¿Qué es la doctrina social de la Iglesia?

Se habla mucho de una doctrina social cristiana. ¿Cuáles son sus principios? ¿Está más cerca del liberalismo o del comunismo? ¿En qué principios se basa?

1. La función de la doctrina social es el anuncio de una visión global del hombre y de la humanidad y la denuncia del pecado de injusticia y de violencia que de varios modos atraviesa la sociedad (cf. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 81).

Por tanto, no es una ideología, ni se confunde con las varias doctrinas políticas construidas por el hombre. Ella podrá encontrar puntos de concordancia con las diversas ideologías y doctrinas políticas cuando éstas buscan la verdad y la construcción del bien común, pero también las denunciará siempre que se alejen de estos ideales.

La doctrina social de la Iglesia “se sitúa en el cruce de la vida y de la conciencia cristiana con las situaciones del mundo y se manifiesta en los esfuerzos que realizan los individuos, las familias, cooperadores culturales y sociales, políticos y hombres de Estado, para darles forma y aplicación en la historia” (Juan Pablo II, Carta encicl. Centessimus annus, 59).

Ella busca el desarrollo humano integral, que es “desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres” (Pablo VI, Carta encicl. Populorum Progressio, 42; Benedicto XVI, Carta encicl. Caritas in veritate, 8).

Fuentes / referencias:
Catecismo de la Iglesia Católica
Pablo VI, Populorum progressio, 1967
Benedicto XVI, Caritas in veritate, 2009

2. Al anunciar el Evangelio a la sociedad en su ordenamiento político, económico, jurídico y cultural, la Iglesia quiere actualizar en el curso de la historia el mensaje de Jesucristo. Ella busca colaborar en la construcción del bien común, iluminando las relaciones sociales con la luz del Evangelio.

La expresión “doctrina social” se remonta a Pío XI (Carta encicl. Quadragesimo anno, 1931). Designa el corpus doctrinal referente a la sociedad desarrollado en la Iglesia a partir de la encíclica Rerum novarum (1891), de León XIII.

En 2004, se publicó el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, organizado por el Consejo Pontificio Justicia y Paz, que presenta de forma sistemática el contenido de la doctrina social de la Iglesia producido hasta ese momento. A partir de ahí, éste se convirtió en el documento de referencia obligatorio para quien desea profundizar en este campo.

Considerado el primer gran documento de la doctrina social de la Iglesia, la Rerum novarum aborda la cuestión obrera a finales del siglo XIX. León XIII denuncia la penosa situación de los trabajadores de las fábricas, afligidos por la miseria, en un contexto profundamente transformado por la revolución industrial. Tras la Rerum novarum, aparecerán diversas encíclicas y mensajes referentes a los problemas sociales.

Con su doctrina social, la Iglesia no quiere imponerse a la sociedad, sino proporcionar criterios de discernimiento para la orientación y formación de las conciencias. En esta perspectiva, la doctrina social cumple una función de anuncio de una visión global del hombre y de la humanidad, y también de denuncia del pecado de injusticia y de violencia que de diversos modos atraviesa la sociedad (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia – CDSI –, 81). No entra en aspectos técnicos, ni se presenta como una tercera vía para sustituir sistemas políticos o económicos.

Su propósito es religioso, siendo materia del campo de la teología moral. Su finalidad es interpretar las realidades de la existencia del hombre, examinando su conformidad con las líneas de enseñanza del Evangelio. Es una doctrina dirigida en especial a cada cristiano que asume responsabilidades sociales, para que actúe con justicia y caridad. O sea, se dirige a orientar el comportamiento cristiano.

Por eso, la doctrina social implica “responsabilidades referentes a la construcción, la organización y el funcionamiento de la sociedad: obligaciones políticas, económicas, administrativas, es decir, de naturaleza secular, que pertenecen a los fieles laicos, no a los sacerdotes y a los religiosos” (CDSI, 83).

