Acerca de los Nafs

Islam

Sufismo

Muzaffer Ozak al-Yerrahi o Muzaffer Efendi

El yo inferior y el alma divina

¡Oh buscador de la Verdad y la Realidad, deseoso de encontrar la aprobación divina, amante que aspiras a la belleza eterna de la Verdad de Dios!

Debes saber sin lugar a duda que en el cuerpo humano se encuentran dos grandes fuerzas. Ambas quisieran declararse regentes y dueñas del reino físico y de todo el ser.

Una de estas fuerzas es el yo inferior, la otra, el alma divina. Satán es asistente del yo inferior, mientras que al alma divina la asiste Dios Todo Misericordioso; quien logra someter al yo inferior y a Satán, es superior a los ángeles.

Y honramos a los hijos de Adán. (C. 17:70)

Una persona en la que el yo inferior y Satán controlan al alma divina y a la razón vivirá en este mundo como un animal, o caerá incluso más bajo que el nivel animal desde el punto de vista del error y la maldad.

Son como ganado, no, aún más desviados. (C.7:79)

Cuando el yo inferior ejerce el control, la razón se convierte en su esclava, hasta que finalmente deja de merecer el nombre de razón. Aquel que comete toda clase de perversidades de las que ni las bestias serían capaces, se aleja de la Verdad, y enfrenta el desastre en este mundo y el tormento en el Más Allá. Si alguien puede lograr reformar su yo inferior, colocándolo bajo el control del alma divina y el intelecto universal, obtendrá la auténtica libertad en este mundo transitorio. Pero si sucede lo contrario, la persona será para siempre esclava del yo inferior.
La fuerza llamada yo inferior tiene siete niveles. Los buscadores de la Verdad que desean transformar su yo inferior para alcanzar el nivel del Ser Humano Perfecto (al-Insan al-Kamil) proceden por medio de :
La Ley Sagrada (shári’a), el camino místico (táriqa), la experiencia real (jáqiqa), la gnósis (márifa), la cardinalidad (qutbíia), la proximidad (qurbíia) y la calidad de siervo (ubudíia).
Sus corazones y mentes alcanzan la paz en este mundo, mientras que en el Más Allá, entran al Paraíso de las Acciones, el Paraíso de los Atributos, y el Paraíso de la Esencia, para ser reyes eternamente y obtener el perdón divino. Para poder alcanzar la bendición eterna y transformar el yo inferior, uno debe mantenerse firme y no soltar la cuerda salvavidas de Al-láh, el sagrado Corán, seguir la conducta ejemplar del Bienamado de la Verdad, el noble Mujámmad Mustafá —Al-láh lo bendiga y le dé paz— y andar el camino de los verdaderos santos que son los siervos amados de Al-láh el Todo Glorioso.
Con la limitada razón que nos ha sido dada, es imposible para nosotros conocer y encontrar al Exaltado Señor. Podemos imaginar que lo hemos encontrado, pero entonces el dios que conocemos es nuestra propia ilusión. Para conocer y encontrar a Al-láh, Exaltado sea, y estar en la Verdad, debemos seguir el sagrado Corán, que es nuestro más preciado regalo de la Verdad Divina; debemos obtener Su aprobación aceptándolo como Él se da a conocer en Su libro sagrado; debemos entrar al Paraíso y contemplar Su belleza.
Los caminos de Al-láh son tan numerosos como las respiraciones de todas Sus creaturas. Sin embargo, no es posible alcanzar la unión con Al-láh, Exaltado sea, sin pasar por la puerta de Mujámmad, Su Bienamado, y beber el vino del amor de la mano del Amigo Íntimo de Al-láh.
¡Oh buscador de la Verdad! Hemos dicho que el yo inferior tiene siete niveles, ahora vamos a explicarlos para que quien busca la Verdad pueda evaluar su nivel de logro, y con este entendimiento, evite el ser rebajado en el mundo eterno, y alejarse de la Verdad.

Los siete grados del yo

• El yo dominante (al-nafs al-ammara): Caracteriza a los incrédulos y disolutos.
• El yo censor (al-nafs al-lawwama): Caracteriza a los que no se arrepienten.
• El yo inspirador (al-nafs al-muljhima): Caracteriza a los estudiosos.
• El yo tranquilo (al-nafs al-mutmainna): Caracteriza a aquellos que practican sinceramente lo que saben.
• El yo contento (al-nafs al-radiyya): Caracteriza a los Amigos de Al-láh.
• El yo complaciente (al-nafs al-mardiyya): Caracteriza a los Íntimos de Al-láh.
• El yo puro (al-nafs al-safiyya): El yo o estación de los nobles Profetas y reverenciados Mensajeros.

