El giro del alma – Letra Viva. Una Utopía Hermética

EL GIRO DEL ALMA
…los símbolos se aprenden de otros y nadie puede sacar su significado si estos otros no se lo comunican, ni vivirlo pensando en que él puede lograrlo por sí mismo (1).
A su vez encontramos en la etimología de matemática que:
Matemáticas proviene del latín mathēmaticalis, mathēmaticus, derivado a su vez de las voces griegas, de mathēma, “ciencia, lo que se aprende”, del verbo mathēnein, “aprender”. En esta misma definición etimológica se dice que mathēmatikos es el que está “inclinado o ávido de aprendizaje” (2).
Un ser inclinado y ávido en Aprender y Conocer es el Geómetra, tiene una disposición natural a Recordar Lo de allá cuando le enseñan a comprender Su imagen aquí, reconociendo así su verdadero ser y el sentido de su existencia, amando natural y profundamente el Conocimiento.
Federico, en la entrada “Mar de Bronce”, que está plena de referencias numéricas, dice del número:
La estructura cósmica a la que hay que prestar suma atención al igual que a los números puesto que éstos últimos ejemplifican las pautas creacionales mediante las cuales se manifiesta el Ser, en la forma sintética de la Unidad para proyectarse así en el mundo, al que de este modo crea (3).
Los números son módulos armónicos arquetípicos, distintos aspectos del Ser manifestándose, como en diferentes medidas o referencias que conforman la ley u orden que hace posible la formación del Cosmos. Gea, la Tierra, es la diosa Madre de todo lo creado, la madre universal que concibe o da forma al Pensamiento de Dios, la gran Matriz “…generadora de todos los mundos y seres, a los que discrimina y forma sólo para devolverlos nuevamente al Uno” (4). A la Tierra se refiere en el Fedón Platón, y dice: “… son muchas y maravillosas las regiones de la tierra, y ella no es, ni en aspecto ni en tamaño como opinan los que están habituados a hablar de las cosas bajo tierra, según yo me he dejado convencer por alguien”. Explicando más adelante que estos que hablan de las cosas bajo tierra, creyendo hablar de la Tierra, somos los humanos de nuestro tiempo, pues “viviendo en alguna concavidad
de la tierra creemos vivir encima de ésta” (5).
Plotino escribe:
cuando la mente dice “algo”, dice a la vez “Uno”; cuando dice “un par”, dice “dos”; cuando dice “algunas”, dice “muchas”. Si, pues, ni siquiera es posible pensar algo sin el uno, o sin el dos, o sin algún número, ¿cómo puede dejar de existir aquello sin lo que no es posible pensar o decir algo? (6)
La geometría, dice Platón, fuerza al alma a girar hacia el lugar en el cual se halla lo más dichoso de lo que es, y que debe verse a toda costa. Tiende, dice, a hacer divisar mejor la idea del bien. Es el conocimiento de lo que siempre Es.
El punto, más allá de la medida, es el origen de todo lo mensurable; no es espacial, sin embargo se revela con las formas, y por ello a la inversa, por medio de la Intelección, la Ciencia de las medidas y las formas puede llevarnos a realizar o conocer, desde lo que está sometido a medida, aquello que está más allá de estas coordenadas, lo Eterno y absolutamente Inmensurable.
Si se da algo a continuación del Primero, es necesario que o provenga inmediatamente de aquél o se remonte hasta aquél a través de los intermediarios, y que exista un orden de Segundos y Terceros en que uno –el Segundo– se remonte al Primero y el Tercero al Segundo. Ha de darse, en efecto, algo anterior a todas las cosas que sea simple y esto debe ser distinto de todos los posteriores a él, que subsista en sí mismo y que no esté mezclado con los provenientes de él, y a su vez, capaz de estar presente de otro modo a los demás, que sea realmente uno y no otra cosa y luego uno, atribuirle aun el predicado “uno”, ha de ser falso, de él no hay “definición ni ciencia”, de él es de quien se dice que está “más allá de la Esencia”. Porque si no fuera simple, exento de toda coincidencia y composición y realmente uno, no sería Principio (7).