Los derechos humanos, el bien común, la vida social, el desarrollo, la justicia, la familia, el trabajo, la economía, la política, la comunidad internacional, el medio ambiente, la paz. Todos esos son campos sobre los cuales la Iglesia dirige su reflexión en el contexto de la doctrina social.

Fuentes / referencias:
Juan Pablo II, Redemptor hominis, 1979
Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, 1987
Pío XI, Quadragesimo anno, 1931
1. Concilio Vaticano II, Gaudium et spes (1965)

3. Todo hombre es un ser abierto a la relación con los otros en la sociedad. Para asegurar su bien personal y familiar, cada persona está llamada a realizarse plenamente, promoviendo el desarrollo y el bien de la propia sociedad. Así, la persona es el centro de la enseñanza social católica.��

Cualquier contenido de la doctrina social encuentra su fundamento en la dignidad de la persona humana. Otros principios básicos de la enseñanza social son: el bien común, la subsidiariedad y la solidaridad.

– Dignidad de la persona humana
La Iglesia no piensa en primer lugar en el Estado, en el partido o en el grupo étnico. Piensa en la persona como ser único e irrepetible, creado a imagen de Dios. Una sociedad solo será justa si sabe respetar la dignidad de cada persona. Por tanto, el orden social y el progreso deben ordenarse según el bien de las personas, pues la organización de las cosas debe ordenarse a las personas y no al contrario (Gaudium et spes, 26).

El respeto a la dignidad humana pasa necesariamente por considerar al prójimo como otro yo, sin exceptuar a nadie. La vida del otro debe ser tomada en consideración, así como los medios necesarios para mantenerla dignamente. Así, el contenido de la doctrina social es universal, pues considera la dignidad de cada persona como inalienable, única y necesaria para construir el bien de todos.

– Bien común
El bien común es “ el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección” (GS, 26). no consiste en la simple suma de los bienes particulares de cada sujeto. Es indivisible porque sólo juntos es posible alcanzarlo, acrecentarlo y custodiarlo (CDSI, 164).

Para ponerse auténticamente al servicio del ser humano, la sociedad debe poner como meta el bien común, en cuanto que bien de todos los hombres y de todo hombre (CIC, 1912).

El bien común se refiere, por ejemplo, a servicios esenciales al ser humano: acceso a la alimentación, vivienda, trabajo, educación, cultura, transporte, salud, información, libertad. Implica también el compromiso por la paz, la organización de los poderes del Estado, un sólido ordenamiento jurídico, la protección del medio ambiente.

– Subsidiariedad
El principio de la subsidiariedad indica que, en la sociedad, las instituciones y organismos de orden superior tienen que ponerse en actitud de ayuda (‘subsidium’) – y, por tanto, de apoyo, promoción e incremento – en relación a los inferiores (CDSI, 186).

Por nivel superior se entiende las que son más generales (por ejemplo, el gobierno central en relación a los gobiernos regionales, y éstos en relación a los municipales) y los organismos estatales en relación a las organizaciones no-gubernamentales.

Es importante notar que el principio de la subsidiariedad invierte la lógica de los gobiernos muy centralistas y asistencialistas. Según estos gobiernos, el Estado debe organizar y controlar los servicios sociales y las organizaciones no gubernamentales le ayudan poco en esta tarea.

Para el principio de subsidiariedad, las personas, cuando se organizan, deben procurar, a partir de su historia, de sus valores y principios, las mejores soluciones para sus problemas y el Estado debe ayudarlas a poner en marcha estas soluciones buscando el bien común.

El objetivo fundamental de este principio es garantizar el protagonismo de la persona en su vida personal y social. Él protege a las personas de los abusos de las instancias sociales superiores – por ejemplo, del Estado – y solicita que las instancias superiores ayuden a los individuos y grupos intermediarios a desempeñar sus propias funciones (CDSI, 187).

