Sacramentos y paternidad espiritual: Precisiones y fuentes (Nikos Vardikhas)

Sacramentos y paternidad espiritual:

Precisiones y fuentes

Nikos Vardhikas

(Vers la Tradition)

Para comprender mejor la relación entre la paternidad espiritual y el sacramento del bautismo + unción, que acabamos de esbozar en Vers la Tradition, utilizaremos tres autores de diferentes épocas:

-San Simeón, conocido como el “Nuevo Teólogo” de los siglos X-XI, fue uno de los Padres que insistió más en la necesidad de la Paternidad Espiritual (y por lo tanto en la insuficiencia del sacramento solo) para el viaje espiritual del cristiano. No es desconocido para los que siguieron la disputa entre Michel Valsan y Marco Pallis en los años sesenta sobre esta cuestión, ya que Valsan dio algunas pistas sobre las obras de este Padre (1);

-San Serafín de Sarov, muerto en 1833 y canonizado a principios de este siglo, es considerado como el triunfo de la Ortodoxia y su experiencia como renovación de la experiencia espiritual de todos los Padres;

-Finalmente, San Silvano el Athonita, canonizado en 1988 y conocido por obra de su discípulo, el starets Sofroniy (Sakharov), tuvo, como este último, varias experiencias de la luz no creada.

Se trata de tres (cuatro, con Sofroniy) representantes de la ininterrumpida tradición del hesicasta, entre los más famosos; la muchedumbre de santos y ancianos de todos los siglos, incluyendo el XX (2) no siempre incluye a los escritores, ni a las personas más conocidas.

De San Simeón poseemos ahora toda la obra editada, a excepción de sus cartas que no lo están en su totalidad; la inmensa mayoría de estas obras se publican, con traducción francesa, en Sources Chrétiennes”(3). Se trata de un gran paso adelante desde el momento de la disputa Pallis-Valsan.

De San Serafín, que no escribió, poseemos la famosa Entrevista con Motovilov, escrita por él en 1831 y publicada por primera vez en 1903. Su título original es: Sobre la Adquisición del Espíritu Santo. Está disponible, entre otros, en la Pequeña Filocalia Rusa, una colección de escritos espirituales rusos de los siglos XIX y X en 4 volúmenes, el primero de los cuales está dedicado a San Serafín (4).

Finalmente, el starets Sofroniy ha editado los escasos escritos de San Silvano (5). Hacia el final de su propia vida, publicó su autobiografía espiritual bajo el título Lo veremos tal como es (6)

Aquí están las fuentes sobre las cuales vamos a construir nuestra presentación.

1 San Silvano y el starets Sofroniy

1.1 San Silvano

San Silvano dijo:

Sólo los fieles [niños] que han guardado la gracia de su bautismo llegan sin aflicción donde el Señor mismo y su Madre purísima residen. Los otros sólo pueden hacerlo con muchas lágrimas.

Esto pone ya muchas bases. En primer lugar, de acuerdo con la tradición Ortodoxa unánime, es el bautismo, para este santo, el que hace todo posible; pero debido a la inconsciencia del bautizado y la no selectividad, su gracia puede perderse, que es el caso más frecuente, por no decir inevitable. De ahí las lágrimas de las que hablamos en El Paráclito.

Así que no hay duda de que la paternidad espiritual es una necesidad. La pregunta es si completa el bautismo, que presupone, o si es algo totalmente distinto.

Según la confesión de todos los Padres, como veremos, el papel del Padre espiritual no es el de hacer la conexión con Cristo, sino más bien el de un testimonio, un confesor y un guía. En todos estos papeles, es intermediario entre el “postulante” y Dios. No hay transmisión ritual , y si San Simeón habla del segundo bautismo (lo que es impensable ritualmente), especifica que consiste en el acercamiento del postulante que va a confesarse con el Padre.

Es importante saber que en terminología ortodoxa los conceptos de confesor y padre espiritual se fusionan, en griego, en la palabra pneumatikos. Bien entendido, “confesor” no es aquí el testimonio (como en el caso de San Máximo), sino el que recibe la confesión; las dos palabras se distinguen por una preposición. Por supuesto, ni todos los monjes ni los sacerdotes son capaces de recibir confesiones (o de ser “padres espirituales”); y entre los que pueden, no todos son padres en el sentido hesicasta. A la inversa, cualquier hombre reconocido como santo es capaz de ejercer esta función.

No hay ningún rito especial, ninguna oración especial que pueda ser llamada “iniciática”, si no es la absolución del Padre, pero que se da en el nombre de Dios y así oculta, de alguna manera, la entrada al camino. Pero esto es un “rito” repetido muchas veces, y no hapax. Muy a menudo, el Padre sólo guía a su “hijo” por su mera presencia:

[Uno de mis maestros fue] el Padre Onesiforo, que atraía por su bondad, humildad y elocuencia. Era tan humilde y dulce que mirarlo te convertía en mejor. Viví mucho tiempo con él (7).

No olvidemos que cada vez que un santo ha hablado de sus experiencias, siempre ha hablado de varios maestros, nunca de uno. Incluso está este monje contemporáneo del Monte Athos que, según el obispo Athanase Yevtitch, aconsejó a los que se le acercaban que aprendieran la oración de Pacomio (Bakhum), que era… ¡una rana, apareciendo a la hora fijada al atardecer al pie de una cruz de madera para “hacer sus oraciones”! [En efecto, Silvano no atribuía nadie su adquisición del Espíritu Santo, ya que

Todo en el cielo vive y se mueve en el Espíritu Santo, pero está presente igualmente sobre la tierra; está presente en nuestra Iglesia, vive en los Sacramentos, en la Sagrada Escritura, en el corazón de los fieles. Nos une a todos y es por eso que los santos están tan cerca de nosotros…(8).

Sin embargo, para no caer en la tentación de la “autodivinización”, es importante saber que San Silvano atribuía el lugar que corresponde al papel de testimonio y confesor del Padre Espiritual; de hecho, uno de las raras veces en que habla de la manera de adquirir el Espíritu Santo, dice:

Por la obediencia, el hombre es preservado del orgullo;

por la obediencia se le da el don de la oración (9);

por la obediencia, Dios le da el Espíritu Santo.

Así que la obediencia es más importante que el ayuno y la oración (10).

Obviamente, de lo que estamos hablando aquí es de la superación del yo, por el abandono de la propia voluntad.

No hay rastro, en San Silvano, de ninguna alusión a un rito, oración o bendición propia para entrar en la vía. Pero se trata de un guía y un confesor, y la meta no es otra que la adquisición del Espíritu Santo.

1.2 El Starets Sofroniy

El starets Sofroniy, que atribuye absolutamente todo eso de lo que ha sido juzgado digno de cumplir espiritualmente a las oraciones de San Silvano, también puede considerar que la fuente de todas estas posibilidades residía en su bautismo:

Fui bautizado casi desde mi nacimiento. Según los ritos de nuestra Iglesia Ortodoxa, todos los miembros de mi cuerpo recibieron “el sello del don del Espíritu Santo”. ¿Acaso no es este “sello” el que me trajo de vuelta cuando anduve por caminos erróneos? ¿No puedo atribuirle las numerosas incidencias en que mi experiencia coincidió con el espíritu de la revelación evangélica? (11).

Sin embargo, se reconoce plenamente su deuda con su maestro:

San Silvano (12) fue sumamente importante en mi travesía de la vida. Gracias a él, pude observar de cerca, durante años , una vida verdaderamente cristiana, he podido convertirme en discípulo. Le debo mucho más a sus oraciones que a todos mis otros preceptores, aunque había algunos muy importantes entre ellos. (13)

Si en ciertos momentos de mi vida me he acercado a los límites del arrepentimiento -que santifica a al hombre entero-, esto sólo me ha sido posible a través de las oraciones de San Silvano. No he alcanzado su talla, pero sé que lo que digo es verdad (14)

Es porque he podido estar colocado en la misma perspectiva espiritual que san Silvano, a través de sus oraciones, que puedo describir esto. Por supuesto, no recibí en la misma medida la bendición que el Señor derramó sobre él; sin embargo, se me ha sido dado vivir la misma experiencia. En ciertos momentos de mi vida pude experimentar algo del clima espiritual en el que vivió San Silvano. (15)

Aquí también, no es cuestión de autodivinización. Pero, ¿cuál es exactamente el papel del maestro, tal como lo percibe este discípulo que fue Sofroniy?

