DOLOREM MEUM, GAUDIUM TUO

Este blog ha defendido desde su origen la necesidad de integrar una inmigración ordenada y presta a la reciprocidad. Pedagogía, empatía y la formalización legal de un contrato de residencia que especifique claramente derechos y deberes serían los requisitos de esa integración. La desidia de unos y la inconsciencia de otros han aparcado esta absoluta necesidad en el limbo de las utopías. Rige el “sálvese quien pueda”, que, en el caso de quienes podrían gestionar el problema, la clase política, se traduce en refugiarse en la seguridad de sus mansiones tras de muros, cámaras y vigilancia de cuerpos de seguridad estatales, que, faltaría más, paga el mismo contribuyente que puede ver comprometida su seguridad y la de su familia en las calles. Proclamar un fácil y demagógico “¡Welcome refugees!” desde esa posición es un insulto, no solo a los ciudadanos de a pie, sino también a los propios refugiados, para los que la bienvenida no es más que un gesto vacío, puesto que la gran tarea pendiente, la de la integración, está fracasando ante nuestros ojos.

Adivina adivinanza: ¿Qué líder político vive en el caserón de la izquierda de
la foto? Pista: antes estaba avecindado en Vallecas, pero ha decidido no
codearse con los “refugees” que invita a barrios populares por los que ya
no se deja ver la coleta más que para mendigar el voto.

Estos son los pensamientos que me venían a la cabeza al leer el editorial publicado por Jérôme Bourbon en el número 3373 de la revista Rivarol, publicado el pasado 17 de abril. En él el autor se duele por la alegría, nada disimulada, de muchos musulmanes que han celebrado sin recato en las redes sociales la frustración, el abatimiento y la desolación de los franceses para los que los daños sufridos por la catedral de Notre Dame son una herida íntima:

No todo el mundo llora la ruina de Notre-Dame de Paris. En Twitter, como se podría esperar, hay gente que ha aplaudido a gritos. Sería la venganza de Alá, incluso contra nuestros antepasados, a causa de las supuestas exacciones francesas en África. Una tal Hafsa, miembro de la oficina nacional de la UNEF (Unión Nacional de Estudiantes de Francia), veía en la consternación general ”un delirio de los pequeños blancos” y afirmaba que a ella “no le importa Notre-Dame, como tampoco el resto de la historia de Francia”. La damisela de hecho, se dedica habitualmente a insultar, y pide alegremente el asesinato de blancos, aunque hasta ahora esto no ha entorpecido su carrera en la UNEF. Del mismo modo, siempre en las redes sociales, hay benineses que han acogido estas imágenes de apocalipsis: ”Espero que toda Francia se queme”. Ella es la enemiga de África. ¡Este tipo de desastre tiene al menos el mérito de mostrar los enemigos internos!

A brief summary of who is responding to the tragic Notre Dame fire with ‘smiley faces’ on Facebook. Appalling. pic.twitter.com/OBANPl9Wpv

— Paul Joseph Watson (@PrisonPlanet) 15 de abril de 2019

La lectura del texto precedente deja un poso amargo. Ningún ser humano consciente, sea cual sea su religión (o la ausencia de ésta) puede alegrarse por la ruina de una realización artística de la magnitud de la magnífica catedral de París. Si la Kaaba, la Cúpula de la Roca en Jerusalén o la Gran Mezquita de Casablanca resultaran destruidas, todos los que admiramos la inventiva, el ingenio y la creatividad artística nos sentiríamos afectados. El espacio de manifestación de lo sagrado, encapsulado y protegido en suntuosos templos, debería ser reconocido como patrimonio de todo ser humano, al margen de creencias excluyentes. Ése es el mensaje que no ha calado entre quienes, como la Hafsa de la oficina nacional de la UNEF, pueden sentir alegría por algo que supone una mutilación del espíritu del que todos deberíamos participar. Si el dolor del país que te acoge es motivo de alegría, no te has enterado de cosas extremadamente importantes, como que el pasado que símbolos como Notre Dame representan es el que ha generado los derechos, las garantías y la hospitalidad de la que ahora eres beneficiaria.

Los bárbaros iconoclastas no son sólo de otras tradi-
ciones culturales: aquí un botón de muestra de cómo
una feminecia de manual celebra la destrucción de
un símbolo del poder femenino

Alegrarse de la catástrofe sufrida por París puede movernos a legítima indignación, pero también a apenarnos de quienes han acorazado su sensibilidad para no ver amenazada una identidad asumidamente bárbara, que necesita cerrarse a la empatía y a la compasión para no sentirse amenazada. Y esa es la tentación en que cae un elevadísimo porcentaje de musulmanes, quienes representan nada menos que el 10 % de la población francesa, porcentaje que en un futuro sin duda se incrementará.

