La doctrina secreta extractos T.III Blavatsky (guarda muchos de los secretos de los arcanos del Tarot)

La palabra Adán, aplicada en esas leyendas al primer ser humano, no es evidentemente un nombre propio, sino que sólo se usa como un término que significa la Humanidad. Adam aparece como nombre propio en el Génesis, pero seguramente en algunos pasajes sólo se emplea en el mismo sentido que la palabra asiria.

Por otra parte, ni el Diluvio caldeo ni el bíblico, con sus fábulas de Xisuthros y de Noé, están basados en el Diluvio universal, ni aun en los de los Atlantes, registrados en la alegoría inda del Manu Vaivasvata. Son aquéllos alegorías exotéricas basadas en los Misterios Esotéricos de Samotracia. Si los caldeos más antiguos conocían la verdad esotérica, oculta en las leyendas puránicas, las otras naciones sólo conocían el Misterio Samotracio, y lo alegorizaban. Lo adaptaron a sus nociones astronómicas y antropológicas, o más bien fálicas. Históricamente se sabe que Samotracia ha sido célebre en la antigüedad por un diluvio que sumergió el país y alcanzó la cima de las más altas montañas; suceso que tuvo lugar antes del tiempo de los argonautas. Se inundó rápidamente por las aguas del Euxino, que hasta entonces había sido considerado como un lago10. Pero, además, los israelitas tenían otra tradición en que basar su alegoría, la leyenda del Diluvio, que transformó el actual desierto de Gobi por

última vez en un mar, hace 10.000 o 12.000 años, y que echó a las montañas vecinas a muchos Noés y sus familias. Como los relatos babilónicos sólo ahora han sido restaurados de cientos de miles de fragmentos mutilados (sólo en el terraplén de Kouyunjik se han descubierto, desde las excavaciones de Layard, más de 20.000 fragmentos de inscripciones), las pruebas que aquí se citan son relativamente escasas; sin embargo, tal como son, corroboran casi todas nuestras enseñanzas, y por lo menos tres, con toda seguridad. Éstas son: 1. Que la raza que fue la primera en caer en la generación, era una raza obscura (zalníat–qaqadi) que llamábanla Adamu o Raza Obscura; y que la Sarku, o Raza Clara, permaneció pura mucho tiempo después. 2. Que los babilonios reconocían dos Razas principales en el tiempo de la Caída, habiendo precedido a esas dos la Raza de los Dioses, los Dobles Etéreos de los Pitris. Tal es la opinión de Sir H. Rawlinson. Estas Razas son nuestra Segunda y Tercera Razas–Raíces. 3. Que estos siete Dioses, cada uno de los cuales creó un Hombre, o Grupo de hombres, eran “los Dioses aprisionados o encarnados”. Estos Dioses eran: el Dios Zi; el Dios Zi–ku (Vida Noble, Director de Pureza); el Dios Mir–ku (Corona Noble), “Salvador de la muerte de los Dioses [más adelante] aprisionados”, y Creador de “las razas obscuras que su mano hizo”; el Dios Libzu, “sabio entre los Dioses”; el Dios Nissi; el Dios Suhhab; y Hea o Sa, su síntesis, el Dios de la Sabiduría y del Océano, identificado con Oannes–Dagon, en el tiempo de la Caída, y llamado, colectivamente, el Demiurgo, o Creador11. Hay en los fragmentos babilónicos dos llamadas “Creaciones”, y como el Génesis se ha adherido a esto, vemos que sus dos primeros capítulos se diferencian en Creación Elohítica y Jehovática. Su orden propio, sin embargo, no se conserva en estos relatos exotéricos ni en otro alguno. Ahora bien, estas “Creaciones”, según las Enseñanzas Ocultas, se refieren respectivamente a la formación de los siete Hombres primordiales por los Progenitores, los Pitris o Elohim, y a la de los Grupos humanos después de la Caída. Todo esto se examinará más adelante a la luz de la Ciencia y de comparaciones sacadas de las escrituras de todas las naciones antiguas, incluso la Biblia. Mientras tanto, y antes de volver a la Antropogénesis de las razas prehistóricas, convendría ponerse de acuerdo respecto de los nombres de los Continentes en donde las cuatro grandes Razas, que precedieron a nuestra Raza Adámica, nacieron, vivieron y murieron. Sus nombres arcaicos y esotéricos eran muchos, y variaban con el lenguaje de la nación que los mencionaba en sus anales y escrituras.

Un Dios extra–cósmico es fatal para la Filosofía; una Deidad intra–cósmica–esto es, el Espíritu y la Materia inseparablemente unidos–, es una necesidad filosófica. Sepáreselos, y lo que queda será una superstición grosera bajo una máscara de emocionalismo. Pero ¿por qué “geometrizar” –como dice Platón–, por qué representar a estas Emanaciones bajo la forma de una inmensa tabla aritmética? La cuestión hállase bien contestada por el citado autor, que dice: Para que la percepción mental pueda convertirse en percepción física, necesita del principio cósmico de la Luz; y, por esto, nuestro círculo mental tiene que hacerse visible por medio de la luz, o, para su manifestación completa, el círculo tiene que ser el de la visibilidad física o la luz misma. Estos conceptos, así formulados, se convirtieron en los cimientos de la filosofía de lo Divino manifestándose en el Universo. Esto es filosofía. No sucede lo mismo cuando el Rabí dice en Al–Chazari: Bajo s’ph–r debe entenderse el cálculo y peso de los cuerpos creados. Pues el cálculo por medio del cual tiene que construirse un cuerpo con armonía o simetría, por el cual su construcción debe ser debidamente proporcionada y ajustada al objeto designado, consiste, en último término, en número, extensión, masa, peso; la relación coordinada de movimientos, luego armonía de la música, tienen que consistir por completo en el número, esto es, s’ph–r… Por Sippor (s’phor) deben entenderse las palabras de Alhim (206–1 de 31415:uno), por las cuales se junta o adapta el plan a la forma de construcción; por ejemplo, se dijo “Hágase la Luz”. La obra se hizo a medida que las palabras se pronunciaron, esto es, a medida que se mostraban los números de la obra.

La Evolución, no la Creación, por medio de PALABRAS, se reconoce en la Filosofía del Oriente, hasta en sus anales exotéricos, Ex oriente lux. Hasta el nombre del primer hombre en la Biblia Mosaica tuvo su origen en la India, a pesar de la negativa del Profesor Max Müller. Los judíos tomaron su Adam de la Caldea; y Adam–Adami es una palabra compuesta, y, por tanto, un símbolo múltiple, y prueba los dogmas Ocultos. Éste no es lugar para disquisiciones filológicas; pero se puede recordar al lector que las palabras Âdi significa en sánscrito el “primero”; en arameo “uno” (Ad–ad, el “uno único”); en asirio, “Padre”, de donde Ak–ad o “padre–creador”80. Y una vez que se vea la exactitud de esta afirmación, se hace difícil limitar Adam a la Biblia Mosaica, y ver en él tan sólo un nombre judío.

La apelac,ón Ak–ad (o Akkadios) es de la misma clase que Ad–m, Ha–va (Eva). Æd–en (Edén); Ak–Ad significa “Hijo de Ad”, como los hijos de Ad en la Antigua Arabia. Ad–ad, el “uno único” y el “primero”, era el Ad–on o “Señor” de Siria y consorte de Ad–ar–gat o Aster’t, la Diosa de Siria. Y Gan–Æden (Edén) o Gandunia era Babilonia o la Mesopotamia. En asirio Ak significaba Creador, pronunciándose la letra k como kh (ah) guturalmente. Según el misticismo de Swedenborg, Adam no era un hombre, sino una iglesia( ?) de luz primitiva. En los Vedas, Ad–iti es la luz primitiva, el Akâsha del mundo fenomenal.