¿Cuál es tu secreto Geometría? ¿Qué es lo que puedes contarnos, tú que conservas el misterio de la generación? Pues tú conoces y guardas para tus íntimos el secreto de la alteridad dentro de la Unidad, la Matriz te llamó a nacer para poder parir lo que concibe en el divino abrazo de Urano, eres pues instrumento de formación y también de teúrgia, un habla divina, un intermediario que viene del mundo de los arquetipos a tocar el mundo de lo concreto para instruirnos en Su Sabiduría; muestras con claridad y sencillez las formas de aquellas Formas por las que quiere ser Conocido.
Así pues, todas estas enseñanzas a través de la semejanza de las cosas de aquí respecto a las divinas nos muestran las procesiones, los órdenes y demiurgias de allá en imágenes.
(…) el modo a través de imágenes es pitagórico, ya que las disciplinas matemáticas fueron descubiertas por los pitagóricos en vista de la reminiscencia de los seres divinos y a través de éstas como imágenes intentaban avanzar hacia aquéllas; en efecto, “ellos” establecían los números y las figuras para los dioses, como dicen los que se han esforzado en narrar las cosas de aquéllos (8).
I. Tres, Triángulo
¿De dónde este orden universal que vemos, de dónde esta armonía y complementariedad exacta entre todo lo que existe? Todo está interrelacionado con todo tan perfectamente que sólo puede ser la revelación de una grandísima Inteligencia creadora. Olores y olfato, colores y visión, sonido y audición, la tierra y la semilla, el alimento y la necesidad de alimentarse…, un todo necesitado de unirse a un otro todo correspondiente para ser percibido en uno, un desdoble que debe reunirse para inteligirse; lo de aquí haciéndose según es en el alma, dos puntos opuestos necesitados de un tercero para realizar la unidad y tener realidad, Conocedor, Conocido y Conocimiento; en este ciclo del triángulo es en el que te creas, te haces, te conoces, reconoces que Eres el que Es. Una obra inmensamente bella, la Imagen en la que se realiza Su Conocimiento, posible gracias al Orden en el que se hace inteligible la percepción y así en todos los niveles de expresión en el Cosmos. Así reconoce un corazón su ligazón a la Estrella y comprende su inalterable Unidad, en un equilibrio sumamente sutil, como en la perfección de un vértigo sobre el fiel de la balanza, realizando la única Realidad.
El triángulo en la superficie de un plano es la figura primera o más simple perceptible en el mundo manifestado, y puesto que la superficie de un plano puede cubrirse con indefinidos triángulos, se puede decir que éste sería la figura que mejor evoca la presencia e inmanencia del Principio en toda su manifestación. Aquí radica la belleza de esta forma, y según la medida de su alcance simbólico, unos lo son más que otros:
Por lo pronto, el fuego, el aire, la tierra y el agua son cuerpos; esto es evidente para todo el mundo. Todo lo que tiene la esencia del cuerpo, tiene igualmente profundidad. Todo lo que tiene profundidad, contiene necesariamente en sí la naturaleza de lo plano. Una base, cuya superficie es perfectamente plana, se compone de triángulos. Todos los triángulos proceden de dos triángulos solamente; cada uno de los cuales tiene un ángulo recto y los otros dos agudos (9). Uno de estos triángulos tiene de cada lado una parte igual de un ángulo recto, dividido por lados iguales (10); el otro, dos partes desiguales de un ángulo recto, dividido por lados desiguales (11). Hé aquí el origen que asignamos al fuego y a los otros tres cuerpos; quiero decir, lo verosímil con algo de certidumbre. En cuanto a los principios superiores, que son los de los triángulos, Dios los conoce, y un pequeño número de hombres amados por los dioses (12)…
(…) Necesito emplear todo el esmero posible, para constituir armónicamente estos cuatro géneros de cuerpos tan excelentes por su belleza, a fin de demostraros que he comprendido bien su naturaleza.
(…) si queremos comenzar de una manera conveniente. Si alguno nos puede mostrar uno más bello que el que hemos preferido, nos someteremos a su opinión y le miraremos como un amigo y no como un enemigo. Declaramos, pues, que entre todos estos triángulos (13) hay uno más bello, que los supera a todos, y es aquel de que se compone el triángulo equilátero, el tercero (14).
II. El Cuadrado, Cubo
El número cuatro es el que simboliza la creación, micro y macrocósmica, a través de los cuatro elementos que generan toda posibilidad de manifestación.
El cuadrado es la figura que representa lo más estable de los elementos, simboliza pues a la tierra, es decir, el éter bajo este aspecto, la forma terrestre de lo celeste, o el cielo en la tierra, como queda simbolizado por los 360o que suman sus cuatro ángulos, iguales a los del círculo, símbolo del cielo.
