¿CONSUMISMO O DECRECIMIENTO?

La principal preocupación de las sociedades capitalistas se centra en las crisis económicas, las alteraciones que éstas puedan provocar y la manera de salir de ellas. Las alteraciones que puedan provocar sólo les preocupa a sus gestores por si pudiesen, éstas, repercutir en brotes de descontento social que pudieran llegar a desestabilizar las dichas sociedades o por si la pérdida de puestos de trabajo o de poder adquisitivo de los afectados por ellas pudiesen dar al traste con los índices de consumo deseables y, pudiesen, por tanto, debilitar el tejido productivo.

No existe para el Establishment especial preocupación que la que representan este tipo de crisis: las económicas. Las crisis políticas que afectan a los partidos que lo sustentan no le suponen especial trascendencia si el poder político no corre riesgo de caer en alguna opción política realmente alternativa al mencionado Establishment. ¡Y no hablemos de las crisis de valores…! Éstas últimas le traen sencillamente al pairo con tal de que el individuo-masa gregario que han configurado no ponga en cuestión el Sistema de Valores Dominantes y, al no hacerlo, siga sirviendo de sustento, con su autómata accionar, al engranaje de producción-consumo.

El discurso que los gobiernos mantienen a la hora de analizar si las cosas van bien se reduce a parámetros meramente económicos y a examinar si el consumo de las familias ha aumentado o disminuido …si ha aumentado es síntoma -bajo su óptica- de que la economía va bien y si la economía va bien –a sus reduccionistas ojos- todo va bien. Y es que, sumergidos ya en plena postmodernidad, la economía domina la vida de los pueblos …una economía que hace mucho que suplantó el papel rector que debería tener la política y se colocó, por tanto, por encima de ésta para hacerla bailar al son de sus dictados. En este orden de cosas el hombre que se ha ido plasmando es el homo oeconomicus.

Vista la deriva que, en los tiempos nuestros, la economía ha tomado habría que plantearse si no se deberían cuestionar los mismos basamentos de nuestras sociedades, pues si el aumento del consumo es, para éstas, lo más importante no se está haciendo otra cosa que incentivar el crecimiento descontrolado de ese monstruo que es el consumismo. Y si el consumismo es el rey de la forma de vida de nuestros desangelados conciudadanos es porque la producción de bienes (de todo tipo, aun de fútiles y a menudo innecesarios) no para de aumentar. Pero ¿es deseable este aumento de la producción; aumento que no conoce límites? ¿Es deseable el crecimiento ilimitado de la economía? ¿o, por contra, éste presenta serios inconvenientes y consecuencias que pueden resultar irreversibles? ¿Es deseable seguir expoliando los recursos del planeta? ¿Se debe seguir atentando contra el equilibrio de la naturaleza? ¿Debemos seguir contaminando este hogar nuestro que es la Tierra? Sin duda las respuestas a estas preguntas, para un hombre cuerdo, deberían ser negativas; si no es que la ceguera o el masoquismo (atentando contra el planeta atentamos como nosotros) hayan trastocado seriamente esa cordura y el sentido común.

El consumismo no sólo tiene repercusiones, como las relacionadas, en el plano físico (en la naturaleza o en la salud) sino que también acarrea consecuencias en el plano mental …consecuencias que degradan el modus vivendi del depauperado hombrecillo moderno (y, ya más concretamente, postmoderno) ya que lo hacen esclavo del más burdo y, atrofiado hasta la exageración, materialismo (el cual reduce al hombre a su componente físico-psíquico y le mutila su dimensión Trascendente). Además lo convierte en un ser compulsivo. Su compulsión por consumir, su delirio por comprar y poseer le provoca una ansiedad que no le deja vivir y no le permite mantener la mente sosegada y que, por otro lado, se troca en insatisfacción cuando no puede ser saciada esta pulsión consumista o se transforma en una nueva irreprimible agitación cuando ya ha sido saciada por cuanto se desea poseer, de inmediato, algo nuevo. Que estos estados continuados de alteración mental lleven a crisis de ansiedad y estados de depresión a nadie ha, pues, de extrañarle.

Visto lo expuesto ¿es deseable mantener este desorden de cosas? ¿o se deberían cambiar muchas de las piedras angulares sobre las que se ha ido edificando esta anómala concepción de la vida? ¿Lo esencial de la vida debe ser el poseer o, por el contrario, la búsqueda del ser? ¿Debemos ser valorados por lo que tenemos o deberíamos serlo por lo que somos? ¿Es más rico el que más posee o el que menos necesidades tiene?

Deberíamos, igualmente, plantearnos si el crecimiento económico debe ser un dogma incuestionable y si deberíamos, tal como propuso hace algunos años Alain de Benoist, pugnar, por el contrario, por el decrecimiento económico… Un nuevo paradigma vital basado en la austeridad, el autocontrol, el autodominio y el poseer no más de lo necesario seguramente solucionaría muchos de los males que amenazan a la Tierra y al armónico existir del hombre.

Y no cabe duda de que para que esta reversión tuviera lugar la economía debería volver a ocupar el papel subordinado que ante la política tuvo siempre en cualquier agrupamiento humano no anómalo; esto es, en cualquier agrupamiento humano de tipo Tradicional. La política, pues, debería (iluminada por una visión Superior de la existencia) dirigir a la economía y no al revés tal como acontece a día de hoy. Deberíase acabar con (en palabras de Julius Evola) el ‘demon de la economía’ que aliena y embrutece al hombre moderno.

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

– Artículo*: septentrionislux –

Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL

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