Así, pues, es fácil comprender la razón por la cual Adam–Adami se encuentra en la Escritura caldea, seguramente más antigua que los Libros Mosaicos. En asirio, Ad es el “padre” y en arameo Ad es “uno” y Ad–ad el “uno único”, mientras que Ak en asirio es “creador”. Así Ad–am–ak–ad–mon se convirtió en Adam–Kadmon en la Kabalah (Zohar) significando el Uno “(Hijo) del Padre divino, o el Creador”, pues las palabras am y om significaban en un tiempo, en casi todas las lenguas, lo divino, o la deidad. De este modo Adam–Kadmon y Adam–Adami llegaron a significar “la primera Emanación del Padre–Madre o la Naturaleza Divina”, y literalmente, el “primer Uno Divino”. Y fácil es ver que Ad–Argat (o Aster’t la Diosa siria, la esposa de Ad–on, el Señor Dios de Siria o el Adonai judío), y Venus, Isis, Ister, Milita, Eva, etc., son idénticas a la Aditi y Vâch de los hindúes. Todas son las “Madres de todo lo que vive” y “de los Dioses”. Por otra parte –cósmica y astronómicamente– todos los Dioses masculinos fueron primeramente “Dioses Soles”; luego, teológicamente, los “Soles de Rectitud” y los Logos, todos simbolizados por el Sol. Todos son Protogonos –Primogénitos–

Las tablas cosmogónicas prueban que esta nuestra creación actual fue precedida de otras109; y, como también lo ha mostrado el autor de The Qabbalah, en el Zohar, Siphra Dtzenioutha, en Jovah Rabba, 128 a, etc.; la Kabalah afirma lo mismo. b) Oannes o Dragón, el “Hombre–pez” caldeo, divide su Cosmogonía y Génesis en dos partes. Primeramente el abismo de aguas y tinieblas, en donde residían los seres más horrendos: hombres con alas, hombres con dos y cuatro alas, seres humanos con dos cabezas, con piernas y cuernos de cabra –nuestros “hombres cabríos”110– hipocentauros, toros con cabeza de hombre, y perros con colas de pez. En una palabra, combinaciones de diversos animales y hombres, de peces, reptiles y otros animales monstruosos, asumiendo unos las formas y el aspecto de otros. El elemento femenino en que residían está personificado por Thalatth –el Mar o el “Agua”–, la cual fue finalmente vencida por Belus, el principio masculino. Polyhistor dice: Belus vino, y dividió a la mujer en dos: y de una mitad formó la tierra, y de la otra mitad el cielo; y al mismo tiempo destruyó los animales en ella111. Según observa pertinentemente Isaac Myer: Para los accadios, cada objeto y poder de la Naturaleza tenía su Zi o Espíritu. Los accadios formaron sus deidades en tríadas, generalmente de varones [¿más bien sin sexo?], los semitas tenían también deidades triádicas, pero introdujeron el sexo112. 108 I, 31. 109 Véase Hibbert Lectures, 1887, Sayce, pág. 390. 110 ¿De dónde viene esta identidad de ideas? Los chinos tienen las mismas tradiciones. Según el comentador Kwoh P’oh, en la obra llamada Shan–Hai–King, “Maravillas del Mar y de la Tierra”, obra escrita por el historiador Chung Ku, tomada de los grabados de nueve urnas hechas por el Emperador Yü (2255 antes de Cristo), se menciona una entrevista con hombres que tenían dos caras distintas en sus cabesas, delante y detrás, monstruos con cuerpos de cabrás y cabezas humanas, etc. Gould, en sus Mythical Monsters (pág. 27), al dar los nombres de algunos autores de Historia Natural, menciona al Shan–Hai–King. “Según el comentador Kwoh P’oh (276–324 después de Cristo), esta obra fue compilada 3000 años antes de su tiempo, o hacía siete dinastías. Yank Sun de la Dinastía Ming (comenzando 1368 después de Cristo) declara que fue compilada por Kung Chia y Chung Ku (?)” como se dijo antes. “Chung Ku… en tiempo del último Emperador de la dinastía Hia (1818 antes deCristo), temiendo que el Emperador destruyese los libros que trataban de los tiempos antiguos, se los llevó en su huída a Yin”

o el falicismo. Entre los Arios y los primeros accadios, todas las cosas son emanaciones por medio de, no por un Creador o Logos. Entre los semitas, todo es engendrado.

6. LOS HOMBRES ACUÁTICOS TERRIBLES Y PERVERSOS, LOS CREÓ ELLA MISMA DE LOS RESTOS DE OTROS. DE LOS DESPERDICIOS Y EL FANGO DE SU PRIMERA, SEGUNDA Y TERCERA LOS FORMÓ. Los DHYÂNI VINIERON Y MIRARON… LOS DHYÂNI, PROCEDENTES DEL RESPLANDECIENTE PADRE–MADRE115, VINIERON DE LAS BLANCAS REGIONES, DE LAS MANSIONES DE LOS MORTALES INMORTALES (a). a) Las explicaciones dadas en nuestras Estancias son mucho más claras que la que daría la leyenda de la creación de la tabla Cutha, aun cuando estuviese completa. Sin embargo, lo que queda de ella las corrobora. Pues, en la tabla, el “Señor de los Ángeles” destruye los hombres del abismo, “no quedando esqueletos ni restos” después que fueron muertos. Después de lo cual los Grandes Dioses crearon hombres con cuerpos de aves del desierto, seres humanos, “siete reyes, hermanos de la misma familia”, etc., lo cual se refiere a las cualidades locomotivas de los cuerpos etéreos primitivos de los hombres, que podían volar lo mismo que andar117, pero que fueron “destruidos” porque no eran “perfectos”, esto es, “no tenían sexo, como los Reyes de Edom”. Descartando metáforas y alegorías, ¿qué dirá la Ciencia de esta idea de una creación primordial de las especies? Rechazará que los “Ángeles” y “Espíritus” tengan nada que ver en ello; pero si la Naturaleza y la ley física de evolución son los creadores de todo lo que existe en la Tierra, ¿por qué no habría de haber “tales abismos” cuando el Globo estaba cubierto por las aguas, en los cuales se engendrasen innumerables seres monstruosos? ¿Son los “seres humanos” y los animales con cabezas humanas y dos caras, el punto inadmisible? Pero si el hombre es sólo un animal superior y desciende del bruto por una serie infinita de transformaciones, ¿por qué no habían de tener los “eslabones perdidos” cabezas humanas sobre cuerpos de animales, o teniendo dos Qabbalah, pág. 246. Restos de minerales, vegetales y animales. Rondas. Dioses y Espíritus Planetarios, especialmente los Ribhus. “Los tres Riblius” que tambien se convierten en “tres veces siete”, número de sus dones. Solar–Lunar. Ténganse presentes las “razas aladas” de Platón y las relaciones del Popol–Vuh acerca de la primera raza humana, la cual podía andar, volar y percibir los objetos, por muy distantes que estuviesen. H. P. BLAVATSKY Doctrina Secreta Tomo III 60 cabezas, que éstas fueran de bestias o viceversa, en aquellos esfuerzos primitivos de la Naturaleza? ¿No se nos muestran, durante los períodos geológicos, en la época de los reptiles y de los mamíferos, lagartos con alas de pájaro y cabezas de serpiente en cuerpos de animales?. Y, arguyendo desde el punto de vista de la Ciencia, ¿no vemos que aun nuestra misma raza humana moderna nos proporciona ejemplares monstruosos de vez en cuando: niños con dos cabezas; cuerpos animales con cabezas humanas; niños con cabezas de perro, etc.? Esto prueba que si la Naturaleza se permite todavía tales caprichos después de estar normalizada durante edades en el orden de su trabajo evolucionario, monstruos tales como los que Beroso ha descrito eran posibles en los principios de su programa; posibilidad que ha podido existir una vez como ley, antes de escoger definitivamente sus especies y principiar con ellas su obra regular. Y ello, verdaderamente, permite ahora una prueba definida por el solo hecho de la “Reversión”, como la Ciencia lo llama. Esto es lo que enseña la Doctrina y lo que demuestra con pruebas numerosas. Pero no vamos a esperar la aprobación de la Teología dogmática ni la de la Ciencia materialista, sino que continuaremos con las Estancias. Que hablen éstas por sí mismas, con ayuda de la luz que los Comentarios y sus explicaciones arrojan sobre ellas; el aspecto científico de estas cuestiones será considerado más adelante. La Naturaleza física, al estar abandonada a sí misma en la creación del hombre animal, vemos que fracasó. Ella puede producir los dos primeros reinos, así como el de los animales inferiores; pero cuando le toca el turno al hombre, son necesarios para su creación poderes espirituales, independientes e inteligentes, además de los “vestidos de piel” y del “soplo de vida animal”. Las Mónadas humanas de las Rondas precedentes necesitan algo más elevado que los materiales puramente físicos, para construir sus personalidades, bajo pena de permanecer aún más bajo que cualquier “Frankenstein” animal. Véase Mythical Monsters, por Charles Gould.En el primer volumen de Introduction à l’Étude des Races Hiemaines, por M. de Quatrefages, últimamente publicado, hay pruebas de que desde el Período post-terciario, y aun antes de este tiempo (dado que ya había esparcidas muchas Razas en esta época sobre la faz de la Tierra), el hombre no ha cambiado un ápice su estructura física. Y si el hombre estuvo rodeado durante edades por una fauna que cambiaba de un período o ciclo a otro, una que desaparecía, otra que nacía con distinta forma, de tal modo que hoy no existe en la Tierra ni un solo animal, grande o pequeño, contemporáneo del hombre de aquel período; si, pues, todos los animales se han transformado excepto el hombre, este hecho no sólo prueba su antigüedad, sino que Constituye un Reino distinto. ¿Por qué sólo él había de escapar a la general transformación? Por la razón –dice Quatrefages– de que el arma que usaba en su lucha con la Naturaleza, y los cambios constantes de condiciones geológicas y de elementos, era “su fuerza psíquica, no su fuerza física ni su cuerpo”, como sucede con los animales. Dad al hombre sólo la dosis de inteligencia y razón de que están dotados otros mamíferos, y con su organización corporal presente, se verá convertido en la criatura más desamparada de la Tierra. Y como todo tiende a probar que el organismo humano, con todas sus características, peculiaridades e idiosincrasias, existía ya en nuestro Globo en esos remotísimos períodos geológicos, cuando aún no existía ni un solo ejemplar de las actuales formas de mamíferos, ¿cuál es la conclusión inevitable? Pues la siguiente: Puesto que todas las razas humanas son de una misma especie, se deduce que esta especie es la más antigua de todos los mamíferos actuales. Por lo tanto, es la más estable y perseverante de todas, y se hallaba ya tan completamente desarrollada como al presente, cuando todos los otros mamíferos ahora conocidos no habían ni siquiera mostrado las primeras señales de su aparición en la Tierra. Tal es la opinión del gran naturalista francés, quien de este modo da un golpe terrible al darwinismo. Dijeron. Las Mónadas de las “presentaciones” de los hombres de la Tercera Ronda, las formas enormes parecidas a monos. Las aguas. En el Sistema Esotérico los siete “principios” del hombre están representados por siete letras. Las dos primeras son más sagradas que las cuatro letras del Tetragrammaton. Las Esferas intermedias, en donde las Mónadas que no han alcanzado el Nirvana se dice que dormitan en inactividad inconsciente entre dos Manvantaras. Esto se explica en otra parte. Los Tres Fuegos, Pâvaka, Pavamâna y Shuchi, que tuvieron cuarenta y cinco Hijos, los cuales, con sus tres Padres, y su Padre Agni, constituyen los cuarenta y nueve Fuegos. Pavamâna, el Fuego producido por la fricción, es el padre del Fuego de los Asuras; Shuchi, el Fuego Solar es el padre del Fuego de los Dioses, y Pâvaka, el Fuego Eléctrico, es el Padre del Fuego de los Pitris (véase Vâyu Purâna). Pero ésta es una explicación en el plano material y terrestre. Las Llamas son pasajeras y sólo periódicas; los Fuegos son eternos en su unidad triple. Corresponden a los cuatro “principios” humanos inferiores, y a los tres superiores. Los Suras que más tarde se convirtieron en los A–Suras. Âtmâ, Buddhi y Manas. En el Devachan es necesario el elemento superior del Manas para constituir un estado de percepción y conciencia de la Mónada desencarnada.