La perfección cristiana es supra-humana, divina. El Señor lo demostró durante Su encarnación. Nadie puede alcanzar la misma medida (Fil. 3:12), pero a algunos se les ha dado una cierta medida (Mt. 7:14); su enseñanza y su ejemplo nos inspiran a tender a la humildad de Cristo. Este fuego celeste, presente en la vida y en los sacramentos de la Iglesia, preserva a través de los siglos la fe en el Evangelio…

Muchos serán salvados y se regocijarán en el océano del amor de Cristo, pero pocos recibirán, y no sin temor, esta llama durante su vida en la carne. El Bendito San Silvano me dijo… que es más fácil llevar carbones ardiendo en la mano durante 100 años que mantener esta gracia y mantenerse vivo.

Los portadores de este conocimiento dejan trazas en todos los fieles. Gracias a ellos se preserva una transmisión viva del espíritu de vida a través de los siglo (16).

Esta cita es bastante clara. No obstante, puede dejar pensar que Sofroniy sólo apunta al Paraíso (que, como sabemos, es demasiado estrecho para ciertos “mutaçawuffin”, como decía Guénon).

Es imperativo para cada uno de nosotros renacer totalmente, por la acción de la gracia; para que la capacidad de deificación nos sea así restaurada… la inspiración de lo Alto depende en gran medida de nosotros mismos, de nuestra apertura de corazón, para que el Señor (el Espíritu que “está a la puerta y llama”) pueda entrar sin violencia… El vacío de sí mismo, o la humildad, no es posible sólo con el esfuerzo humano. Es el don de Dios nuestro Salvador, la gracia del arrepentimiento para la remisión de los pecados. Por esto, somos purificados de la maldición de nuestra herencia… el Espíritu de la verdad penetra en nuestro corazón como consolador. (17)

Aquí también, por tanto, en este discípulo de San Silvano, surgen las mismas ideas: la meta es la deificación, desde esta vida y el medio es la humildad, es decir, el despojarse de sí mismo. La presencia del Padre es esencial; sin embargo, no es ella la que opera la restitución.

2 San Serafín de Sarov

Durante su reunión con el Consejero de Estado N. A. Motovilov en 1831, San Serafín afirmó que la meta de la vida cristiana es la adquisición del Espíritu Santo; no sólo eso, sino que hizo ver la “luz increada” a su interlocutor, en una escena ahora bien conocida.

La entrevista es importante por varias razones:

-Motovilov no era discípulo de lo Serafín. Por el contrario, le hizo esperar mucho tiempo, para ocuparse de estos, que eran los monjes y los laicos de los que era confesor.

-Durante la entrevista, aunque se trata naturalmente del método de adquirir el Espíritu Santo, San Serafín no habla más que de hacer el bien sin retorno, de practicar las virtudes por sí mismo, y no dice una sola palabra que pueda hacer pensar en una “iniciación” monástica.

He aquí, en primer lugar, las admoniciones del Santo a su interlocutor:

Me gustaría mucho, Vuestra Deiformidad, (18) que tú mismo adquirieras esta fuente inagotable de gracia divina. Pregúntate en todo momento: ¿Estoy en el Espíritu de Dios o no? Si es así, gracias a Dios que no tienes nada de qué preocuparte. Estás listo para presentarse ante el terrible tribunal de Cristo inmediatamente. Porque Él nos juzgará en el estado en que nos encuentre. Si no estamos en el Espíritu, debemos descubrir por qué, por qué razón nuestro Señor Dios el Espíritu Santo ha querido abandonarnos. Debemos buscarlo de nuevo, a través de su bondad… Así es como debes comenzar en las virtudes, querido mío. Dispensa los dones del Espíritu Santo a aquellos que lo necesitan, como una vela encendida que se enciende a sí misma pero que también puede encender otras velas, sin perder su propio brillo. (19)

Y este es el consejo del Santo sobre el bautismo-crismación; es de allí de donde vienen los primeros “dones” (20) del Espíritu Santo:

Nada en la tierra puede ser más sublime y precioso que los dones del Espíritu Santo que nos son enviados desde lo Alto en el sacramento del bautismo. La gracia recibida entonces es tan indispensable, tan vital para el hombre, que los herejes mismos no están sin ella hasta la hora de su muerte, es decir, hasta el final del período que la Providencia ha concedido al hombre como una prueba, para ver lo que él será capaz de lograr en el poder de esta gracia. Si pudiéramos mantener esta gracia intacta, permaneceríamos para siempre como santos de Dios… [ pero como este no es el caso] debemos apresurarnos a ofrecer verdadero arrepentimiento a Dios y a practicar las virtudes, sólo para Cristo. Entonces adquiriremos el Espíritu Santo, que actúa en nosotros y nos coloca en el Reino de Dios. (21)

Ni una sola vez el santo anima a su interlocutor a ir y encontrar un Maestro para someterse a él. Incluso le dice, después de la visión común de la luz, que el hecho de que él mismo sea un monje y su interlocutor laico no tiene importancia.

Una vez más, el santo no contempla aquí la simple salvación después de la muerte, sino un estado, ya vivo, comparable al de Abraham, Moisés, María, Adán antes de la caída y a todos los que tuvieron experiencia directa de Dios.

Sin embargo, no hay duda de que el santo habla aquí en términos algo vagos y con palabras encubiertas, sin insinuar la existencia de lo que la teología ortodoxa llama “oscuridad teológica” que está más allá del Paraíso. En este sentido, es importante saber que los mismos editores de la Pequeña Filocalía Rusaadvierten al lector que los Padres griegos pueden darle “la cabeza grande” y hacerle creer que puede llegar a estados para los cuales no está preparado y, lo que es más, sin grandes dificultades. Los Himnos de San Simeón, el Nuevo Teólogo, fueron prohibidos incluso en Optina y Valaam. Los autores rusos, incluyendo a San Serafín, son considerados como intermediarios entre nuestro mundo cotidiano y las alturas enrarecidas de los Padres de la Filocalia Griega.

Es muy probable que si no es cuestión aquí cuestión de detalles técnicos aquí, esto no se debe al hecho de que no existan, sino más bien al hecho de que serían irrelevantes aquí. Según este punto de vista, podríamos entonces considerar todo esto y la manifestación de la luz que también se describe aquí como una expresión del exoterismo ortodoxo. En este caso, si este exoterismo puede, con la gracia del bautismo y su despertar, conducir al estado del Hombre Primordial (y no Universal), ¿de qué se trata sino de la iniciación? Si no se trata de una cuestión del Hombre Universal, es decir, en términos cristianos de adquirir el estado de Cristo mismo o, al menos, de estados angélicos, es porque San Serafín no habla precisamente de realización, sino de iniciación, no de logro, sino de precondición. Esto a su vez tiende a mostrar que el papel del Padre Espiritual no es el del iniciador (al menos en el sentido del idhn islámico: “permiso” técnica de entrada), sino el del director (en el sentido del ba’yah:”pacto”).

3 San Simeón Nuevo Teólogo

Con este santo, estamos en presencia del que se ha expresado de la manera más clara y virulenta posible, a la vez sobre la insuficiencia del sacramento solo como por la identidad fundamental entre laicos y monjes en términos de santidad. Esto ya muestra que si el renacimiento espiritual es necesario, no es un rito monástico o reservado a monjes el que lo lograría. Queda por ver si esto es otro rito, o una actualización de la gracia del bautismo, y de qué manera.

Para Simeón, no es tanto la falta de selección lo que hace insuficiente el bautismo, sino el hecho de haberlo recibido de niño:

El que no es consciente de haber vestido a Cristo anula la gracia de su bautismo.