Una Vara, como matriz, es la que mide diferenciando los mundos que se hacen a escala; de bajada hacia la generación y también lo será de subida en la reintegración, desde, hacia y entre el Primero y el Último coincidentes. De una vara se sirve el ángel para concretar la perfección cúbica de la Jerusalén Celeste, con clara referencia al número “12” (formado por la multiplicación del 4, símbolo terrestre, por el 3, símbolo celeste), y con medida humana que era la del ángel, dice. Esta Ciudad cúbica representa la solidificación o concreción de lo celeste en la tierra, gesto que genera un cielo y una tierra nuevos, los que ha podido reunir el Hombre con la reintegración de las aguas que separaban y que se debieron atravesar para realizar dicha unión y establecer en su centro la Unidad:
1. Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva –porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar no existe ya.
2. Y vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo.
3.Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: “Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él, Dios –con– ellos, será su Dios.
(…)
15. El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muralla.
16. La ciudad es un cuadrado: su largura es igual a su anchura. Midió la ciudad con la caña, y tenía 12.000 estadios. Su largura, anchura y altura son iguales.
17. Midió luego su muralla, y tenía 144 codos –con medida humana, que era la del Ángel– (15).
Y ahora, aprended vuestras recetas y pociones, conoced palmo a palmo el mapa invisible, la geografía del otro mundo, incursionad en la Ciudad Celeste (16).
III. El Círculo
Esta figura, de entre todas las figuras geométricas, posee una particular belleza, o digamos también, que engloba la belleza de todas ellas, pues en su figura está la posibilidad de generar todas las figuras geométricas.
¿Cuántos puntos en la Circunferencia, cuántas figuras conforman la totalidad? Ciertamente no hay cuántos, sino que la unión perfecta de todos los seres es el Ser, la totalidad es una sola, una circunferencia que todo engloba, la más perfecta extensión de lo uno y solo; un punto, el Centro que de esta manera se hace aparente en su manifestación.
El círculo, o la esfera en la tridimensión, manifiesta con gran sencillez, máxima simpleza, y de manera muy clara, la perfección, la exactitud, la igualdad respecto al centro, el equilibrio, un solo todo, un uno solo, un origen no manifestado que con su determinación da lugar a toda posibilidad de manifestación, el orden jerárquico de lo manifestado con respecto a su Principio, el centro invisible que mediante la exactitud o la equidistancia de todos los puntos de su circunferencia establece su propio límite, la armonía del conjunto, la necesidad de todas sus partes para conseguir la unidad… Esto está también presente en el centro del ser humano, el que genera su propia circunferencia en su tiempo y circunstancias, un subciclo que forma parte de la gran circunferencia, la que en su totalidad y unidad incluye a todos los seres, tiempos y lugares.
Y no sin un propósito los antiguos teólogos colocaron la bondad en el centro; y en el círculo la belleza (17).
¿Quién negará que sea justo llamar a Dios el centro de todas las cosas? Considerando que es en todas las cosas del todo único, simple e inmóvil; y que todas las cosas que son producidas por él son múltiples, compuestas y de algún modo móviles; y como ellas salen de él, así también a semejanza de líneas o de circunferencias a él retornan. De tal modo la mente, el alma, la naturaleza y la materia, que de Dios proceden, se esfuerzan por igual de retornar hacia él; y desde todas partes con todo esmero lo circundan. Y así como el centro se encuentra en cada parte de las líneas, y a la vez en todo el círculo; y todas las líneas tocan por uno de sus puntos el punto que está en el medio del círculo; de la misma manera Dios, que es el centro de todas las cosas, unidad simplísima y acto purísimo, se pone a sí mismo en todas las cosas. No solamente por la razón de que está presente en todas ellas, sino también porque a todas las cosas creadas por él les ha dado alguna intrínseca parte y potencia simplísima y excelentísima, que se llama la unidad de las cosas; misma de la cual y hacia la cual, como desde su centro y hacia su propio centro, dependen y tienden todas las potencias y partes de cada parte (18).