ELLOS SE DISGUSTARON. “NUESTRA CARNE NO ESTÁ AHÍ. NO HAY RÛPAS APTOS PARA NUESTROS HERMANOS DE LA QUINTA. NO HAY MORADAS PARA LAS VIDAS. AGUAS PURAS, NO TURBIAS, DEBEN ELLOS BEBER (a). SEQUÉMOSLAS” a) Dice el Catecismo sobre los Comentarios: De los Mundos materiales descienden los que dan forma al hombre físico en los nuevos Manvantaras. Son ellos Lha [Espíritus] inferiores, que poseen un doble cuerpo [una Forma Astral dentro de una Etérea]. Son los constructores y creadores de nuestro cuerpo de ilusión… Las Dos Letras [la Mónada, llamada también el “Dragón Doble”] descendieron dentro de las formas proyectadas por los Lha [Pitris], desde las esferas de Expectación . Pero son como un tejado sin muros ni pilares en que descansar… El Hombre necesita cuatro

Llamas y tres Fuegos para serlo en la Tierra, y requiere la esencia de los cuarenta y nueve Fuegos para ser perfecto. Aquellos que han abandonado las Esferas Superiores, los Dioses de la Voluntad , son los que completan al Manu de ilusión. Pues el “Dragón Doble” no tiene influencia sobre la mera forma. Es como la brisa en donde no hay árboles mi ramas que la reciban ni alberguen. No puede afectar la forma cuando no hay agente transmisor [Mamas, “la Mente”] y la forma no le conoce. En los mundos más elevados, los tres Son uno ; en la Tierra [ al principio] el uno se convierte en dos. Son como las dos líneas [lados] de un triángulo que ha perdido su línea base, la cual es el tercer Fuego . Ahora bien; esto necesita alguna explicación antes de pasar adelante. Para hacer esto, especialmente en beneficio de nuestros hermanos indo–arios (cuya interpretación esotérica puede diferir de la nuestra), tenemos que explicarles lo anterior por ciertos pasajes de sus propios libros exotéricos, especialmente los Purânas. En las alegorías de este último, Brahmâ, que es colectivamente la Fuerza Creadora del Universo, es descrito como sigue: Al principio de las Yugas [Ciclos]… poseído del deseo y del poder de crear, e impulsado por las potencias de lo que va a ser creado, una y otra vez, al comenzar un Kalpa, produce una creación semejante129. Ahora nos proponemos examinar la relación exotérica del Vishnu Purâna, y ver hasta qué punto concuerda con nuestra versión Oculta.