Decía él. (22)

Como para todos los Padres, así para San Simeón, el “perfeccionamiento” de esta gracia se lleva a cabo entre aquellos cuya fe es segura (bebaiopistoi) no por ninguna acción del Padre Espiritual, sino por el hecho de que el postulante lo utiliza como confesor y consejero, ante el cual acepta manifestar su arrepentimiento. Esta “humillación” y “sumisión”, San Simeón los llama segundo bautismo.

La expresión es interesante:

-Como acto ritual, el bautismo es único y no se puede repetir;

-No se trata de un segundo nacimiento, expresión de Cristo mismo con Nicodemo, que sería la iniciación propiamente dicha, sino de un segundo bautismo.

Por lo tanto, está claro que es el bautismo a los ojos de San Simeón, el que procura el segundo nacimiento; pero este bautismo debe ser “completado”. Reserva, además, a este arrepentimiento o segundo bautismo, la denominación bautismo del espíritu. Reserva al primero la adquisición del estado adámico original (23) y admite que procura la presencia del Espíritu Santo en nosotros. Pero él considera que la “plenitud” de esta gracia sólo puede ser adquirida por el misterio del arrepentimiento, que prueba por el acto de esta presencia.

El acto fundamental, tanto de la parte del postulante como del Padre, es este arrepentimiento, expresado en el sacramento de la confesión. (24) En esto, el Padre es mediador y garante o embajador ante Dios, “como nos ha mostrado Nuestro Señor mismo” (25). Aquí también estamos tan cerca del pacto sufí (ba’yah) como lejos del permiso (idhn). Una consecuencia de este enfoque, y una gran diferencia con las organizaciones iniciáticas, es que es preciso absolutamente que Padre debe ser un realizado. La “función”, aunque fuera iniciática, no hace nada al respecto aquí.

La paternidad espiritual, según nuestro autor, no está ni exclusiva ni forzosamente ligada a la tonsura de los monjes ni a la ordenación del clero, sino sólo a la santidad personal del Padre, adquirida por la participación ontológica en la gracia santificadora del Espíritu. (26)

Lo problemático aquí es que sólo los clérigos tienen derecho a la absolución en el sacramento de la confesión. San Simeón extiende este derecho también a los monjes, pero no es seguido en esto por la Iglesia. Así que si San Simeón reconoce que

Los mandamientos de Cristo son comunes; Él no se distinguió entre laicos y monjes(27)

si además, reconocía que no todos los sacerdotes ni todos los monjes son capaces de ejercer la Paternidad Espiritual, la única razón que le queda para limitar su ejercicio a estas dos categorías de fieles (insistiendo en que se dirija también a los laicos) es porque, sin embargo, sin reconocer una “automaticidad” ex opere operato a la función, pretende mantener todo esto en la vida eclesial; no hay otra silsilah cristiana que el clero, incluso si según Orígenes

El alma de cada uno se mezclan con el Espíritu Santo y cada salvado se convierte en un Padre Espiritual. (28)

El estudio de las obras de este Padre, que sólo hemos esbozado aquí, concluye mostrando cómo la Iglesia Ortodoxa concibe la iniciación cristiana, obligando a que desde el triunfo exotérico del cristianismo, se vea obligada a dividir este proceso en dos “fases”, con la ayuda de otra dicotomía que se ha hecho necesaria, la de los laicos y monjes (simples laicos consagrados, que no tienen ninguna competencia sacramental).

No hemos mencionado una multitud de otros Padres sobre este tema, ni tampoco hemos mencionado las premisas teológicas en las que se fundamenta la Paternidad.

Pero tal vez hemos logrado convencer de que la teología ortodoxa, desde los primeros siglos hasta nuestros días, tiene cosas que decir sobre el tema que no son fáciles de rastrear, aunque no son muy conocidas en Occidente.

4 Conclusión

Según la tradición ortodoxa unánime (es decir, el consensus patrum), la iniciación cristiana (virtual), el acto ritual de efectúa la vinculación a Cristo, es un bautismo más unción en las reglas.

Este segundo nacimiento se despierta por un “segundo bautismo” que es el acto de contrición y absolución, realizado ante un espiritual que tiene los dones de la paternidad (29) y está facultado para dar la absolución.

El punto común entre “padre” e “hijo” son los sacramentos recibidos en común; está pues excluido que sean de religión diferente.

Entre las tres condiciones de una iniciación regular, según R. Guénon, a saber:

1. Conexión ritual regular a una cadena ininterrumpida de origen sobrehumano

2. Cualificación del postulante

3. Trabajo interior (30)

los (2) y (3) no están asegurados por el bautismo; pero (1) no están asegurados por la paternidad espiritual; ¡no hay ninguna cadena ininterrumpida de Padres Espirituales!

En el sufismo, idhny bah’ah se fusionan; en el cristianismo, se distinguen. Habiendo dicho esto, es claro que un cristiano “no despierto”, incluyendo rituales, no tiene ninguna ventaja o una mejor situación espiritual en comparación, por ejemplo, con un musulmán no iniciado. La historia y la estructura del cristianismo hacen que la conexión sólo pueda hacerse a través de una cadena apostólica regular; ahí, no importa que clérigo haga el caso, oficiando ex opere operato. Pero la activación de la gracia recibida (o la influencia espiritual, en la ocasión el mismo Espíritu Santo, “derramada lo mismo sobre todos pero recibida por cada uno en la medida de sus posibilidades” (31) no puede ser hecha por ningún clérigo o monje, ya no se hace ex opere operato, y no se da a quien la quiera.

Estas conclusiones abren perspectivas interesantes que sólo tocaremos aquí de pasada:

-¿ las iniciaciones artesanales tenían un “punto de contacto” (aunque sólo sea uno) con la Iglesia?

-¿La ausencia de tales organizaciones en Oriente se debe a la preservación de la tradición hesicasta?

– una iniciación cristiana occidental es posible sin

1. ¿Retorno de la Iglesia a su tradición ritual apostólica?

2. ¿Abandono del control exotérico sobre el monaquismo?

No olvidemos nunca que la intransigencia de los Ortodoxos (particularmente los monjes) hacia los católicos (32) se basa únicamente en la concepción iniciática del cristianismo. Si la fe y las buenas obras bastan para la salvación, entonces esta posibilidad no puede ser negada a los católicos – pero tampoco los protestantes por el mismo criterio. Pero si Dios se hizo hombre sólo para “fortalecer la fe”, entonces el cristianismo justificaría acusaciones de escándalo para los judíos, locura para los “politeístas” y asociacionismo para los musulmanes.

Terminaremos con una oración de San Simón, nuevo teólogo, a quien aconsejó a los fieles sin maestro: (33)

Señor, tú que no quieres la muerte del pecador, sino su retorno y su vida, que has venido a la tierra para este fin, para levantar a los que fueron aplastados y matados por el error, para darles el que te vean como la verdadera luz en cuanto sea posible a un ser humano , envíame a alguien que te conozca; le serviré como si fuera tú, me someteré a él con todas mis fuerzas, haré tu voluntad en la suya, así te seré agradable, a ti único Dios, y podría ser juzgado digno, yo también el pecador, de tu Reino.

Nikos VARDHIKAS

NOTAS

1) Alusiones tomadas en la edición de Migne, texto griego y traducción latina.

2) Tales como los starets Porphyria, lakovos Tsalikès (laico), Saint Nectaire.

d Egine et al.

3), Catequesis: SC 96,104, 113.

Tratados: SC 122,129.

Himnos SC 156,174, 196.

Centurias: SC 51.

Cartas: varias ediciones en griego y alemán.

4) Edición: Little Russian Philocalia, San Petersburgo. St Herman of Alaska Monastery Press, Calffornia e 1991.

5) Silvano, Écrits spirituels, Abadía de Bellefontaine 1976/1994.