EL YO DOMINADOR

Wa-ma ubarriu nafsi inna-n-nafsa la-ammaratun bi-s-sui.
Y no estoy libre de culpa ciertamente el alma se inclina al mal. (C.12:53)

El yo dominador se empeña en alejarnos de lo bueno, y de realizar la Verdad. Mientras estamos bajo su control, nos desvía constantemente hacia la negatividad, haciéndonos errar. Conduce el corazón y el alma de su víctima a la más degradante disipasión. El yo dominador es el yo natural de los no creyentes, tiranos, hipócritas, y descarriados de todo tipo. Es el yo de la negatividad, y de quienes cometen las siguientes transgresiones:
• Sostener que Al-láh no es el único Dios, que existen dioses aparte de Al-láh (shirk).
• Negarse a reconocer y aceptar la religión del Islám (kufr).
• Ignorar a Al-láh el Altísimo.
• No prestar atención a Al-láh, Su Mensajero, Su Libro, los ángeles, la muerte, la tumba, el Más Allá, la Resurrección, la Balanza, el Recuento, el Paraíso y el Infierno. No temer al castigo ni a la recompensa; imaginar que las ganancias mundanas pueden durar para siempre (qafla).
• Persistir en la perpetración irrestricta de errores mayores, como el asesinato, el consumo de alcohol, actividades sexuales ilícitas, la explotación de los huérfanos, dar falso testimonio o extender rumores maliciosos.
• Ser arrogante y tener una actitud condescendiente hacia la demás gente; negarse a aceptar lo que otros dicen aun cuando sea verdad.
• Ser avaro, codicioso e insaciable.
• Ser miserable y mezquino, sin dar nada a uno mismo ni a los demás.
• Entregarse al libertinaje, sin detenerse ante nada para satisfacer los apetitos carnales, sin respetar el honor ni la virtud.
• Ser propenso al enojo, con o sin causa.
• Ser envidioso, deseando ver a otros privados de su buena fortuna.
• Guardar rencor, conservando sentimientos de malicia, pesar o deseo de venganza.

Quienes transgreden en tales formas, aun si se adhieren al Islám externamente, su destino es el Infierno. En el niver del yo dominador, son igual que los no creyentes. Si declaran lícita cualquiera de las transgresiones que hemos mencionado, se apartan de la religión del Islám. Pero si reconocen sus errores, siguen siendo musulmanes, aunque impíos. Hay que temer el fin de tal gente. Se distinguen de los incrédulos en un solo punto, en que profesan la Unidad Divina.
Quien comete dichas transgresiones desagradables para Al-láh y Su Mensajero, que los Amigos de Dios detestan, y han sido declaradas ilícitas por unanimidad entre los hombres de conocimiento, y considerados horribles por los ángeles y amantes de la Verdad, pertenece a la estación del yo dominador. Si se arrepienten y llevan a cabo acciones positivas, si son firmes, sinceros y constantes en su arrepentimiento, entonces Al-láh el Altísimo los libera de la conducta transgresora. En verdad, la continua Afirmación de la Unidad es el único remedio, curación y salvación de la aflicción del yo dominador. Lá ilájha il-Al-láh, No hay otro Dios más que Al-láh.
Esta afirmación, acompañada de la súplica contrita y doliente del perdón de Dios, traerá la salvación en un breve lapso de tiempo.

EL YO CENSOR

Wa-la uqsimu bi-n-nafsi-l-lawwamah.
Y llamo para que sea testigo al espíritu de autoreproche (evita el mal). (C.75:2)

El yo censor es en ocasiones iluminado espiritualmente. Puede ser obediente a Al-láh, el Mensajero, el Libro y la fuerza del alma divina. Puede rebelarse a veces, pero después lo lamenta. Entonces se pregunta a sí mismo, reprochándose, “¿Por qué abandoné mi arrepentimiento y desobedecí a mi Señor?” Este yo es inherente a aquellos creyentes que experimentan un sentimiento de culpa cuando yerran, y que se reprochan sus caídas.
Éstos son los nueve atributos del yo censor:

• Orgullo santurrón: una actitud condescendiente y farisaica.
• Disipación: una actitud flagrantemente indebida.
• Ignorancia: poco conocimiento de la Verdad.
• Somnolencia: una tendencia a dormir demasiado.
• Glotonería: comer y beber en exceso.
• Avaricia: deseo de poseer cualquier cosa en se posa su ávido ojo.
• Falta de caridad: una conducta cruel y despiadada hacia sus semejantes.
• Fatuidad: amor extravagante por las ropas.
• Pláticas ociosas: tendencia a pasar el tiempo en conversaciones frívolas.

Para librarse en estos nueve vicios, es necesario arrepentirse y ejercitar el autocontrol. Si se falla en hacer esto, esta vida sólo puede resultar en llanto inútil y en lamentaciones en el Más Allá.
Según algunos santos, los cuatro atributos del yo censor son: la insentatez, el disimulo, el orgullo santurrón y el libertinaje. Consideran que este yo es muy cercano al yo dominador e igualmente peligroso para nuestro bienestar espiritual.
Para quienes aflige el yo censor el remedio es el nombre de la Majestad: Al-láh.
Por lo tanto, la repetición del nombre divino Al-láh será su práctica y lo recordarán sin cesar.