LA CREACIÓN DE SERES DIVINOS EN LAS VERSIONES EXOTÉRICAS En el Vishnu Purâna, que es seguramente la más antigua de todas las escrituras de este nombre, vemos, como en todas las demás, a Brahmâ, como Dios masculino, asumiendo, para fines creadores, “cuatro Cuerpos investidos de tres cualidades”. Dice: De esta manera, Maitreya, Jyotsnâ (el alba), Râtri (la noche), Ahan (el día) y Sandhyâ (la tarde) [crepúsculo], son los cuatro cuerpos de Brahmâ. Según explica Parâshara, cuando Brahmâ desea crear de nuevo el mundo y construir progenie por medio de su voluntad, en la cuádruple condición, o los cuatro órdenes de Seres, llamados Dioses (Dhyân Chohans), Demonios (esto es, Devas más materiales), Progenitores (Pitris) y Hombres, “concentra (a modo del Yoga) la mente en sí mismo” (Yuyuje). Es extraño el dicho, pero principia él creando Demonios. los cuales preceden de este modo a los Ángeles o Dioses. Esto no es incongruencia, ni es debido a inconsistencia, sino que encierra, como todo lo demás, un significado profundamente esotérico, perfectamente claro para cualquiera que se halle libre de prejuicios teológicos cristianos. Quien tenga presente que el principio Mahat, o el Intelecto, la “Mente Universal” (literalmente la “Grande”), la cual explica la Filosofía Esotérica como la “Omnisciencia Manifestada” –el “primer producto” de Pradhâna, la Materia Primordial, como el Vishnu Purâna dice; pero el primer Aspecto Cósmico de Parabrahman o el SAT Esotérico, el Alma Universal, según enseña el Ocultismo– está en la raíz de la Conciencia del Sí, comprenderá el porqué. Los llamados Demonios (que Esotéricamente son el Principio intelectualmente activo y afirmador del Yo) son el polo positivo de la creación, por decirlo así; por lo tanto, son los primeros producidos. He aquí, en compendio, cómo tuvo lugar el proceso según lo refieren alegóricamente los Purânas: Habiendo concentrado su mente en sí mismo, y el cuerpo por Brahmâ asumido, estando penetrado de la Cualidad de las Tinieblas, produjo primeramente los Asuras, que surgieron de su Muslo, después de lo cual, abandonando este cuerpo, fue transformado en Noche. Hállanse envueltos aquí dos puntos importantes: a) En el Rig Veda, primitivamente, se muestra a los “Asuras” como Seres espirituales divinos; su etimología se deriva de Asu, aliento, el “Soplo de Dios”, y significan lo mismo que el Espíritu Supremo, o el Ahura del mazdeísmo. Sólo más tarde, y para fines de teología y de dogma, es cuando se les muestra saliendo del Muslo de Brahmâ, y cuando su nombre empezó a ser derivado del a, privativo, y de Sura, un Dios, o sea “no–Dios”; convirtiéndose en enemigos de los Dioses. b) Todas las Teogonías antiguas sin excepción (desde la Aria y la Egipcia hasta la de Hesiodo), colocan la Noche antes que el Día en el orden de la evolución cósmica; aun en el Génesis las “tinieblas se extienden sobre la faz del abismo” antes del “primer día”. La razón de esto es que todas las Cosmogonías (excepto en la Doctrina Secreta) principian por la llamada “Creación Secundaria”; a saber, el Universo Manifestado, cuyo Génesis tiene que principiar por una diferenciación marcada entre la Luz eterna de la “Creación Primaria” (cuyo misterio tiene que permanecer por siempre en “Tinieblas” para los conceptos e inteligencia finitas del profano investigador), y la Evolución Secundaria de la Naturaleza manifestada visible. El Veda contiene toda la filosofía de esa división, sin que haya sido nunca debidamente explicada por nuestros orientalistas, puesto que jamás la han comprendido. Continuando su creación, Brahmâ asume otra forma, la del Día, y de su Aliento crea a los Dioses dotados con la Cualidad de la Bondad (la Pasividad). En su cuerpo siguiente prevaleció la Cualidad de gran Pasividad, la cual es también bondad (negativa); y del costado de ese personaje salieron los Pitris, los Progenitores de los hombres; porque, según explica el texto, Brahmâ “pensaba de sí mismo [durante este proceso] que él era el padre del mundo”. Esto es Kriyâshakti, el misterioso poder–Yoga, explicado en otra parte. Este cuerpo de Brahmâ, cuando fue desechado, se convirtió en el Sandhyâ, el Crepúsculo de la Tarde, el intervalo entre el Día y la Noche. Finalmente, Brahmâ asumió su última forma, penetrada por la Cualidad de la Impureza. Y de ésta fueron producidos los Hombres, en quienes la impureza (o pasión) predomina. Este cuerpo, al ser desechado, se convirtió en la Aurora, o Crepúsculo de la Mañana, el Crepúsculo de la Humanidad. Aquí Brahmâ representa, esotéricamente, a los Pitris. Es él colectivamente el Pitâ, el “Padre”. Ahora debemos explicar el verdadero significado esotérico de esta alegoría. Brahmâ simboliza aquí personalmente a los Creadores Colectivos del Mundo y de los Hombres, al Universo con todos sus productos innumerables de cosas que se mueven y de las (aparentemente) inmóviles136. Él es colectivamente los Prajâpatis, los Señores del Ser; y los cuatro cuerpos representan las cuatro Clases de Poderes Creadores o Dhyân Chohans, que se describen en el Comentario de la sloka I, Estancia VII, en el Volumen I. Toda la filosofía de la llamada “Creación” del bien y el mal en este Mundo, y de todo el Ciclo de sus resultados Manvantáricos, depende de la compresión correcta de estos Cuatro Cuerpos de Brahmâ. El lector se hallará ahora preparado para comprender el significado verdadero, esotérico, de lo que sigue. Además, hay un punto importante que esclarecer. Al establecer y aceptar arbitrariamente la Teología Cristiana que Satán con sus Ángeles Caídos pertenecía a la primera creación, siendo Satán creado el primero como el más sabio y más hermoso de los Arcángeles de Dios, se dio con ello la nota. Desde entonces en todas las Escrituras Paganas se reputó que admitían el mismo significado, mostrando a todas como demoníacas; y se pretendió y pretende que la verdad y los hechos pertenecen al Cristianismo, y que sólo con él principiaron. Hasta los orientalistas y mitólogos, algunos de ellos no cristianos, sino “infieles”, u hombres de ciencia, entraron de modo inconsciente, y por la sola fuerza de la asociación de ideas y hábito, en el surco teológico. Consideraciones puramente brahmánicas, basadas en la codicia del poder y la ambición, hicieron que las masas continuasen en la ignorancia de las grandes verdades; y las mismas causas indujeron a los Iniciados entre los primeros cristianos a guardar silencio, al paso que los que nunca habían sabido la verdad desfiguraron el orden de las cosas, juzgando de la Jerarquía de los “Ángeles” por su forma exotérica. Así como los Asuras se habían convertido en los Dioses inferiores rebeldes en lucha con los superiores en las creencias populares, del mismo modo el Arcángel más elevado, el Agathodæmon verdaderamente, el Logos benévolo mayor, se convirtió en la teología en el “Adversario” o Satán. ¿Pero está esto garantizado por la interpretación fiel de alguna Escritura antigua? Ciertamente que no. Al paso que las Escrituras mazdeístas del Zendavesta, el Vendîdâd y otras, corrigen y muestran el más reciente artificioso embrollo de los Dioses en el Panteón indo, y por medio de Ahura restablecen a los Asuras en su legítimo lugar en la Teogonía, los descubrimientos recientes de las tablas caldeas vindican el buen nombre de las primeras Emanaciones divinas. Esto no es difícil probarlo. La Angelología Cristiana se deriva directa y únicamente de la de los fariseos, que trajeron sus doctrinas de Babilonia. Los saduceos, los verdaderos guardianes de las Leyes de Moisés, no conocían a Ángel alguno, y se oponían hasta a la inmortalidad del alma humana (no el Espíritu impersonal). En la Biblia los únicos Ángeles que se mencionan son los “Hijos de Dios” mencionados en el Génesis VI (considerados ahora como los Nephilims, los Ángeles caídos), y varios Ángeles en forma humana, los “Mensajeros” del Dios judío, cuyo rango necesita un análisis más minucioso que el que hasta ahora se ha dado. Como se dijo antes, los accadios primitivos llamaban a En, Sabiduría, que fué desfigurada por los posteriores caldeos y semitas en Tiamat, Tisalat y el Thalatth de Beroso, el Dragón del Mar femenino, ahora Satán. A la verdad, “¡cuánto has descendido [por obra del hombre], oh Estrella resplandeciente e Hija de la Mañana!” Ahora bien; ¿qué nos dicen las relaciones babilónicas acerca de la “Creación”, según se encontraron en los fragmentos de ladrillos asirios; esas mismas relaciones sobre las que los fariseos construyeron su Angeología? Véase Assyrian Discoveries y Chaldean Account of Genesis , de Mr. George Smith. La Tabla, con la historia de los Siete Dioses o Espíritus malvados, contiene la relación siguiente (ponemos los pasajes importantes en itálicas) :

En los Primeros días los Dioses malos, 2. los ángeles rebeldes, que en la parte inferior del cielo 3. habían sido creados, 4. hicieron su obra de mal 5. maquinando con sus malvadas cabezas…, etc.