La subsidiariedad no busca formas de centralización, de burocratización, de asistencialismo, de presencia injustificada y excesiva del Estado y del aparato público, pues considera que quitar la responsabilidad a la sociedad provoca pérdida de energías humanas y el aumento exagerado del sector estatal.

De forma positiva, indica la necesidad de apoyar a las personas, familias, asociaciones, iniciativas privadas, promoviendo “una adecuada responsabilización del ciudadano en su ‘ser parte’ activa de la realidad política y social del País” (CDSI 187).

– Solidaridad
La solidaridad no es un simple sentimiento de compasión por los males sufridos por tantas personas próximas o distantes. Es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien de todos y de cada uno, porque “todos nosotros somos verdaderamente responsables hacia todos” (Sollicitudo rei socialis, 38).

La solidaridad se presenta bajo dos aspectos complementarios: el de principio social – ordenador de las instituciones – y el de virtud moral – responsabilidad personal con el prójimo (CDSI, 193).

La solidaridad se manifiesta ante todo en la distribución de los bienes y en la remuneración del trabajo. La enseñanza social católica defiende que los problemas socioeconómicos “solo pueden ser resueltos con el auxilio de la solidaridad: solidaridad de los pobres entre sí, entre los ricos y los pobres, de los trabajadores entre sí, entre los empresarios y los empleados en la empresa, solidaridad entre las naciones y entre los pueblos” (CIC, 1940).

– La integración entre subsidiariedad y solidaridad.
En la aplicación de la doctrina social de la Iglesia, los principios de la subsidiaridad y la solidaridad deben ser siempre vistos y aplicados en conjunto, pues “el principio de subsidiaridad debe mantenerse íntimamente unido al principio de la solidaridad y viceversa, porque así como la subsidiaridad sin la solidaridad desemboca en el particularismo social, también es cierto que la solidaridad sin la subsidiaridad acabaría en el asistencialismo que humilla al necesitado” (Benedicto XVI, Carta encicl. Caritas in veritate, 58).

Fuentes / referencias:
Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia
Benedicto XVI, Caritas in veritate (2009)

4. La enseñanza social católica tiene el valor de ser un instrumento de evangelización. Anuncia y actualiza el mensaje de Jesucristo en campos fundamentales de la vida del hombre.

Grandes temas de la doctrina social son: la familia, el trabajo, la vida económica, la política, la comunidad internacional, la protección del medio ambiente y la promoción de la paz.

– Familia
La Iglesia considera la familia “como la primera sociedad natural, titular de derechos propios y originarios, y la coloca en el centro de la vida social”. Ella es “la célula primera y vital de la sociedad”, fundamento de la vida de las personas y base de todo ordenamiento social (CDSI, 211).

La familia tiene su fundamento en la libre voluntad de los cónyuges de unirse en matrimonio, Es un ambiente de vida, de donación recíproca del hombre y de la mujer, y de bien para los niños. Es la comunidad natural en la que se experimenta la sociabilidad humana. Contribuye “de modo único e insustituible al bien de la sociedad” (CDSI, 213).

– Trabajo
El trabajo humano tiene una doble dimensión. En sentido objetivo, es “el conjunto de actividades, recursos, instrumentos y técnicas de que el hombre se sirve para producir”. En sentido subjetivo, es “el actuar del hombre en cuanto ser dinámico, capaz de realizar las diversas acciones que pertenecen al proceso del trabajo y que corresponden a su vocación personal” (CDSI, 270).

El trabajo es un deber del hombre, Pero nunca debe ser considerado como simple mercancía o elemento impersonal de la organización productiva. El trabajo es expresión esencial de la persona, siendo la propia persona el parámetro de la dignidad del trabajo (CDSI, 271).

– Economía

El objeto de la economía “es la formación de la riqueza y su incremento progresivo, en términos no sólo cuantitativos, sino cualitativos”. Todo esto “es moralmente correcto si está orientado al desarrollo global y solidario del hombre y de la sociedad en la que éste vive y actúa” (CDSI, 334).