6) La edición original es We shall see Him as He is, publicado por el monasterio de San Juan el Precursor en Essex, Inglaterra. Este monasterio fue fundado por el starets Sofroniy que vivió allí durante la última parte de su vida.

(7) Silvano, p. 67.

(8) Silvano, p. 49.

9) A comparar, sin embargo, con este otro texto del mismo autor: Joven novicio, un día recé ante el icono de la Madre de Dios y la oración de Jesús irrumpió en mi corazón y he aquí que ella vivió en él para siempre jamás. (p. 48).

10) Silvano, p. 54.

11) Sofroniy, p. 8. Nota: Traducimos del inglés.

12) Es interesante saber que Sofroniy pintó a Silvano con un halo de santidad antes de su canonización.

13) p. 207.

14) p. 146.

15) p. 134.

16) p. 130.

17) pp. 119,123.

18) Así se dirigía el santo a los extranjeros: su frase de bienvenida era: “Mi alegría, Cristo ha resucitado”.

19) Little russian Philocalia, t. 1, p. 96.

20) Este es el verdadero sentido de la palabra gracia: un don desinteresado.

21) p. 104.

22) V. Khristoforides , La paternidad espiritual según Simeón el Nuevo Teólogo, Tesalónica 1977 (en griego). Ver Himno N 55.

23) Catequesis 5.

24) Catequesis 2.

25 Catequesis 25. Sin olvidar “que sólo hay un mediador entre los hombres y Dios, el hombre Jesucristo” (1 Timoteo 2:5).

26) Khristoforides, p. 147.

27) Epístola 3.

28) Referencia exacta olvidada. Cabe recordar que, en la época de Orígenes, el bautismo de los niños ya se había generalizado, según su propio testimonio.

29) Definidos como: humildad, impasibilidad, discernimiento. Ver Kristoforides, cap. 3, donde numerosas referencias (G. de Nacianceno, J. Casiano, Nilo, Simeón, J Crisóstomo y al.

30) Apreciaciones sobre la Iniciación, p. 34.

31) S. Cirilo de Jerusalén, Catequesis Mistagógica.

32) Los que no han conocimos más que a nos como Ortodoxo no saben que es una cuestión, en el Monte Athos del “Monstruo Biscornudo de Roma”, por ejemplo.

33) Khristoforidès, p. 117 (Discurso moral nº 7 de San Simeón).

– Artículo*: Zurraquín –

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Sheikh Hassan Dyck – Cello Melody – Sufi-Kwartier Remagen

– Artículo*: miguel ángel reche –

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Manuel Aires Mateus vs. Antoni Gaudí

O título do post não explica tudo.
Porquê e de onde me vem esta ideia de contrapôr Gaudí a Manuel Mateus?
Quando em Barcelona visitei a catedral da Sagrada Família e outras casas de Gaudí fiquei impressionada, por um lado, com a intenção modernista, mas por outro, com a relação expressamente procurada com a natureza e a religião, ou melhor, uma experiência mística que de algum modo o seu neo-gótico excessivo, barroco de tão intencionalmente trabalhado, pudesse proporcionar.
Não sei como reagiram outros: eu distraí-me com o apelo da forma, com o apelo da côr, com uma obra (e o mesmo senti nas outras) que não libertava o espaço, (como o gótico despojado dos séculos passados, o nú do românico de pedra mais humilde) mas antes o capturava nas curvas envolventes.
A mim, fazia-me falta o que encontrei nas obras de Manuel Mateus: a linha que liberta, a luz branca que tudo contém e por isso de mais nada precisa, (como na albedo dos alquimistas gregos) e ocorreu-me que se podiam contrapôr as curvas de Gaudí às rectas de Mateus, sendo que estas sim, permitiam uma leitura infinita.
São infinitas as linhas rectas, deixam um espaço que livremente respira, são fechadas as curvas que afinal nas suas dobras esconsas ainda que coloridas, não permitem que se avance.
Como falar então de espiritualidade?
Num dos artistas o esbanjamento da imaginação (com o acumular das imagens), no outro o despojamento da ideia condutora e da imagem-força que lhe induz.
Num, o permanente excesso, no outro a subtil contenção que permite que a luz entre, na sua linha infinita. Apela, deste modo, a uma mesma mística, quem sabe mais e melhor vivida, porque não permite olhares mais distraídos?
Um arquitecto é um criador que refaz o mundo à sua volta.
Contempla, imagina, desenha, projecta. Num universo em expansão é natural que a obra reflicta, ou mesmo busque, esse espaço infinito.
E serve-o melhor que a linha curva, a linha recta. E que um espaço fechado, um espaço aberto.

– Artículo*: Yvette Centeno –

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Giovanni Ponte, L’iniziazione massonica nel mondo moderno – VI – Alla ricerca dell’iniziazione effettiva

Giovanni Ponte

L’iniziazione massonica nel mondo moderno – VI
Parte 6 di 6
VI
Alla ricerca dell’iniziazione effettiva *

Nella presente serie di articoli, abbiamo tenuto a denunciare varie tendenze alla deviazione e alla sovversione che insidiano la Massoneria contemporanea.

C’è però un dato di fatto che già di per se stesso dovrebbe imporsi all’attenzione di chi sia animato da una seria aspirazione iniziatica: l’iniziazione massonica è praticamente l’unica forma di iniziazione occidentale che, eccezionalmente e a dispetto di ogni avversario esterno ed interno, si è mantenuta diffusa ed accessibile nell’ambiente in cui viviamo. Anche in Italia vi sono attualmente parecchie migliaia di persone che hanno avuto accesso all’iniziazione muratoria, così come esistono parecchie decine di Logge in attività.

Questo solo fatto non può certo essere casuale (come non è casuale ad esempio la circostanza che nell’opera di René Guénon la massima parte dei riferimenti specifici all’iniziazione riguardi appunto l’iniziazione massonica).

E chiunque, nel mondo occidentale moderno, abbia riconosciuto il valore incommensurabile e definitivo dell’iniziazione, al di là dei limiti della vita e della morte umana, non può non essere indotto per lo meno a riflettere sulla portata della permanenza della Massoneria, anche se attraverso di essa si consideri soltanto la possibilità di ricevere un’iniziazione che, a motivo di condizionamenti estremamente sfavorevoli, rimanga allo stato virtuale nel corso della presente esistenza terrestre.

Peraltro, beninteso, non intendiamo affatto affermare che sia ammissibile perseguire il legame iniziatico senza preoccuparsi delle circostanze e delle persone con cui può attuarsi. A questo proposito, anche nei casi in cui si abbiano ragioni di ritenere che si tratti veramente di iniziazione e non di ciarlataneria, è pur sempre indispensabile agire con la dovuta cautela e discernimento, per quanto è possibile a chi per definizione è ancora soltanto un profano. In effetti, il rapporto iniziatico comporta o dovrebbe comportare legami di una tale profondità e intimità che non si può certo procedere con leggerezza. E d’altra parte, dal punto di vista che qui ci interessa, non insisteremo mai abbastanza su quel presupposto di chiarificazione teorica in mancanza del quale non consiglieremmo di intraprendere assolutamente nulla 1.

Vi è, a questo riguardo, una situazione che può apparire paradossale, ma a cui non si può sfuggire: nella presente confusione, prima ancora di diventare “apprendisti” nella via iniziatica dei “piccoli misteri” occorrerebbe avere già compreso e approfondito in una certa misura, sia pure soltanto teoricamente, la dottrina tradizionale, nella sua essenza metafisica e con una certa presa di coscienza della situazione cosmologica in cui ci troviamo. È questa, infatti, una condizione fondamentale per premunirsi (ammesso che ciò sia consentito dalle proprie qualificazioni) contro ogni sorta di pericoli di deviazione, e per ricercare poi una via che conduca verso la realizzazione iniziatica effettiva.

Venendo a sfiorare qui il problema del passaggio dall’iniziazione virtuale a quella effettiva, nel quale è insito in fondo il compimento stesso della “Grande Opera”, dobbiamo dire che un argomento di tale natura non può certo essere adeguatamente considerato, se non all’interno della forma iniziatica di cui si tratta. Vi sono, però, alcune indicazioni di massima che pensiamo si possano esporre in questa sede.