Así, pues, se nos muestra tan claramente como es posible, en un fragmento que permaneció intacto, de suerte que no ha lugar a dudas en su lectura, que los “Ángeles Rebeldes” habían sido creados en la parte inferior del cielo, esto es, que pertenecían y pertenecen a un plano material de evolución, por más que como no es un plano que podamos conocer con nuestros sentidos, permanece invisible generalmente para nosotros, y por ello es considerado como subjetivo. ¿Estaban, pues, los gnósticos tan equivocados, al afirmar que este nuestro Mundo visible, y especialmente la Tierra, había sido creada por Ángeles Inferiores, los Elohim inferiores, de los cuales era uno el Dios de Israel, según ellos enseñaban? Estos gnósticos se hallaban, en el tiempo, más próximos a los anales de la Doctrina Secreta Arcaica, y por tanto, debe concedérseles que conocían su contenido mejor que los cristianos no iniciados, que emprendieron la tarea, cientos de años después, de dar nueva forma y corregir lo que se decía. Pero veamos lo que la misma Tabla dice más adelante: 7. Había siete de ellos [los dioses malos]. Luego sigue la descripción de éstos, de los cuales el cuarto era una “serpiente” el símbolo fálico de la Cuarta Raza en la evolución humana. 15. Los siete eran mensajeros del Dios Anu, su rey. Ahora bien; Anu pertenece a la Trinidad caldea, y es idéntico a Sin, la “Luna”, en un aspecto. Y la Luna en la Kabalah hebrea es el Argha de la semilla de toda vida material, estando aún más estrechamente relacionada, kabalisticamente, con Jehovah, que tiene doble sexo, como Anu. En Esoterismo, están ambos representados y considerados como de aspecto dual: masculino o espiritual y femenino o material, o Espíritu y Materia, los dos principios antagónicos. De aquí que de los “Mensajeros de Anu”, el cual es Sin, la “Luna”, se dice en las líneas 28 a 41 que fueron finalmente vencidos por el mismo Sin con la ayuda de Bel, el Sol, y de Ishtar, Venus. Los asiriólogos consideran esto como una contradicción, pero es sencillamente metafísica en las doctrinas esotéricas. Existe más de una interpretación, porque hay siete claves para el misterio de la “Caída”. Además, en la Teología hay dos “Caídas”: la rebelión de los Arcángeles y su “Caída”, y la “Caída” de Adam y Eva. Así, tanto las jerarquías superiores como las inferiores son acusadas de un supuesto crimen. La palabra “supuesto” es el término verdadero y correcto, pues en ambos casos la acusación está fundada en un concepto erróneo. Ambas se consideran en el Ocultismo como efectos kármicos, y ambas pertenecen a la ley de Evolución: intelectual y espiritual de una parte, y física y psíquica de otra. La “Caída” es una alegoría universal. Representa en un extremo de la escala de la Evolución, la “rebelión”, esto es, la acción de la inteligencia diferenciándose, o la conciencia en sus diversos planos, buscando la unión con la materia; y en el otro, el extremo inferior, la rebelión de la Materia contra el Espíritu, o de la acción contra la inercia espiritual. Y aquí se encuentra el germen de un error que tan desastrosos efectos ha tenido en la inteligencia de las sociedades civilizadas durante 1.800 años. En la alegoría original, la Materia, y por tanto los Ángeles más materiales, es la que se consideraba como la vencedora del Espíritu, o Arcángeles que “cayeron” en este plano. Ellos, los de la espada flamígera [o pasiones animales] habían puesto en fuga a los Espíritus de las Tinieblas. Con todo, estos últimos fueron los que lucharon por la supremacía de la espiritualidad consciente y divina en la Tierra, y fueron vencidos, sucumbiendo al poder de la Materia. Pero en el dogma teológico vemos lo contrario. Miguel, “el que es semejante a Dios”, el representante de Jehovah, que es el Jefe de la Hueste Celeste –lo mismo que Lucifer, en la imaginación de Milton, lo es de la Hueste Infernal–, es el que vence a Satán. Es verdad que la naturaleza de Miguel depende de la de su Creador y Amo. Puede averiguarse quién es éste estudiando cuidadosamente la alegoría de la “Guerra en el Cielo”, con la clave astronómica. Como Bentley ha demostrado, la “Guerra de los Titanes contra los Dioses” en Hesiodo, y también la Guerra de los Asuras o el Târakâmaya, contra los Devas, en la leyenda Purânica, son idénticas en todo, excepto en los nombres. El aspecto de las estrellas muestra (Bentley toma el año 945 antes de Cristo como la fecha más próxima para semejante conjunción) que: Todos los planetas, excepto Saturno, estaban en el mismo lado del cielo que el Sol y la Luna. Y por tanto, eran sus oponentes. Sin embargo, Saturno, o el “Dios–Luna” judío, es el que se presenta como el que prevalece, tanto por Hesiodo como por Moisés; pero ninguno de los dos fue comprendido, y he aquí cómo fue desfigurado el verdadero significado.

ESTANCIA II (Continuación) 8. LAS LLAMAS VINIERON. LOS FUEGOS CON LAS CHISPAS; LOS FUEGOS DE LA NOCHE Y LOS FUEGOS DEL DÍA (a). ELLOS SECARON LAS AGUAS TURBIAS Y OBSCURAS. CON SU CALOR LAS AGOTARON. LOS LHAS139 DE LA ALTURA Y LOS LHAMAYIN140 DE ABAJO, VINIERON (b). HICIERON MORIR A LAS FORMAS DE DOS Y DE CUATRO CARAS. LUCHARON CON LOS HOMBRES–CABRÍOS, CON LOS HOMBRES DE CABEZA DE PERRO Y CON LOS HOMBRES CON CUERPOS DE PEZ.