La enseñanza social católica considera la libertad de la persona en el campo económico como un valor fundamental, reconoce la justa función del lucro, armonizada con la capacidad de la empresa de servir a la sociedad. Defiende el libre mercado, pide que el Estado asuma el principio de subsidiariedad, valora la co-presencia de la acción pública y privada, defiende la obtención de un desarrollo integral y solidario para la humanidad.

– Política
La comunidad política es “la unidad orgánica y organizadora de un verdadero pueblo”. Su deber es perseguir el bien común, actuando en vista de un ambiente humano en que sea ofrecida a los ciudadanos “la posibilidad de un real ejercicio de los derechos humanos y de un pleno cumplimiento de los respectivos deberes” (CDSI, 385, 389).

La enseñanza social católica reconoce el valor del sistema de la democracia y la validez del principio de la división de poderes en un Estado. Afirma que la comunidad política está constituida para estar al servicio de la sociedad civil. Iglesia y comunidad política son de naturaleza diversa, sea por su configuración, sea por la finalidad que buscan (CDSI, 424).

– Comunidad internacional
La convivencia entre las naciones “se funda en los mismos valores que deben orientar la convivencia entre los seres humanos: la verdad, la justicia, la solidaridad y la libertad”. Esta convivencia tienen el derecho como instrumento de garantía de su orden (CDSI 433, 434). La política internacional debe ser dirigida al objetivo de la paz, del desarrollo y de la lucha contra la pobreza, mediante la adopción de medidas coordinadas.

El Magisterio de la Iglesia defiende la institución de una “autoridad pública universal, reconocida por todos, que goce de poder eficiente, con el fin de que se salvaguarden la seguridad, la observancia de la justicia y la garantía de los derechos” (CDSI, 441).

– Medio ambiente
La Iglesia católica afirma que cuidar del medio ambiente es un desafío para toda la humanidad. Se trata de un deber, común y universal, de respetar un bien que es colectivo y destinado a todos (CDSI, 466).

Ante los graves problemas ecológicos, la enseñanza católica defiende un cambio de mentalidad, que lleve a adoptar nuevos estilos de vida. Estos estilos deben inspirarse en la sobriedad, en la templanza, en la autodisciplina, en el plano personal y social.

– Paz
La paz es un valor y un deber universal. Es fruto de la justicia, entendida en sentido amplio como el respeto del equilibrio de todas las dimensiones de la persona humana. La paz es también fruto del amor, es el acto propio y específico de la caridad (CDSI, 494).

La Iglesia considera como parte integrante de su misión la promoción de la paz en el mundo. También convoca a cada ciudadano en esta tarea.

Fuentes / referencias:
Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia

5. Para la doctrina social de la Iglesia, el objetivo último de toda acción social es el desarrollo humano integral, o sea, permitir que el desarrollo de todas las dimensiones de la persona (material, afectiva, social, espiritual) llegue igualmente a todos en la sociedad.

En 1967, el Papa Pablo VI publicó su encíclica Populorum progressio, en la que presentaba el concepto de desarrollo humano integral. Con esto, criticaba la idea de que el progreso de las naciones podía ser medido sólo por su crecimiento económico o también por el aumento del poder adquisitivo de la población.

Así, Pablo VI se anticipaba a reflexiones críticas que se hicieron habituales en las décadas siguientes, a través de ideas como el desarrollo sostenible, difundida a partir de un documento de 1980 de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, o de índices de desarrollo humano y desarrollo como aumento de las oportunidades sociales, de la década de 1990. En 2009, el Papa Benedicto XVI retomó el concepto, utilizándolo como base para la redacción de su encíclica Caritas in veritate.