* * *

È stato osservato che nelle condizioni attuali l’iniziazione muratoria, pur conservando i suoi riti e i suoi simboli, si presenta incompleta, e per così dire senza base e senza vertice, lasciando così spazio a determinazioni estranee alla sua autentica natura iniziatica.

Quando si parla della mancanza di una base per l’iniziato massone dei nostri giorni, ci si può riferire all’assenza di base operativa del mestiere, che effettivamente, in condizioni più normali, era tale da ordinare praticamente l’attività quotidiana del “Libero Muratore”. Peraltro, occorre tener presente che il concetto di “operatività” non deve essere ristretto esclusivamente all’esercizio del mestiere. Ricordiamo, in particolare, che René Guénon, pur avendo messo in evidenza l’importanza rituale che ebbe il compimento di questo come di altri mestieri tradizionali, parlava della permanenza della possibilità di «un ritorno allo stato “operativo”» 2, senza che questo debba intendersi come un ritorno alla costruzione di edifici in muratura, e senza peraltro significare un’attività qualsiasi in senso profano. Vi sono dunque altri modi di “operatività”, nell’ambito che deve essere proprio all’iniziazione massonica a motivo della sua stessa natura, e ci basti aver indicato qui l’esistenza di questa possibilità.

Sempre parlando di mancanza di base, nell’iniziazione massonica, ci si può inoltre riferire alla mancanza di una base religiosa o “exoterica”, tale da implicare anche una legislazione tradizionale suscettibile di regolare ritualmente la vita del Massone. È noto che i Massoni medioevali avevano normalmente la loro base religiosa nel cattolicesimo, come era espressamente affermato nei loro rituali, e c’è naturalmente da pensare che essi, in quanto iniziati, potessero allora realizzare in quei riti una dimensione più profonda di quella solitamente compresa dalla stessa gerarchia ufficiale del clero. D’altra parte, già ci siamo ampiamente soffermati ad analizzate la situazione dei rapporti fra iniziazione massonica e religione cattolica nel mondo contemporaneo, ricordando tra l’altro il giudizio negativo di René Guénon quanto alla possibilità che quest’ultima rappresenti oggi una base valida per una via iniziatica 3. Se poi si pensa che alle varie forme di protestantesimo non può essere riconosciuto nessun valore rituale tradizionale, bisogna ammettere che le affermazioni di René Guénon sulla «necessità dell’exoterismo tradizionale» pongono problemi che possono essere di ben difficile soluzione 4. Ed effettivamente, per chi non sia praticamente in grado di risolverli, vi sarà un’esigenza insoddisfatta e una situazione di incompletezza, della quale è peraltro meglio essere coscienti piuttosto che illudersi.

Anche in questo caso, però, sarebbe certamente errato cedere allo scoraggiamento pensando che non vi sia nulla da fare, o addirittura rinunciando a perseguire l’ottenimento dell’iniziazione soltanto perché, dal proprio punto di vista del momento, non si veda il modo di rimediare a tale incompletezza.

Del resto, anche in mancanza della partecipazione a un exoterismo religioso ed a una legislazione tradizionale, o in aggiunta ad essa quando tale esigenza venga soddisfatta, non bisogna dimenticare che nella stessa Massoneria attuale, nei suoi simboli e più esplicitamente in rituali comunemente diffusi, si trovano quanto meno direttive fondamentali che dovrebbero servire di base per l’orientamento della mentalità e del comportamento dell’iniziato, estremamente importanti anzitutto sull’arduo cammino di quella purificazione e “squadratura” della “pietra greggia” senza la quale non c’è la possibilità di compiere neppure i primi passi della via iniziatica. Si tratta di questioni anche elementari che troppi hanno l’abitudine di trascurare o disprezzare, talvolta perché si sentono ben al di là di insegnamenti di cui vedono solo l’aspetto “moralistico”, mentre in realtà si tratta di condizioni scomode ma, in concreto, “tecnicamente” indispensabili.

* * *

Veniamo ora alla questione in certo modo assai più ardua di quella che ha potuto apparire come una fondamentale carenza di vertice nell’attuale iniziazione muratoria, cercando di chiarire in che senso sia ammissibile tale giudizio e in che senso sia invece da rettificare.

Non c’è dubbio che il vero vertice dell’iniziazione è la fonte stessa dell’influenza spirituale, la quale, rispetto all’individualità umana, si identifica essenzialmente al “Maestro interiore”; e, come scriveva René Guénon, «che sia o no un Guru umano, il Guru inferiore è presente sempre, dato che è una cosa sola con il “Sé” vero e proprio;… da questo punto di vista bisogna mettersi se si vogliono capire pienamente le realtà iniziatiche» 5. D’altra parte, il Maestro iniziatico umano è in fondo «la rappresentazione esteriorizzata e come “materializzata” del vero Guru interiore; e, se la sua funzione risulta necessaria, ciò è dovuto al fatto che l’iniziato, finché non è pervenuto ad un certo grado di sviluppo spirituale» (senza dubbio assai avanzato!), «è incapace di entrare direttamente in comunicazione cosciente con quest’ultimo» 6.

È dunque naturale che l’aspirante all’iniziazione effettiva consideri di estrema importanza l’incontro con un autentico Maestro iniziatico umano, analogo appunto a quello che è il Guru della tradizione indù, con tutto ciò che questo comporta come impegno e sottomissione e come concretamento di un’apertura verso l’assimilazione dell’influenza spirituale 7.

A questo riguardo, il contatto con la Massoneria ha potuto essere per taluni sconcertante e tale da produrre uno scoraggiamento che però in definitiva, benché comprensibile, non si può dire per questo giustificato 8.

In effetti, nell’iniziazione massonica vi sono sì molteplici rapporti gerarchici funzionali, ma non c’è nulla che corrisponda al Guru 9 ed alla sua funzione esclusiva e globale per il discepolo. René Guénon ebbe cura di chiarire questo punto importante, parlando della “presenza spirituale” che, nell’iniziazione muratoria, ha come supporto una collettività articolata di Massoni ritualmente riuniti. Naturalmente, ciò comporta allora il problema di essere partecipi di un “lavoro collettivo” svolto da un insieme di Massoni sufficientemente omogeneo e ricettivo nei riguardi della “presenza spirituale”, senza interferenze che, in uno qualsiasi dei suoi membri, potrebbero impedirne l’efficacia nel lavoro iniziatico comune; mentre è oggi inevitabile che molto spesso si incontrino influenze profane d’ogni genere, tra le quali le peggiori sono proprio quelle che pretenderebbero di fornire una direttiva “esoterica”. Peraltro, a questo proposito, può essere anche molto importante tener presente che ogni Loggia svolge i suoi lavori iniziatici in modo autonomo, pur nel rispetto dei legami con gli altri membri della stessa organizzazione iniziatica, che tra di loro reciprocamente riconoscono tale autonomia.

Riconsideriamo dunque la questione della mancanza o del ritrovamento d’un “vertice” nell’iniziazione massonica, potremmo dire, sotto l’aspetto sopra indicato, che si tratta appunto di realizzare le condizioni in cui la collettività di una Loggia sia realmente un supporto per un intervento efficace della “presenza spirituale”, destinata poi a operare in ciascuno secondo le sue qualificazioni ed il suo lavoro personale.

Qualcuno ha voluto vedere in questa assenza di un’autorità centrata in un Maestro e nel suo insegnamento una ragione di superiorità dell’iniziazione massonica rispetto ad altre forme iniziatiche (particolarmente orientali), in quanto in tal modo la Massoneria non pone limiti alla ricerca dell’iniziato.