a) Las “Llamas” son una Jerarquía de Espíritus paralela, si no idéntica a los “ardientes” ígneos Saraph (Serafines) mencionados por Isaías141, aquellos que, según la Teogonía hebrea, acompañan al “Trono del Todopoderoso”. Melha es el Señor de las “Llamas”. Cuando él aparece en la Tierra, asume la personalidad de un Buddha, dice una leyenda popular. Es uno de los Lhas más antiguos y venerados, un San Miguel Buddhista. b) La palabra “Abajo” no debe tomarse en el sentido de Regiones infernales, sino simplemente en un sentido espiritual o más bien etéreo, un Ser de grado inferior por estar más próximo a la Tierra, o un grado más elevado que nuestra Esfera Terrestre; al paso que los Lhas son Espíritus de las Esferas más elevadas, y de ahí proviene el nombre de la capital del Tíbet, Lha–ssa. Además de ser una declaración de naturaleza puramente física e inherente a la evolución de la vida sobre la Tierra, puede haber otro sentido alegórico en esta sloka, o más bien varios, según se enseña en efecto. Las LLAMAS o “Fuegos” representan el Espíritu o el elemento masculino y el “Agua”, la Materia o el elemento contrario. Y aquí vemos nuevamente, en la acción del Espíritu, destruyendo la forma puramente material, una referencia a la lucha eterna, en los planos físico y psíquico, entre el Espíritu y la Materia, además de ser un hecho cósmico científico, pues según se dice en el versículo que sigue: 9. EL AGUA MADRE, EL GRAN MAR, LLORÓ. ELLA SE LEVANTÓ, DESAPARECIÓ EN LA LUNA, QUE LA HABÍA ELEVADO, QUE LA HABÍA HECHO NACER. Ahora bien ; ¿cuál puede ser el sentido de esto? ¿No es una referencia evidente a la acción de las mareas en el tiempo primitivo de la historia de nuestro Planeta en su Cuarta Ronda? La investigación moderna se ha estado ocupando últimamente de especulaciones sobre las grandes mareas paleozoicas. La teoría de Mr. G. H. Darwin era que hace lo menos 52.000.000 de años –y probablemente mucho más– la Luna se originó de la masa plástica de la Tierra. Partiendo del punto donde llegaron las investigaciones de Helmholtz, Ferrel, Sir William Thomson y otros, siguió el curso del retardo de la marea, de los movimientos giratorios de la Tierra, hasta perderlo en lo más profundo de la noche de los tiempos, y colocó a la Luna, durante la infancia de nuestro Planeta, sólo a “una parte de la distancia actual”. En resumen, su teoría era que la Luna fue la que se separó de la Tierra. La elevación de la marea, concurriendo con la oscilación de la masa globular (la tendencia centrifuga siendo entonces casi igual a la gravedad); ésta fue vencida, y la masa elevada del flujo pudo separarse así completamente de la Tierra142. La enseñanza Ocultista es lo contrario de esto. La Luna es mucho más antigua que la Tierra; y, según se ha explicado en el volumen I, esta última es la que debe su ser a la primera, por más que la Astronomía y la Geología lo expliquen de otro modo. De aquí las mareas y la atracción hacia la Luna, como lo demuestra la parte líquida del Globo: siempre esforzándose por elevarse hacia su madre. Éste es el significado de la frase de que el Agua–Madre “se levantó, desapareció en la Luna, que la había elevado, que la había hecho nacer”. 10. CUANDO FUERON DESTRUIDOS LA TIERRA MADRE QUEDÓSE VACÍA PIDIÓ QUE LA SECARAN. El tiempo de la incrustación de la Tierra había llegado. Las aguas se habían separado, y el proceso se inició. Era el principio de una nueva vida. Esto es lo que nos descubre una clave. Otra clave enseña el origen del Agua, su mezcla con el Fuego –“Fuego líquido” como le llama– y entra en una descripción alquímica de la progenie de ambos: las materias sólidas, tales como minerales y tierras. De las “Aguas del Espacio”, la progenie del Espíritu–Fuego masculino y del Agua femenina (gaseosa) se ha convertido en la extensión oceánica de la Tierra. Varuna es arrastrado hacia abajo desde el Espacio infinito, para reinar como Neptuno sobre los mares finitos. Como siempre, se ve que la fantasía popular está basada en un fundamento estrictamente científico. El Agua es en todas partes el símbolo del Elemento femenino; Mater, de la cual viene la letra M, se deriva pictóricamente de , un jeroglífico del agua. Es la Matriz Universal del “Gran Océano”. Venus, la gran Madre–Virgen, surge de la ola del mar, y Cupido o Eros es un hijo. Pero Venus es la última variante mitológica de Gæa, Gaia, la Tierra, la cual, en su aspecto superior, es Prakriti, la Naturaleza, y metafísicamente Aditi, y hasta Mûlaprakriti, la Raíz de Prakriti, su nóumeno. Por tanto, Cupido o el Amor, en su primitivo sentido es Eros, la Voluntad Divina, o el Deseo de manifestarse por medio de la creación visible. De aquí que Fohat, el prototipo de Eros, se convierta en la Tierra en el Gran Poder de la “Electricidad Vital” o el Espíritu “Dador de Vida”. Recordemos la Teogonía Griega, y penetremos en el espíritu de su filosofía. Los griegos nos enseñan que todas las cosas, incluso los Dioses, deben su ser al Océano y a su esposa Tethys, siendo esta última Gæa, la Tierra o Naturaleza. ¿Pero quién es el Océano? El Océano es el Espacio inconmensurable –el Espíritu en el Caos– que es la Deidad; y Tethys no es la Tierra, sino la Materia Primordial en su proceso de formación. En nuestro caso no es ya Aditi–Gæa quien engendra a Urano o Varuna, el Âditya principal entre los siete Dioses Planetarios, sino Prakriti, materializado y localizado. La Luna, masculina en su carácter teogónico, es, en su aspecto cósmico solamente, el principio generador femenino, así como el Sol es el emblema masculino del mismo. El Agua es la Progenie de la Luna, una deidad andrógina en todas las naciones. La Evolución procede con arreglo a las leyes de analogía, lo mismo en el Kosmos que en la formación del Globo más pequeño. Así, lo de arriba, que se aplica al modus operandi en el tiempo cuando el Universo aparecía, se aplica también al caso de la formación de nuestra Tierra. La estancia que se está comentando principia hablando de treinta crores, 300.000.000 de años. Puede preguntársenos: ¿qué podían saber los antiguos acerca de la duración de los períodos geológicos, cuando ningún hombre científico o matemático moderno es capaz de calcular su duración ni siquiera con exactitud aproximada? Que dispusiesen o no de mejores medios para ello –y se sostiene que los tenían, como lo evidencian sus Zodíacos–, de todos modos se dará ahora la cronología de los antiguos brahmanes con toda la fidelidad que sea posible. No existe enigma mayor en la Ciencia; ningún problema se presenta tan desesperadamente insoluble como la cuestión: ¿Qué edad –siquiera sea aproximadamente– tienen el Sol y la Luna, la Tierra y el Hombre? ¿Qué sabe la Ciencia Moderna de la duración de las Edades del Mundo, o tan siquiera de la de los períodos geológicos? Nada; absolutamente nada. Si pedimos a la Ciencia informes cronológicos, se nos dice, por los que son de buena fe y veraces, como por ejemplo Mr. Pengelly, el eminente geólogo: “No sabemos nada”.146 Hasta el presente no ha podido hacerse ningún cálculo numérico digno de crédito acerca de la edad del Mundo y del Hombre, y tanto la Geología como la Antropología están a obscuras. Y, sin embargo, cuando un estudiante de la Filosofía Esotérica pretende presentar las enseñanzas de la Ciencia Oculta, nadie le hace caso. ¿Por qué esta conducta, cuando los hombres científicos más eminentes no han podido llegar ni aun siquiera a un acuerdo aproximado? Es verdad que no se debe culpar a la Ciencia por ello. Ciertamente que, en las profundas tinieblas de las edades prehistóricas, los exploradores se pierden en un laberinto, cuyos grandes corredores carecen de puertas, sin que dejen percibir salida alguna en el pasado arcaico. Perdidos en el embrollo de sus propias especulaciones contradictorias, rechazando, como siempre lo han hecho, el testimonio de la tradición oriental, sin clave alguna, sin un indicador que los guíe, ¿qué pueden hacer los geólogos o los antropólogos, más que recoger el delgado hilo de Ariadna cuando lo perciben, y continuar luego totalmente a la ventura? Por esto se nos dice, en primer lugar, que la fecha más remota a que alcanzan los anales documentales se considera generalmente por la Antropología sólo como “el primer punto claramente visible del período prehistórico”, según las palabras del autor del artículo en la Encyclopædia Britannica. Al mismo tiempo se confiesa que “más allá de ese período se extiende una vasta e indefinida serie de edades prehistóricas”. Precisamente por estas llamadas “edades” vamos a principiar. Son “prehistóricas” sólo para la simple visión de la Materia. Para la mirada de águila espiritual del Vidente y del Profeta de cada raza, el hilo de Ariadna se extiende más allá de este período “prehistórico”, sin interrupciones ni cortaduras, de un modo seguro y constante, en la noche misma del tiempo; y la mano que lo sostiene es demasiado poderosa para dejarlo caer o para que se le rompa. Existen anales, por más que sean rechazados como imaginarios por el profano; aunque, verdaderamente, muchos de ellos son aceptados tácitamente por filósofos y hombres de gran instrucción y sólo encuentran una negativa invariable en la corporación oficial colectiva de la Ciencia ortodoxa. Y puesto que esta última rehúsa darnos hasta una idea aproximada de la duración de las Edades geológicas –salvo en unas pocas hipótesis contradictorias–, veamos lo que la Filosofía Aria puede enseñarnos. Los cómputos que se dan en Manu y en los Purânas (excepto algunas exageraciones sin importancia y evidentemente intencionadas) son, como ya se ha dicho, idénticas a las que se enseñan en la Filosofía Esotérica. Esto puede verse comparando las dos en cualquier calendario indo de ortodoxia reconocida. El mejor y más completo de tales calendarios, en el presente, según atestiguan los brahmanes instruidos de la India del Sur, es el ya mencionado calendario tamil, llamado el Tirukkanda Panchanga, compilado, según se nos ha dicho de los fragmentos secretos de datos de Asuramaya, con los que está por completo de acuerdo. Así como se dice que Asuramaya ha sido el astrónomo más grande, se susurra también que ha sido el “Brujo” más poderoso de la “Isla Blanca, que se había tornado NEGRA por el pecado” esto es, de las islas Atlantes. La “Isla Blanca” es un nombre simbólico. Se dice que Asuramaya vivió, según la tradición del Jñânabhâskara, en Romaka–pura, en Occidente; porque el nombre es una alusión al país y cuna de los “Nacidos del Sudor” de la Tercera Raza. Ese país o continente había desaparecido edades antes de que Asuramaya viviese, puesto que él era un Atlante; pero él era un descendiente directo de la Raza Sabia, la Raza que nunca muere. Muchas son las leyendas concernientes a este héroe, el discípulo de Sûrya, el Dios–Sol mismo, según expresan los relatos indos. Importa poco que haya vivido en una u otra isla; la cuestión es probar que no fue un mito, como el Dr. Weber y otros han querido hacer creer. El hecho de que Romaka–pura, en Occidente, sea mencionada como la cuna de este héroe de las edades arcaicas, es tanto más interesante a causa de lo que sugiere acerca de la enseñanza esotérica sobre las Razas Nacidas del Sudor, los hombres nacidos de los “poros de sus padre? “ROMA–KÛPAS” significa los “poros del cabello” en sánscrito. En el Mahâbhârata 147 se dice que unas gentes llamadas Raumas fueron creadas de los poros de Vîrabhadra, el terrible gigante que destruyó el sacrificio de Daksha. Se mencionan también otras tribus y gentes nacidas del mismo modo En los tiempos antiguos existían “gigantes” buenos, así como hoy hay “pigmeos” malos; y los Râkshasas y Yakshas de Lankâ no son peores que nuestros modernos dinamiteros y que ciertos generales cristianos y civilizados, durante las guerras modernas. No son tampoco mitos. El que quiera reírse de Briareo o de Orión debe abstenerse de ir y hasta de hablar de Karnac o Stonehenge, observa en algún lado un escritor moderno. Como los números brahmánicos dados antes son aproximadamente los cómputos fundamentales de nuestro Sistema Esotérico, rogamos al lector que los conserve cuidadosamente en su memoria.