El desarrollo humano integral implica que las posibilidades creadas por el crecimiento y desarrollo económico de las naciones estén igualmente al alcance de todas las personas. Además de eso, considera que el desarrollo no puede ser sólo material, sino que debe incluir todas las dimensiones de la persona.

Quien, por ejemplo, aumentó mucho su poder adquisitivo, pero se cerró en una postura individualista y no colabora en la construcción del bien común, o no crece intelectualmente o en la vida espiritual, no se desarrolla integralmente.

En un mundo cada vez más rico, pero que permanece con sus desigualdades globales y sufre con la deshumanización de las relaciones sociales y del estilo de vida de las poblaciones con más recursos, el concepto de desarrollo humano integral se revela como un instrumento para el diálogo con todas las tendencias del pensamiento social y político y para la denuncia de la crisis de sentido y de las injusticias que afectan a las sociedades.

Fuentes / referencias:
Pablo VI, Populorum progressio, 1967
Benedicto XVI, Caritas in veritate, 2009
D. Giampaolo Crepaldi habla sobre la Caritas in veritate

6. Los papas y la Iglesia han trabajado sin cesar para iluminar el vasto campo de la vida social y ofrecer, a la luz del Evangelio, directrices para iluminar el camino de un auténtico desarrollo del hombre.
A pesar de que su desarrollo está marcado de forma más estructurada a partir del final del siglo XIX, la doctrina social es resultado de la experiencia ancestral y pastoral eclesial. “La Iglesia jamás ha dejado de interesarse por la sociedad; no obstante, la encíclica Rerum novarum dio inicio a un nuevo camino” (CDSI, 87).

Etapas de la enseñanza social católica:
– Desde 1891 hasta hoy, la doctrina social de la Iglesia fue una enseñanza constante por parte de todos los papas.
– León XIII (1878-1903), en la Rerum Novarum (1891), denunció las condiciones miserables en que vivía la clase obrera, protagonista de la revolución industrial.
– Pío XI (1922-1939), en la Quadragesimo Anno (1931), amplía la doctrina social cristiana. Aborda el difícil tema del totalitarismo, encarnado en los regímenes fascista, comunista, socialista y nacional-socialista.
– Pío XII (1939-1958), papa durante la guerra y la postguerra, dirige su atención a los “signos de los tiempos”. Aunque nunca publicó una encíclica social, en sus numerosos discursos tiene una inmensa variedad de enseñanzas políticas, jurídicas, sociales y económicas.

– Juan XXIII (1958-1963), en la Mater et Magistra (1961) y en la Pacem in Terris (1963), abre la doctrina social “a todos los hombres de buena voluntad” y así, la cuestión social se convierte en un tema universal que afecta y es responsabilidad de todos los hombres y pueblos.
– Con la Constitución pastoral Gaudium et spes (1965), el Concilio Vaticano II subraya el rostro de una Iglesia realmente solidaria con el género humano y su historia. Ya en la declaración Dignitatis humanae (1965), el Concilio enfatiza el derecho a la libertad religiosa.
– Pablo VI (1963-1978), en la Populorum Progressio (1967) y en la Octogesima adveniens (1971), afirma que el desarrollo “es el nuevo nombre de la paz” entre los pueblos. Él creó el Consejo Pontificio “Justicia y Paz”.
– Juan Pablo II (1978-2005) se compromete en la difusión de la enseñanza social en todos los continentes. Escribe tres encíclicas sociales: Laborem Exercens (1981), Sollicitudo Rei Socialis (1987) y Centesimus Annus (1991). Además, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (2004) lleva su firma apostólica.
– Benedicto XVI (2005), en su encíclica social Caritas in veritate (2009), defiende el desarrollo integral de la persona mediante la caridad y en la verdad.

Fuentes / referencias:
Instituto social León XIII
José Vidamor Yu, “La doctrina social de la Iglesia: la ‘Magna Charta’ de la caridad”, 2006

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Cristianismo

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– Artículo*: Tradición Perenne –

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