Los Números no son simples compuestos formados por el añadido de unidades, sino que se refieren a diferentes aspectos de la Unidad. Puede que la mejor herramienta para trasladar una misma medida a otro plano, por su sólida exactitud, sea el compás; es una medición desde lo alto, sin composición cuantitativa numérica, es decir, cada medida es una apertura, ella misma una; sabemos además que el compás es el instrumento adecuado para generar una circunferencia, símbolo del cielo. La Geometría a menudo está representada como una mujer con este instrumento. Así también la musa Urania aparece en ocasiones sirviéndose del compás para trasladar las leyes eternas, que marcan los ciclos celestes, a medidas de las coordenadas terrestres, las del espacio-tiempo, las Geo-metrías, que son cada una, un aspecto de la Unidad.
Los Números, en su aspecto cualitativo son cada uno en sí mismo una imagen del Principio, aún en el mundo de los sentidos que se reconocen como en una repetición de unidades, imágenes cada una, una, aunque en una visión horizontal y cuantitativa, desconectándolos de su razón de ser, se los hace generados por adiciones o divisiones:
“Muy lejos, ¡por Zeus! –dijo–, estoy yo de creer que sé la causa de cualquiera de esas cosas, yo que ni siquiera admito que cuando se añade uno a lo uno, o lo uno a lo que se ha añadido se haya hecho dos (o lo añadido), o que lo añadido y aquello a lo que se añadió mediante la adición de lo uno con lo otro se haya vuelto dos. Pues me pregunto sorprendido si cuando cada uno de ellos existía por separado, entonces era uno cada uno y no eran entonces dos, y sí cuando se sumaron ambos; por tanto ésta sería la causa del llegar a ser dos, el encuentro de quedar colocados uno junto al otro. Y tampoco cuando alguien escinde una unidad, puedo ya convencerme de que ésa es la causa a su vez, la división, del llegar a ser dos. Pues la causa de que se produzca el dos resulta contraria a la anterior. Entonces era porque se conducía uno junto al otro y se añadía ésta y aquél, y ahora porque se aparta y se aleja el uno del otro. Ni siquiera sé por qué causa se produce lo uno, según me digo a mí mismo, ni de ninguna otra cosa, en resumen, porqué nace o perece o es, según ese modo de proceder, sino que me fabrico algún otro yo mismo a la ventura, y de ningún modo sigo el anterior (19).
IV. El indefinido no se le escapa al geómetra
Dicen los sabios, Calicles, que al cielo, a la tierra, a los dioses y a los hombres los gobiernan la convivencia, la amistad, el buen orden, la moderación y la justicia, y por esta razón, amigo, llaman a este conjunto “cosmos” (orden) y no desorden y desenfreno. Me parece que tú no fijas la atención en estas cosas, aunque eres sabio. No adviertes que la igualdad geométrica tiene mucha importancia entre los dioses y entre los hombres; piensas, por el contrario, que es preciso fomentar la ambición, porque descuidas la geometría (20).
… unos caen en movimiento desordenado, inarmónico y material, los otros, en cambio, se abandonan a la causa primera que rige también el orden mismo del mundo (21).
Participa la medida de la Tierra en el juego creador, entre la gracia que se vierte y el rigor que la limita y recorta para generar las combinaciones armónicas entre todas las cosas, la distinción de las procesiones, la definición de las imágenes que van siendo producidas por esta grandísima Inteligencia, según se conocen en el pensamiento de Dios. Pues a pesar de lo riquísima que es en formas esta creación hay en todas ella una exactitud en todas las líneas, en su forma, en su corte, que en su procesión produce una jerarquía que se perpetúa reflejándose en todos los planos manifestados; y en todo se oculta la huella de la Unidad, con la que se hace posible el ser, aún en este “hoy día” extremo, en este límite en el que nos encontramos, donde se ven como corren las cantidades, multiplicándose más y más a una velocidad tremenda, en una progresión geométrica que se escurre entre los dedos, haciendo de las numeraciones algo tan ínfimo, que parecen desaparecer rozando lo amorfo, prácticamente desasidas de cualquier cualidad que les devuelva su razón de ser; son las más lejanas inversiones, o reflejos, del original Orden según su Matriz, la multidivisión desenfrenada de los últimos vectores de una fuerza centrífuga universal que arrastra consigo los resquicios que quedan por manifestarse al límite de este ciclo, el que según parece pronto se renovará por el fuego. Y aún en este panorama que se observa –y en el que estamos implícitos–, por el equilibrio universal debe darse al mismo tiempo una fuerza centrípeta que contrarreste, quizá en unos poquísimos vectores, por lo que aparece como extremadamente difícil de acceder y por lo que se hace muy necesario invocar constantemente la Gracia; pues es por ella que sí es posible, con su luz divina, llegar a ser atraído desde lo alto y reconocer que todo va sucediendo así, sencillamente como una natural manifestación de un final de ciclo, según un azar inteligente que dejando hacer, todo lo guía, haciéndose la Voluntad “de aquel Ser”, siempre implicado en su creación:
No sea que una mañana…
A pesar del hondo pesimismo de estas reflexiones no podemos dejar de congratularnos con la indignación de Dios porque de ese modo está presente aún hoy en su obra y no totalmente desconectado de su creación –aunque esta lo niegue–, o aún considere que se produjo en una fecha espacial y temporal determinada, anterior a nosotros, pensando que ya no trabaja en esa gestación, sino que está totalmente ausente de su campo. Y es que la obra creacional del mundo implica estar permanentemente comprometido con ella y en ella (22).