En Isis sin Velo hemos dicho lo que ahora repetimos: Estamos en el fondo de un ciclo y evidentemente en un estado de transición. Platón divide el progreso intelectual del Universo, durante cada Ciclo, en períodos fértiles y estériles. En las regiones sublunares, las esferas de los diversos elementos permanecen eternamente en perfecta armonía con la Naturaleza Divina, dice él, “pero sus partes”, debido a la mucha proximidad a la Tierra y a su mezcla con lo terrestre (que es Materia, y por tanto el reino del mal), “son algunas veces favorables, y otras contrarias a la Naturaleza (Divina)”. Cuando esas circulaciones –que Eliphas Levi llama “corrientes de la luz astral”– en el Éter universal, que contiene en sí mismo todos los elementos, se verifican en armonía con el Espíritu Divino, nuestra Tierra, y todo lo que pertenece a ella goza de un período fértil. Los poderes ocultos de las plantas, animales y minerales simpatizan mágicamente con las “naturalezas superiores”, y el Alma Divina del hombre se halla en perfecta inteligencia con estas “inferiores”. Pero durante los períodos estériles estas últimas pierden su simpatía mágica, y la vista espiritual de la mayoría de la Humanidad está tan obscurecida, que pierde toda noción de los poderes superiores de su propio Espíritu Divino. Nos hallamos en un período estéril; el siglo XVIII, durante el cual se ha desbordado tan irresistiblemente la fiebre maligna del escepticismo, ha transmitido el descreimiento como enfermedad hereditaria, en el siglo XIX. La inteligencia divina está velada en el hombre; sólo su cerebro animal “hace filosofía”. Y sólo filosofando, ¿cómo puede comprender la “Doctrina del Alma”? A fin de no romper el hilo de nuestra narración, daremos algunas pruebas sorprendentes de estas leyes cíclicas en la parte II del volumen IV, y mientras tanto proseguiremos con nuestras explicaciones de los Ciclos Geológicos y de Raza.

Por medio de Shukra “los dobles” [los hermafroditas] de la Tercera [Raza Raíz] descendieron del primer “Nacido del sudor”. Par lo tanto se le representaba con el símbolo [el círculo y el diámetro] durante la Tercera [Raza] y con , durante la Cuarta. Esto requiere una explicación. El diámetro, cuando se ve aislado en un círculo, representa la Naturaleza femenina; el primer mundo ideal, por sí mismo generado y por sí mismo impregnado del Espíritu de Vida universalmente difundido, y, por tanto, se refiere también a la Raza–Raíz primitiva. Se convierte en andrógino cuando las Razas, y todo lo demás en la Tierra, se desarrolla en sus formas físicas, transformándose el símbolo en un círculo con un diámetro del que parte una línea vertical, expresión de lo masculino y femenino, aún no separados, la primera y más antigua Tau egipcia ; después de lo cual se convierte en +, o masculino–femenino caído en la generación52. Venus (el Planeta) es simbolizado por el signo de un globo sobre una cruz, lo que muestra que preside sobre la generación natural del hombre. Los egipcios simbolizaban el Ankh, “la vida”, por la cruz ansata o , la cual es sólo otra forma de Venus (Isis), J, y significaba, esotéricamente, que la humanidad y toda la vida animal había salido del círculo espiritual divino y había caído en la generación física masculino–femenina. Este signo tiene, desde el fin de la Tercera Raza, el mismo significado fálico que el “Árbol de la Vida” en el Edén. Anouki, una forma de Isis, es la diosa de la Vida; y el Ankh fue tomado por los hebreos de los egipcios. Fue introducido en el lenguaje por Moisés, que estaba instruido en la Sabiduría de los sacerdotes de Egipto, con muchas otras palabras místicas: La palabra Ankh en hebreo, con el sufijo personal, significa “mi vida” –mi ser– que “es el pronombre personal Anochi”, derivado del nombre de la Diosa egipcia Anouki53. En uno de los catecismos más antiguos de la India del Sur, en la Presidencia de Madrás, la Diosa hermafrodita Ardhanâri54 tiene la cruz ansata, la Svastika, el “signo masculino y femenino”, precisamente en la parte central, para denotar el estado presexual de la Tercera Raza. Vishnu, representado ahora con un loto saliendo de su ombligo –o el Universo de Brahmâ naciendo del punto central, Nara– se muestra en uno de los más antiguos grabados como de doble sexo (Vishnu y Laksmî), de pie sobre una hoja de loto flotando en el agua, cuya agua se eleva en un semicírculo y fluye por la Svastika, “el origen de la generación”, o de la caída del hombre. Pitágoras llama a Shukra–Venus el Sol alter, el “otro Sol”. De los “siete Palacios del Sol”, el de Lucifer–Venus es el tercero en la Kabalah cristiana y judía, haciendo de él el Zohar la mansión de Samael. Según la Doctrina Oculta, este Planeta es el primario de nuestra Tierra y su prototipo espiritual. De aquí que el carro de Shukra (el de Venus–Lucifer) se diga que lo arrastra una Ogdoada de “caballos nacidos de la tierra”, mientras que los corceles de los carros de los otros Planetas son diferentes. Todo pecado que se comete en la Tierra lo siente Ushanas–Shlukra. El Guru de los Daityas es el Espíritu Guardián de la Tierra y de los Hombres. Todos los cambios que tienen lugar en Shukra se sienten y se reflejan en la Tierra. Shukra o Venus es, pues, presentada como el Preceptor de los Daityas, los gigantes de la Cuarta Raza, quienes, en la alegoría inda, obtuvieron una vez la soberanía de toda la Tierra y derrotaron a los Dioses menores. Los Titanes de la alegoría occidental están también tan estrechamente relacionados con Venus–Lucifer, que los cristianos posteriores los identificaron con Satán. Y como Venus, lo mismo que Isis, era representada con cuernos de vaca en la cabeza, el símbolo de la Naturaleza mística–que se podía convertir en el de la Luna y representarla, puesto que todas éstas eran Diosas lunares–, la configuración de este planeta se coloca actualmente por los teólogos entre los cuernos del Lucifer místico. Debido a la caprichosa interpretación Ateneo expone que la primera letra del nombre de Satán se representaba en los tiempos antiguos por un arco y un creciente, y algunos católicos romanos, hombres buenos y bondadosos, han pretendido persuadir al público de que los musulmanes han escogido la media luna para sus armas nacionales en honor de los cuernos en figura de media luna de Lucifer. Venus, desde el establecimiento del dogmatismo católico romano, ha sido identificado con Satán y Lucifer, o el Gran Dragón, en contra de toda razón y lógica. Según lo demuestran los simbologistas y astrónomos: “La asociación entre la serpiente y la idea de la obscuridad tenía un fundamento astronómico. La posesión que la constelación del Dragón ocupó en un tiempo muestra que la Gran Serpiente era la regente de la noche. Esta constelación se hallaba primeramente en el centro mismo de los cielos, y es tan extensa, que fue llamada el Gran Dragón. Su cuerpo se extiende sobre siete signos del Zodíaco; y Dupuis, que ve en el Dragón del Apocalipsis una referencia a la serpiente celestial, dice: “No es de extrañar que una constelación tan extensa fuese representada por el autor de ese libro como un gran dragón con siete cabezas, que arrancó la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó a la tierra”. (Staniland Wake, The Great Pyramid, pág. 79; Dupuis, III, 255). Sólo que Dupuis no supo nunca por qué el Dragón, que tuvo una vez la estrella polar –el símbolo del Guía, Guru y Director–, había sido de este modo degradado por la posteridad. “Los Dioses de nuestros padres son nuestros demonios”, dice un proverbio asiático. Cuando el Dragón cesó de ser “la estrella filón”, la divinidad sideral guiadora participó del destino de todos los dioses caídos. Seth y Tifon fueron en un tiempo, nos dice Bunsen, “un gran Dios universalmente adorado en todo el Egipto, que confería a os reyes de las Dinastías décimoctava y décimonona, los símbolos de la vida y del poder. Pero luego, en el curso de la vigésima Dinastía, se le trató de pronto como un Demonio malo, y tan es así, que sus efigies y nombre fueron borrados de todos los monumentos e inscripciones que pudieron ser alcanzados”. La razón verdadera Oculta se dará en estas páginas.