EL YO INSPIRADOR

Fa-alhamaha fururaha wa-taqwaha.
Y Él le imprimió al yo un sentido del error y la piedad. (C.1:9)

El yo inspirador tiene un carácter bendito porque la Verdad Divina concede el conocimiento a aquellos que lo alcanzan. Este yo es inherente a los estudiosos entre los creyentes. Son ocho las propiedades del yo inspirador:

• Conociemiento
• Humildad
• Arrepentimiento
• Paciencia
• Gratitud
• Generosidad
• Contentamiento; y
• Fortaleza (perseverancia ante las adversidades).

Cuando una persona combina todas estas cualidades, el Señor empapa su corazón en el conocimiento, enseñándole cosas que nunca conoció. Quien ha alcanzado esta etapa debe luchar para trascenderla, de lo contrario será culpable de insinceridad al fallar en actua sobre el conocimiento que se ha recibido. ¡Oh Señor, concédeme el actuar con base en la sinceridad!
La invocación asociada con el yo inspirador es el pronombre divino Jhú: Ia Jhú ¡Oh Esencia!

EL YO TRANQUILO

Quienes alcanzan este nivel son librados de su naturaleza inferior y se convierten en creaturas favorecidas, destinadas al Paraíso. Por eso, bendita sea la cualidad de este yo que por la buena gracia de Al-láh, el Exaltado, el corazón es colmado de luz divina. Su dueño olvida todos los atributos que desagradan a Dios y comienza a poseer un carácter digno de ser alabado. El yo tranquilo es inherente a los creyentes estudiosos que practican lo que saben con absoluta sinceridad.
Estos son los siete atributos de quienes alcanzan este yo:

• Acción basada en la sinceridad
• Completa confianza en el Señor
• Alegría pura
• Austeridades
• Adoración
• Gratitud; y
• Contento

Con la graciosa ayuda de Al-láh el Todopoderoso, aun este nivel puede ser trascendido. La clave reside en la inquebrantable sinceridad en todas las acciones.
Uno puede ser clavado al más alto nivel del yo contento por la invocación constante del nombre divino de la Verdad: Jhaq.

EL YO CONTENTO

Irji ila rabbiki radiyatan
Regresa a tu Señor, contento. (C. 89:28)

Al-láh el Todo Glorioso se complace en aquellos que alcanzan el nivel del yo contento, inherente a Sus Amigos Íntimos, los santos. Estas siete cualidades se manifiestan en los Santos de Al-láh que alcanzan el estadio del yo contento:

• Sinceridad
• Renunciación
• Remembranza
• Abstinencia
• Restricción
• Poderes milagrosos; y
• Austeridad.

El noble nombre que se invoca en esta estación es Jhai: El Viviente. No es posible llegar a esta estación por el propio esfuerzo, sino tan sólo por el agraciado favor de la Verdad Divina.

EL YO COMPLACIENTE

Irji ila rabbiki radiyatan mardiya.
Retorna a tu Señor complacido, complaciente con Él. (89:28)

En el sexto nivel, el yo no sólo está contento con Al-láh sino que también Lo complace a Él. ¿Puede imaginarse el noble valor que un siervo posee ante Al-láh, cuando la Verdad y su siervo se agradan mutuamente? Quienes alcanzan este grado se convierten en íntimos amigos de Al-láh y tienen acceso a los secretos divinos.
Los seis atributos del yo complaciente:

• Renunciación a todo salvo a Al-láh
• Amor hacia las creaturas de Al-láh
• Cercanía con Al-láh
• Contemplación de la obra de Al-láh
• Contentamiento con el destino asignado por Al-láh; y
• Conocimiento íntimo y verdadero de Al-láh el Exaltado, como Él merece ser conocido.

Con la ayuda de Al-láh, aquellos que tienen estas seis cualidades realmente perfeccionadas pueden elevarse al nivel del yo puro, en donde comulgan con la Verdad en cada respiración, y obtienen acceso a la presencia misma de Al-láh. ¡Oh Señor, por Tu generosidad y gracia, llévanos también a esta estación en honor de Tu glorioso nombre y en honor de Tu Profeta!
El nombre invocado en este nivel es Ia Qaiúm: ¡Oh Autosuficiente!

EL YO PURO

El séptimo nivel se llama también el yo perfecto o el yo justo. El yo puro es un nivel tan exaltado que aunque la Verdad no está confinada al espacio, se dice que es “la Estación del Misterio entre la Esencia y el siervo”. La naturaleza y el carácter de esta estación son tan profundamente secretos que sería trivial tratar de describirlo. Quien no ls experimente no puede conocerla, y los que la han experimentado no pueden decirlo, porque es la estación de “Dos arcos de distancia”, la estación de los santos Profetas y Mensajeros.
Las seis propiedades del yo puro son:

• Unicidad Divina
• Esencia
• Alabanza
• Cualidades Divinas
• Consumación; y
• Deleite Supremo.

¡Oh Al-láh, concédenos que podamos experimentar los misterios de esta estación! Amén, en honor de la sangre de Juseín.
El nombre invocado por el alma pura es el noble nombre de Qahhar: El Triunfante.

– Artículo*: Tradición Perenne –

Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL

*No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados

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