Ora, questo potrebbe senza dubbio essere vero se il confronto avvenisse tra la situazione di un massone e quella di chi si ponga alle dipendenze di un “direttore spirituale”, fatto per scaricare su di lui il proprio lavoro interiore e di ricerca. Sennonché, dove realmente esiste, il Maestro iniziatico è tutt’altra cosa, conducendo in definitiva, sia pure attraverso le forme e le tecniche di ciascuna via iniziatica, proprio alla rottura di tutti gli equilibri parziali e al superamento di tutti i limiti. Ed è fin troppo facile che invece il compiacimento per l’assenza di limiti imposti alla libertà di ricerca di ciascuno nasconda la soddisfazione di potersi liberamente rinchiudere in pregiudizi e orizzonti in vario modo limitati.

A questo punto, è necessario tener presente che la “discesa” della “presenza spirituale” nel lavoro iniziatico è coscientemente realizzata e pienamente efficace soltanto quando si tratti di iniziati effettivi già pervenuti ad un grado avanzato di sviluppo spirituale 10; mentre negli altri casi l’efficacia di questa presenza sarà di fatto condizionata dalle qualificazioni e dall’attitudine più o meno consapevole di ciascuno nei riguardi delle influenze spirituali e delle gerarchie iniziatiche che le mantengono nel nostro mondo. E forse non sarà inutile ricordare, a proposito di gradi e di gerarchie iniziatiche, certe distinzioni senza le quali sarebbero inevitabili gravi equivoci.

Vi sono, nella Massoneria attuale, gerarchie ufficiali legate al tipo di organizzazione in “Obbedienze” (“Grandi Logge” o “Grandi Orienti”), che tendono a raggruppare tutte le Logge esistenti in determinate aree geografiche. Ora, questo tipo di organizzazione, con le cariche ad esso inerenti, se può indubbiamente presentare qualche vantaggio sul piano pratico, è però tipicamente moderno ed ereditato ad imitazione della Gran Loggia d’Inghilterra (paese dove del resto esistono ancora Logge “antiche”, di origine operativa, che alla Gran Loggia non hanno mai aderito 11). Ricordiamo che, in particolare, René Guénon fu molto esplicito su questo punto, insistendo sul fatto che la costituzione stessa della prima Gran Loggia rappresentò una vera e propria deviazione rispetto alla Massoneria operativa, «difetto originale che è in realtà quello di tutto il regime delle Grandi Logge, cioè della Massoneria speculativa stessa» 12. E neppure si può certo confondere la gerarchia spirituale con la successione degli “Alti Gradi” 13, che del resto non entra in considerazione in rapporto ai tre gradi fondamentali dell’iniziazione massonica. Non si tratta qui di negare che in tali “Alti Gradi” vi siano elementi simbolici e rituali validi, rielaborati e con mescolanze molteplici. Ma, senza voler minimamente infirmare il rispetto dovuto alle persone e alle loro dignità, intendiamo quello che è stato espresso nel modo più efficace da René Guénon quando scriveva: «Basta soffermarci un attimo sulle vestigia di iniziazioni che ancora sussistono in Occidente per rendersi conto di come certa gente, priva di “qualificazione” intellettuale, tratti i simboli proposti alla sua meditazione, e per essere certi che essi, qualsiasi titolo rivestano o qualsiasi grado iniziatico abbiano “virtualmente” ottenuto, non riusciranno mai a penetrare il vero significato anche solo di un minimo frammento della gerarchia misteriosa dei “Grandi Architetti d’Oriente e d’Occidente”» 14.

Lasciando dunque da parte per quanto qui ci interessa tali forme di gerarchie e di gradi, restano da considerare anzitutto i gradi ed i rapporti funzionalmente validi all’interno di ciascuna Loggia, il cui pieno rispetto è in effetti fondamentale per lo svolgimento stesso dei lavori iniziatici, ed anche per evitare conseguenze pericolose e del tutto contrarie a quelle che un aspirante all’iniziazione effettiva si dovrebbe prefiggere.

Peraltro, al di fuori e al di là delle funzioni esplicitamente stabilite, e indipendente dalle apparenze, vi sarebbe da considerare una gerarchia di gradi di realizzazione iniziatica effettiva; e la presenza attuale nel mondo di coloro che sono assimilati in tale gerarchia è della massima importanza, poiché essi adempiono a una funzione di fatto nell’aprire o mantenere aperti quelli che, in senso figurato, sono i canali attraverso i quali agiscono le influenze spirituali.

Dovrebbe dunque essere evidente che la possibilità di un lavoro iniziatico collettivo, nell’iniziazione massonica, non significa affatto che venga elusa l’esigenza di un intervento, palese o ignoto ai più, di chi sia egli stesso un supporto cosciente dell’iniziazione effettiva, e tale da attivare un legame operativo che risale, in definitiva, al Centro spirituale del nostro mondo.

Ci riferiamo, insomma a coloro che sono stati designati, dal punto di vista massonico, come i “Superiori Sconosciuti” 15. Sappiamo bene che si tratta di un argomento che dà luogo facilmente a fantasticherie e contraffazioni, ma ciò non toglie che le cose debbano essere concepite in questo modo per venire intese correttamente, e pensiamo che possa essere importante averne coscienza nell’orientarsi alla ricerca di una via iniziatica. Se ci riportiamo ancora a René Guénon (che osò consacrare un intero libro alla nozione del Centro spirituale supremo 16), troviamo l’affermazione che «nonci può essere nessuna organizzazione iniziatica pienamente degna di questo nome e con la coscienza effettiva del suo fine, senza che vi siano degli esseri che abbiano superato la diversità delle apparenze formali 17 al vertice della sua gerarchia» 18. Ecco dunque la condizione in virtù della quale la questione del “vertice” iniziatico ha effettivamente una possibilità di soluzione.

Aggiungiamo che, se ci riferiamo ancora ai concetti esposti da René Guénon sulla Massoneria come valida iniziazione ai “piccoli misteri”, ne risulta (tanto per la Massoneria quanto per i singoli massoni) la permanenza della possibilità di attivare il legame d’origine di subordinazione ai “Grandi Misteri”, come pure, all’inverso, la possibilità di deviazione se e fino a quando tale legame non venga realizzato 19.

Osserviamo ancora che, per René Guénon, la questione fondamentale di riattivare i legami con l’iniziazione effettiva era in pratica strettamente connessa con l’ottenimento dell’«aiuto dell’Oriente». E, appunto parlando della possibilità di un «aiuto dell’Oriente», lo stesso Guénon scriveva, in una sua lettera: «Quanto all’aiuto dell’Oriente… Per quel che riguarda la Massoneria, tutto dipende logicamente dal risultato che potrà essere ottenuto…» 20. In altre parole, vi sono risultati preliminari necessari ed ottenibili per rendere possibile un intervento delle influenze spirituali di cui l’Oriente resta il depositario integrale. Nello stesso tempo, contro ogni fallace “miscuglio” di forme tradizionali, René Guénon avvertiva che l’auspicato aiuto spirituale, per attuarsi all’interno della Massoneria, dovrebbe comunque realizzarsi senza “innestare” elementi di forme orientali, ma ridestandone, con l’appoggio dell’Oriente, le «tendenze spirituali addormentate» 21.

* * *

Non pensiamo di poter dare qui indicazioni più specifiche. Speriamo però che le nostre osservazioni, per quanto generiche, siano utili per qualcuno nell’orientamento della sua ricerca e nell’evitare errori ed equivoci. In ogni caso, vorremmo che chi è stato in qualche modo toccato dall’aspirazione all’iniziazione effettiva attraverso la Massoneria si rendesse conto dell’importanza incalcolabile di quello che è in gioco per lui nel cominciare a rimuovere o nel lasciare che rimangano gli ostacoli che impediscono un intervento efficace delle influenze spirituali.