El siete parece haber sido el número sagrado por excelencia entre las naciones civilizadas de la antigüedad. ¿Por qué? Esta pregunta jamás ha sido contestada satisfactoriamente. Cada pueblo, por separado, ha dado una explicación distinta con arreglo a las doctrinas peculiares de su religión [exotérica]. Que él era el número de los números para los iniciados en los misterios sagrados, no cabe la menor duda. Pitágoras… lo llama el “Vehículo de la vida”, conteniendo cuerpo y alma, puesto que está formado de un Cuaternario, esto es, Sabiduría e intelecto, y de una Trinidad, o acción y materia. El emperador Juliano, en Matrem y en Oratio 64, se expresa como sigue: “Si yo tocara a los sagrados misterios de nuestra Iniciación, que los Caldeos baquizaron con respecto al dios de siete rayos, iluminando el alma por su medio, diría cosas desconocidas de la plebe, muy desconocidas, pero bien sabidas por los benditos Teurgistas”.

La explicación de ello se hace evidente cuando se examinan los símbolos antiguos: todos ellos están basados y provienen de las cifras que se han dado, tomadas del Manuscrito Arcaico, en el Proemio del volumen I. , el símbolo de la evolución y de la caída en la generación o Materia, se ve en las antiguas esculturas y pinturas mexicanas, lo mismo que en el Sephiroth kabalístico y en la Tau egipcia. Examínense los manuscritos mexicanos (Add MSS. Museo Británico, 9789)67, y se le verá en un árbol cuyo tronco está cubierto con diez frutos que van a ser cogidos por un hombre y una mujer que se hallan a cada lado del mismo, mientras que del extremo superior salen dos ramas horizontales a la derecha y a la izquierda, formando así una perfecta T (Tau); además, los extremos de ambas ramas sostienen dos racimos, y un ave –el ave de la inmortalidad, Âtmâ o el Espíritu Divino– posada entre las dos, haciendo así el séptimo. Esto representa la misma idea que el Árbol Sephirotal, diez en junto, pero sin embargo, dejando sólo siete al separarlo de su tríada superior. Éstos son los frutos celestiales, los diez o , 10, producidos por las dos semillas invisibles masculina y femenina, haciendo el número 12,0 el Dodecaedro del Universo. El sistema místico contiene el el punto central; el 3 o ; el 5, r ; y el 7 o ; o también , el triángulo en el cuadrado y el punto sintetizador en los dos triángulos entrelazados. (Esto para el mundo de los arquetipos). El mundo fenomenal culmina y recibe el reflejo de todo, en el HOMBRE. Por tanto, él es el cuadrado –en su aspecto metafísico–, la Tetraktys; y se convierte en el Cubo en el plano creativo. Su símbolo es el cubo desarrollado68, y el 6 convirtiéndose en 7 o la , 3 horizontalmente (el femenino) y 4 verticalmente; y éste es el hombre, la meta de la deidad en la tierra, cuyo cuerpo es la cruz de carne, sobre la cual, por medio de la cual y en la cual está siempre crucificado y haciendo morir al Logos divino, o su YO SUPREMO. Todas las Cosmogonías y Filosofías dicen: El Universo tiene un Soberano [Soberanos colectivamente] sobre él, que se llama el VERBO (Logos); el Espíritu constructor es su Reino; y los dos son el Primer Poder después del UNO. Éstos son el Espíritu y la Naturaleza, que entre los dos forman nuestro Universo Ilusorio. Los dos permanecen inseparables en el Universo de las Ideas mientras él dura, y luego vuelven a sumergirse en Parabrahman, lo Uno siempre inmutable. “El Espíritu, cuya esencia es eterna, una y existente por sí misma”, emana una Luz pura etérea –una luz doble imperceptible para los sentidos elementarios– según los Purânas, la Biblia, el Sephe Yetzirah, los Himnos griegos y latinos, el Libro de Hermes, el Libro de los Números caldeo, el Esoterismo de Lao–tse, y todos los demás. En la Kabalah, que explica el sentido secreto del Génesis, esta Luz es el HOMBRE–DUAL, o los Ángeles Andróginos (mejor dicho, sin sexo), cuyo nombre genérico es ADAM KADMON. Ellos son los que completan al hombre, cuya forma etérea es emanada por otros Seres divinos, bien que mucho más inferiores, quienes solidifican el cuerpo con barro o “polvo del suelo” –una alegoría verdaderamente, pero tan científica como cualquier evolución darwinista y más verdadera. El autor de Source of Measures dice que el fundamento de la Kabalah y de todos sus libros místicos se apoya en los diez Sephiroth; lo cual es una verdad fundamental. Él muestra a estos Diez Sephiroth o los 10 Números.

Ahora bien: hay tres clases de Luz en Ocultismo, lo mismo que en la Kabalah: 1ª La luz Abstracta y Absoluta, que es Tinieblas; 2ª La Luz de lo Inmanifestado–Manifestado, llamado por algunos el Logos; y 3ª Esta última Luz reflejada en los Dhyân Chohans. los Logos menores –los Elohim colectivamente–, quienes, a su vez, la derraman sobre el Universo objetivo. Pero en la Kabalah –reeditada y cuidadosamente arreglada para ajustarse a las doctrinas cristianas por los kabalistas del siglo XIII–, las tres Luces se describen como: 1ª La clara y penetrante, la de Jehovah; 2ª La luz reflejada; y 3ª La luz en lo abstracto. Esta Luz, tomada abstractamente (en sentido metafísico o simbólico), es Alhim (Elohim, Dios), mientras que la Luz clara y penetrante es Jehovah. La luz de Alhim pertenece al mundo en general, en su totalidad y general plenitud, pero la luz de Jehovah es la que pertenece a la producción más principal, el hombre, a quien esta luz penetró e hizo El autor de Source of Measures envía muy pertinentemente el lector a Ancient Faiths Embodied in Ancient Nantes, de Inman, II, 648. Hay allí un grabado de La vesica piscis, María, y el emblema femenino, copiado de un Rosario de la bendita Virgen María, que fue impreso en Venecia, 1542. y, por lo tanto, como observa Inman, “con licencia de la Inquisición, y por consiguiente, ortodoxo”, que demostrará al lector lo que la Iglesia Latina entendía por este “poder penetrante de la luz y sus efectos”. ¡Cuán tristemente desnaturalizadas han sido bajo la interpretación cristiana –aplicadas, como lo han hecho, a los más groseros conceptos antropomórficos– las ideas más nobles y más grandes, así como las más exaltadas de la Deidad de la Filosofía Oriental! Los Ocultistas en el Oriente llaman a esta Luz Daiviprakriti, y en Occidente la Luz de Christos. Es la Luz del LOGOS, el reflejo directo de lo siempre Incognoscible en el plano de la Manifestación Universal. Pero he aquí la interpretación de la misma que dan los cristianos modernos, de la Kabalah. Según declara el autor antes citado: El término Elohim–Jehovah se aplica al mundo en general en su totalidad, con su principal contenido, el hombre. En sus extractos del Sohar, el Rey, Dr. Cassell [un Kabalista], para probar que la Cabbalall expone la doctrina de la Trinidad, dice entre otras cosas: “Jehovah es Elohim (Alhim)”… Por tres pasos Dios (Alhim) y Jehovah se convierten en lo mismo, y aunque separados, cada uno por sí y juntos son del mismo UNO.

Este escrito esta sacado de párrafos al azar del libro de la Gran Madan Blavastky. La doctrina secreta Tomo III, recomiendo al lector leer el libro y si unirlo al libro de Gregg Braden , La curación espontánea de las creencias. Magníficos chamanes y “físicos” brillantes sin duda.

Vuestra en la Santa Ciencia Ana Suero Sanz

– Artículo*: Filosofía Oculta –

Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL

*No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados

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