado de µavCa de la pura embriaguez exaltada y lúcida llevada por un elemento suprasensible. Constituye la contrapartida de abortar la tentativa del eros, como impulso hacia el ser absoluto y la inmortalidad, en el círculo de la generación física; a la que corresponderá, como ve- remos, la segunda teoría del amor, la expuesta por Diotima. En este contexto, no será inútil referirse otra vez a la oposición platónica entre dos especies de manía, para desarrollar su contenido.

En general, cuando se mani- fiesta el estado del que hablábamos, quedan suspendidas las facultades del individuo corriente, su «mente» (su manas, como dicen los hindúes) queda excluida o bien es arrebatada, por cuanto obedece a una fuerza diferente. Esa fuerza puede ser ontológi- camente superior o inferior al principio de la personalidad humana. De ahí la posibi- lidad y la idea de una embriaguez extática de carácter abiertamente regresivo. La magia sexual, muy particularmente, actúa en esta sutilísima línea divisoria. A modo de ilustración teórica, puede aludirse ahora a la interpretación desviada de un autor que hemos citado ya, Ludwig Klages. Éste recogió parcialmente los pun- tos de vista platónicos, puso de relieve la elementalidad del hecho constituido, en el eros, por la embriaguez, o µavCa, contra las diversas interpretaciones psicológicas o fisiológicas, reconociendo la dimensión no física y las potencialidades extáticas de esa embriaguez. Pero el punto central de su interpretación es el siguiente: «No es el espíritu del hombre el que se libera [en el éxtasis], sino el alma; y ésta no se libera del cuerpo, sino del espíritu»

• Si bien en este autor el espíritu no es del todo el espí- ritu, sino a fin de cuentas un sinónimo de «mente», eso no quita que el «alma» de la que habla corresponda a los estratos inferiores, casi inconscientes, que limitan con el bios, del ser humano: a la parte yin (femenina, oscura, nocturna) y no yang (masculi- na, luminosa, diurna) de él. Puede decirse, pues, que el éxtasis que Klages tiene en consideración es un éxtasis telúrico, incluso demónico. Su contenido emotivo ya lo había designado la tradición hindú mediante el término rasásvádana. Existe, pues, una fenomenología bien diferenciada de la «manía» y del eros, cuya importancia desde el punto de vista práctico nunca se resaltará bastante. Hay que convencerse, con todo, de que, tanto la posibilidad negativa de que acabamos de ha- blar, como la posibilidad opuesta, positiva, de una manía «divina», están alejadas por igual tanto de toda manía de origen patológico, como del impulso bruto y ciego del eros animalizado. Los etnólogos, como los historiadores de las religiones y los psicó- logos contemporáneos, no se preocupan lo más mínimo de estas importantes distinciones.

eros

– Artículo*: Tradición Perenne –

Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL

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