A questo proposito, ci piace ricordare una risposta di Marius Lepage a chi affermava l’impossibilità di opporsi alla decadenza della Massoneria: «Viviamo in anni in cui sempre più in fretta si oscurano tutti i principi spirituali che hanno sostenuto finora la sostanza del mondo; questo mondo crollerà presto… L’incomprensione degli uomini di fronte all’espressione umana del sacro è il segno più grave della prossimità della fine dei tempi. Perché affliggervi? Ciò che è deve essere, e tutte le cose concorrono al loro fine. La decadenza apparente di tutte le organizzazioni iniziatiche non è altro che l’effetto della corruzione degli uomini, sempre più lontani dal Principio, in che cosa questo ci può toccare, se siamo sicuri che questa fine di un mondo si integra nell’armonia universale e se abbiamo compreso l’insegnamento della “Camera di Mezzo”?… È in seno alle organizzazioni iniziatiche che, a dispetto delle loro deviazioni e della loro alterazione, si ritroveranno gli ultimi testimoni dello Spirito, coloro per mezzo dei quali la Lettera sarà conservata e trasmessa agli adepti a cui sarà affidato il compito di farla conoscere agli uomini di un altro ciclo. È anche per questo che non dobbiamo disperare: forse che sappiamo quando e come le parole che pronunciamo ridesteranno in qualcuno dei nostri Fratelli i centri sottili, facendo di lui un custode della tradizione?» 22.

Nello stesso tempo, però, pensiamo che personalmente per ciascuno dovrebbe valere un detto orientale, da applicare all’impegno e al “timore” necessario nella via iniziatica massonica come in qualunque altra, che potremmo parafrasare così: come morto è chi non ha fede nella Verità; come morto è chi, avendo fede nella Verità, non la mette in pratica; come morto è chi, mettendola in pratica, non ha la retta intenzione; e, fino alla Meta, chi la mette in pratica con retta intenzione resta pur sempre in gran pericolo!

(Fine)

Tratto da: Rivista di Studi Tradizionali n° 37

APPENDICE

Testo originale francese di estratti di lettere di René Guénon citate nel corso del presente articolo.

Lettera del maggio 1935.

(a proposito dell’iniziazione massonica e del Sufismo)

«… Je dois ajouter qu’il n’y a d’ailleurs pas la moindre incompatibilité entre ces deux rattachements, et que, pour une même personne, ils ne sont nullement exclusifs l’un de l’autre… D’autre part la voie du Soufisme me paraît pouvoir mener plus loin que l’autre et donner des résultats plus sûrs, d’autant plus que, étant donne l’état présent de la Maçonnerie, ce dont je viens de parler aura forcément, dans une certaine mesure, le caractère d’une “expérience”. Pour ce qui est de l’aide de l’Orient, elle va de soi en ce qui concerne le Soufisme, et elle est en somme acquise par le fait même du rattachement à cette forme traditionnelle. Quant a la Maçonnerie, tour dépend logiquement du résultat qui pourra être obtenu par la constitution d’une Loge telle que celle qui est en projet… En tout cas, ce ne sont pas les Maçons qui doivent rejeter tout rite religieux, c’est la participation au rite catholique qui leur est refusée, ce qui est tout différent; il est du reste bien entendu que, pour d’autres rites également religieux, tels que les rites islamiques, il n’existe absolument aucune difficulté de ce genre».

Lettera del 4 giugno 1938.

«… Il doit être entendu que les relations entre des organisations appartenant à des formes traditionnelles différentes ne sont jamais “de droit” et ne peuvent pas avoir un caractère “officiel” si l’on peut employer ce mot en pareil cas. Même le fait qu’il y ait des membres communs peut n’avoir pas d’autres conséquences: ici, par exemple, il y a des membres de divers turuq qui sont Maçons en même temps, mais cela ne va pas plus loin et la Maçonnerie n’a pas pour cela le moindre appui des turuqcomme telles. Au surplus, il va de soi qu’une organisation ne pourrait demander un appui quelconque que si elle avait des résultats valables et sérieux à présenter».

Lettera del 28 settembre 1933.

«… Quant aux Loges dites “clandestines” en Angleterre, ce sont des Loges antérieures à la fondation de la Grande Loge et qui n’ont pas voulu s’y rattacher, mais ont continué a l’ignorer purement et simplement; il doit y en avoir encore 4 en activité».

Lettera del 1° marzo 1934.

«… Il est certain que les fondateurs de la Grande Loge d’Angleterre en ont dévié l’esprit, mais on ne peut cependant les considérer comme des usurpateurs purement et simplement, puisque antérieurement ils étaient eux-mêmes membres réguliers de l’ancienne Maçonnerie opérative. Celle-ci, si diminuée qu’elle ait été à cette époque, n’était pourtant pas éteinte, et elle ne l’a même jamais été, puisqu’elle existe encore actuellement… il y a aussi les grades écossais qui ont été institués surtout pour réagir contre l’intrusion de l’esprit protestant».

Lettera del 10 novembre 1946.

«… Il est très vrai que la Maçonnerie n’est liée à aucune forme exotérique déterminée et que, par suite, elle n’est incompatible avec aucune; mais d’autre part, elle constitue elle-même une forme initiatique bien définie, dans laquelle on ne peut pas, sans la dénaturer, introduire des éléments appartenant à d’autres initiations… on ne peut pas dire que la tradition hébraïque soit entièrement étrangère a la Maçonnerie, en raison du côté “salomonien” de celle-ci; il y a aussi un côté “pythagoricien”, qui, pour être moins apparent, n’est peut-être guère moins important, surtout sous le rapport de la filiation initiatique; mais ni l’un ni l’autre ne permettent évidemment d’opérer une “jonction” quelconque avec le Bouddhisme, pas plus qu’avec l’Hindouisme ou le Taoïsme. Si l’on veut réellement entreprendre de “revivifier” la Maçonnerie on ne peut en somme que chercher à restaurer ce qu’elle fut autrefois en tant que Maçonnerie opérative; tout le reste ne serait que fantaisie et risquerait même, en altérant son caractère propre, de lui faire perdre la valeur initiatique qu’elle garde même malgré tout».

* Seguito degli articoli pubblicati nei numeri 26-27, 28, 32 e 35 di questa rivista.

1 Già in varie occasioni abbiamo avuto modo di parlare di come intendiamo questo presupposto fondamentale (cfr. ad esempio Il primo lavoro da compiere, nel n. 3 di questa rivista). A questo proposito pensiamo sia importante riferirsi al libro di René Guénon, Oriente e Occidente, parte seconda, cap. II (L’accordo sui principi) e cap. III (Costituzione e compito dell’élite).

2 Cfr. Aperçus sur l’Initiation (Considerazioni sulla via iniziatica), cap. XXIX: Opératif et Speculatif.

3 A questo proposito rimandiamo nuovamente alle citazioni riportate nel n. 23 di questa rivista, pp. 95-97.

4 È vero che, come scrisse ancora René Guénon, «la Massoneria non è legata a nessuna forma exoterica determinata, e quindi non è incompatibile con nessuna» (lettera del 10 novembre 1946). Però, nel caso degli Occidentali che già devono tener conto della situazione della Chiesa cattolica e della scomunica da parte delle sue autorità, occorre considerare anche la loro mancanza di adattabilità a forme tradizionali come quelle indù e estremo-orientali. In particolare, René Guénon fu esplicito su questo punto, soprattutto nella sua corrispondenza, sconsigliando costantemente agli Europei di intraprendere tentativi per accedere a forme estranee alla corrente tradizionale abramica, e aggiungendo anche che il passaggio al ramo islamico di quest’ultima non riguardava se non «casi eccezionali» (cfr. la documentazione citata da Giorgio Manara a pp. 66-71 del n. 31 di questa rivista, nell’articolo Difficoltà e possibilità per le donne occidentali aspiranti all’iniziazione). Secondo le sue parole, d’altra parte, «non è che i Massoni debbano rifiutare qualunque rito religioso», e, nonostante le ragioni che si oppongono ad una partecipazione dei Massoni ai riti cattolici, e «per altri riti ugualmente religiosi, quali i riti islamici, non esiste assolutamente nessuna difficoltà di questo genere» (lettera del maggio 1935, dove è affermata inoltre la piena compatibilità dell’iniziazione massonica non solo con la religione islamica, ma anche con il Sufismo: «non c’è» scriveva allora Guénon «la benché minima incompatibilità tra questi due ricollegamcnti iniziatici e, per una stessa persona, essi non sono affatto esclusivi l’uno dell’altro»). Accenneremo infine a una citazione significativa fatta dallo stesso Guénon a proposito di un «gran segreto di riconciliazione» tra Ebraismo, Cristianesimo e Islâm, facente parte dell’eredità spirituale dei Templari trasmessa ai Liberi Muratori attraverso legami «certamente più che “ideali”» (cfr. la recensione del libro di Andre Lebey, La Vérité sur la Franc-Maçonnerie par des documents, riportata nel primo volume di Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, pp. 107 e 108 della 1a edizione).