¡Si el hombre supiera en que buenas manos estamos cuando nos entregamos! Entregarse por completo a la Deidad es la manera de sanar nuestra alma enferma de miedos, atrapada en la medida y el número en su aspecto diferenciador raso que está dando realidad Lilith con su propia e individual vara de medir, la raíz de nuestro sufrimiento. Es la real posibilidad de Ser verdaderamente y poquísimos son los que apuestan por ello, pues es también gruesa la densidad de nuestra individualidad, pero vale la pena arriesgarse a desasirse de todo y realizar el definitivo giro del alma en esa entrega, aunque sólo sea por la “hermosura del riesgo”, como dice Sócrates, y en verdad lo es. El camino vertical, que aún en la grandísima amplitud que a todos acoge, está bien señalado y medido para cada ser, por lo que conviene aprender a comprender dichas señas, y sobre todo hacerles caso, si es que nuestra intención con el Conocimiento es honesta, si es que eres un verdadero Geómetra.
Lilith es la madre de la multiplicidad. (…)
3. Especial importancia adquirió el culto tributado a la diosa Lilith, la cual, aprovechando la nocturnidad, atacaba a los seres humanos. De ella nos ha llegado su representación iconográfica en una placa de terracota (de muy buena factura artística), donde se la figura totalmente desnuda, alada, con pies a modo de garras, coronada con la tiara de la realeza y enarbolando los símbolos de la cuerda y la vara de medir. Leones y búhos acompañan a tan siniestro personaje, cuyo temor había motivado un respetuoso culto hacia su ser. (Federico Lara Peinado, introd. a Himnos Sumerios) (23).
Notas
1 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
2 Diccionario Etimológico. Etimologías Dechile. Net. Etimología de matemáticas.
3 Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, op.cit.
4 Federico González y col., Introducción a la Ciencia Sagrada. Programa Agartha. Revista SYMBOLOS Nº 25-26, Barcelona, 2003.
5 Platón, Fedón. Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1988.
6 Plotino, Enéada VI. Ed. Gredos, Madrid, 1998.
7 Plotino, Enéada V. Ed. Gredos, Madrid, 1988.
8 Proclo, Teología Platónica I-III. Ed. Losada, Buenos Aires, 2016.
9 Por consiguiente, estos dos triángulos irreducibles, principio de todos los demás, son dos triángulos rectángulos.
10 Es el triángulo rectángulo isósceles.
11 Es el triángulo rectángulo escaleno.
12 Los triángulos isósceles y escalenos son los principios geométricos de los cuatro cuerpos elementales; pero por encima de los principios geométricos hay los principios numéricos, los números, conocidos sólo por Dios y por los pitagóricos.
13 Es decir, aquel que repetido dos veces o añadido a sí mismo, por el lado mayor, forma un tercer triángulo, que es equilátero. Aquel cuyos ángulos son de 90o, 60o y 30o.
14 Platón, Timeo. Ed. Gredos, Madrid, 1992.
15 Biblia de Jerusalén. Apocalipsis 21. Biblia Católica online.
16 Federico González Frías, Noche de Brujas. Ed. Symbolos, Barcelona, 2007.
17 Marsilio Ficino, De amore. Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1994.
18 Marsilio Ficino, De amore, op. cit.
19 Platón, Fedón, op. cit.
20 Platón, Gorgias. Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1987.
21 Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios. Ed. Gredos, Madrid, 1997.
22 Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, ibíd.
23 Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, ibíd.
– Artículo*: Letra Viva. Una Utopía Hermética –

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