5 Cfr. Iniziazione e realizzazione spirituale, cap. XX, p. 174 (pp. 139-140 dell’edizione francese).

6 Ibidem.

7 Questa “assimilazione” potrebbe intendersi, a seconda dei punti di vista, nei due sensi reciproci: come assimilazione da parte dell’iniziato e come assimilazione dell’iniziato (o piuttosto della sua individualità) da parte dell’influenza spirituale, che del resto è egli stesso a dover attivare in sé; ma vorremmo aggiungere che ambedue questi punti di vista dualistici sono in fondo parziali e inadeguati ad esprimere il vero “segreto” iniziatico.

8 A dire il vero, tale scoraggiamento è dovuto talvolta anche al fatto di non trovare qualcosa che somigli a un “direttore spirituale” del tipo a cui accenniamo in seguito, il che farebbe pensare che le persone di cui si tratta si siano rivolte a una via iniziatica quasi per un equivoco sulle proprie aspirazioni.

9 In un certo senso, una funzione più simile a quella di un Guru poteva essere svolta dal Maestro del mestiere nei riguardi del suo Apprendista nell’antica Massoneria operativa, ma pur sempre con una portata fondamentalmente diversa da quella di un Guru o di un Maestro spirituale in un’iniziazione ai Grandi Misteri.

10 Cfr. R. Guénon, Iniziazione e realizzazione spirituale, capitolo XXIII, p. 195 (p. 256 del testo francese), dove si parla appunto del «lavoro di iniziati già pervenuti ad un grado avanzato di sviluppo spirituale, contrariamente» (e qui è ovvio il riferimento alla Massoneria) «a quanto ha luogo in quelle organizzazioni in cui il lavoro collettivo rappresenta la modalità abituale e normale fin dall’inizio»; «ma» aggiunge René Guénon «questa differenza non modifica minimamente il principio della “presenza” spirituale», restando inteso che questa, quantunque sempre ben reale, può allora non essere coscientemente realizzata.

11 Ci riferiamo a quelle Logge antiche delle quali è detto che «stanno lavorando da tempo immemorabile» («working from time immemorial»), e che hanno continuato ad ignorare l’avvenimento della fondazione della Gran Loggia d’Inghilterra (cfr. le lettere di René Guénon del 28 settembre 1933 e del 1° marzo 1934, citate nell’appendice di questo articolo).

12 Cfr. Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, vol. I, p. 133 della 1a edizione. Rimandiamo inoltre il lettore alle citazioni di tale libro riportate nel nostro articolo Un nuovo libro sulla Massoneria e il Compagnonaggio (nei numeri 14 e 15 di questa rivista); tali messe a punto ci sembrano importanti per collocare nella loro giusta luce e secondo il loro reale valore le questioni relative alle dispute e ai riconoscimenti tra le diverse “Obbedienze” massoniche, questioni che hanno suscitato nei mesi scorsi una particolare attenzione ed emozione a motivo del riconoscimento del Grande Oriente d’Italia da parte della Grande Loggia d’Inghilterra. Va da sé, per noi, la “regolarità” iniziatica non è certo subordinata a un riconoscimento del genere, essendo una realtà di natura essenzialmente rituale e non “amministrativa”.

13 Degli “alti gradi” massonici già abbiamo avuto occasione di parlare nel secondo di questa serie di articoli (cfr. nel n. 28, pp. 98 e segg.), e non ritorneremo qui sull’argomento.

14 Cfr. Il regno della quantità e i segni dei tempi, Introduzione, p. 14 della traduzione italiana.

15 Di come la questione dei “Superiori Sconosciuti” venne in luce particolarmente nella seconda metà del ‘700, e delle deviazioni e contraffazioni che apparvero a quell’epoca, già abbiamo parlato nel secondo di questa serie di articoli (Tentativi deviati, nel n. 28). Beninteso, però, tali deviazioni e contraffazioni (come ad esempio anche la cosiddetta “Gran Loggia Bianca” dei Teosofisti) non tolgono nulla della validità intrinseca di ciò che è stato designato con l’espressione di “Superiori Sconosciuti”, la cui esistenza quali uomini «viventi sulla terra nel senso vero e completo della parola» (secondo le parole di René Guénon) è anzi indispensabile per il mantenimento delle influenze spirituali e, in definitiva, dello stesso mondo umano.

16 Cfr. Il Re del mondo. Del resto, i riferimenti di René Guénon al «Centro spirituale supremo» nel nostro mondo sono abbastanza frequenti e necessari per inquadrare le questioni di ordine iniziatico in generale; ricordiamo in particolare l’articolo Les gardiens de la Terre sainte (cap. XI di Symboles fondamentaux de la Science sacrée) e i capitoli sui centri iniziatici, sulla nozione dell’élitee sulla gerarchia iniziatica (capp. X, XLIII e XLIV) in Aperçus sur l’Initiation(Considerazioni sulla via iniziatica).

17 Vorremmo insistere sul carattere “effettivo” di questo superamento; si tratta di esseri che, pur mantenendo un aspetto individuale nelle apparenze, hanno realizzato ciò a cui alludono, ad esempio, certe descrizioni taoiste, come quelle riportate anche da René Guénon nel VII capitolo (La risoluzione delle opposizioni) del Simbolismo della Croce; cfr. anche l’avvicinamento tra un testo taoista e un testo islamico a pp. 151-153 del n. 35 di questa rivista.

18 Aperçus sur l’Initiation (Considerazioni sulla via iniziatica), al termine del cap. XXXVIII su Rosa-Croce e Rosacrociani.

19 Su questo importante argomento, rimandiamo ai capitoli XXXIX, XL e XLI degli Aperçus sur l’Initiation: Grandi e piccoli misteri, Iniziazione sacerdotale e iniziazione regale (la cui traduzione è in corso di pubblicazione su questa stessa rivista) e Qualche considerazione sull’ermetismo.

20 Lettera del maggio 1935, di cui riportiamo in appendice un più ampio estratto dell’originale (argomento ripreso in una lettera del 4 giugno 1938: cfr. l’appendice del presente articolo).

21 Abbiamo tratto questa espressione da una recensione del dicembre 1949, riportata in Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage (vol. II, p. 174 della prima edizione), di cui citiamo qui più ampiamente il brano seguente: «… il ne faudrait pas oublier que la Maçonnerie est une forme initiatique proprement occidentale, et que par conséquent on ne peut pas y “greffer” un élément oriental; même si l’on peut envisager légitimement une certaine aide de l’Orient pour revivifier les tendances spirituelles endormies… mais c’est là un sujet sur lequel il y aurait beaucoup à dire et que nous ne pouvons pas entreprendre de traiter présentement». A questo proposito citeremo ancora la lettera del 10 novembre 1946, dove Guénon scriveva: «Se si vuole realmente intraprendere la “rivivificazione” della Massoneria, non si può che cercare di restaurare ciò che essa fu in quanto Massoneria operativa; tutto il resto non sarebbe altro che fantasia, ed anzi, alterando il suo carattere, rischierebbe di farle perdere il valore iniziatico che ha conservato nonostante tutto».

22 Cfr. Le Symbolisme, luglio 1946; riportiamo queste affermazioni per lo spirito a cui sono improntate senza soffermarci sulla forma un po’ discutibile di qualche espressione.

ScienzaSacra

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