Si, como cabe dentro de lo posible, llegará a saberse -o simplemente a sospecharse- que lo sucedido en Notre Dame el pasado lunes ha sido fruto de un ataque de venganza sectaria, la quiebra de una convencia cada vez más precaria entre inmigrantes musulmanes y ciudadanos franceses de origen podría convertirse en una dramática realidad.

Recordemos que el 11 de septiembre de 2016 (repárese en lo significativo de la fecha) la policía frustró un ataque yihadista con coche bomba contra la catedral. Y que un año antes se había evitado otro ataque similar contra iglesias parisinas, organizado por un franco-argelino de vuelta de Siria. En juio de 2017 un simpatizante del Estado Islámico agredió a un policía en la explanada frente a Notre Dame. Finalmente, el incendio de tan celebrado templo se ha producido justamente un mes después del 15 de marzo de 2019, en que Brent Tarrant, un fanático supremacista de extrema derecha, perpetró una masacre entre los fieles que asistían a dos mezquita en Christchurch (Nueva Zelanda). Dada la cercanía de las fechas, es fácil ver el principio de acción-reacción operativo en esta trágica secuencia … y entender que sin serenidad y reflexión Francia, y al final Europa, se verá abocada, apenas la bola de nieve siga rodando, a un enfrentamiento social de naturaleza incierta.

El asesino de Christchurch, quien transmitió vía Facebook su macabra “hazaña”

A ese peligro inminente apuntaba el anterior ministro del interior de Emmanuel Macron, Gérard Collomb, quien presentó su dimisión del cargo el pasado octubre ante su impotencia para prevenir un conflicto civil que veía inminente: “Las relaciones entre las personas son muy difíciles, las personas no quieren vivir juntas … Las comunidades en Francia se están peleando cada vez más y se está volviendo muy violenta … Sí, tenemos cinco, seis años para evitar lo peor“. Su apocalíptico dictamen parece menos lejano solo medio año después de haber sido pronunciado.

El pesimista diagnóstico de Collomb viene a coincidir en lo esencial con lo defendido por este bloguero en el primer párrafo de la entrada: es preciso racionalizar la inmigración, tomar conciencia de los desafíos de la convivencia, no esperar a los estallidos violentos mientras se mira hacia otro lado … justo lo que está haciendo un presidente irresponsable y cínico que parece haber asumido que su función es la de “entertainer” de masas mientras el país es gobernado por los consejos de administración de BNP y de la Société Générale. Y al que la catástrofe de Notre Dame viene como anillo al dedo para esconder su torpeza y su altivez -esta segunda calificación fue formulada literalmente por Collomb- envolviéndose en la tricolor y jugando a líder conciliador … de una conciliación que los hechos amenazan con hacer imposible.

“Cuando París estornuda, Europa se resfría” (Metternich)

Cada vez más voces (Eric Zemmour, Christian de Moliner, Michel Houellebecq, …) advierten de la posibilidad de una inminente guerra civil religiosa, que nadie en su sano juicio desea, pero que nadie parece esforzarse en prevenir. En vez de hacerlo, quienes deberían asumir la responsabilidad de advertir a la mayoría sonámbula del peligro que se dibuja en un horizonte cada vez más cercano parecen adoptar el solipsista proceder del hombre que cae al vacío en el deslumbrante prólogo de “La Haine” (“El odio”), el profético film con que, en fecha tan temprana como 1995, Mathieu Kassovitz tomó el pulso a un París sumido en disturbios raciales, un escenario de violencia y desesperanza que nos resulta más cercano hoy que entonces.

“Es la historia de un hombre que cae de un edificio de cincuenta pisos. Para tranquilizarse mientras cae al vacío, no para de decirse: hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien… hasta ahora todo va bien. Pero lo importante no es la caída, es el aterrizaje.”

¿Cómo prevenir el caos que se nos viene encima? Este espectador curioso tampoco tiene la solución a esta pregunta, pero cree que escuchar el dolor del otro, no ser indiferente a sus heridas físicas y morales, no pagar con la misma moneda a quienes celebran nuestro abatimiento; hacer de Notre Dame o Palmira, de Niza o Trípoli, del atentado de las Ramblas o del de Christchurch causas comunes en vez de banderas que nos enfrenten; sentir que el otro es una versión distinta de nosotros mismos en diferentes circunstancias … sería, si no una solución, al menos un buen comienzo.

(posesodegerasa)

– Artículo*: posesodegerasa –

Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas Pueblo (MIJAS NATURAL)

*No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados

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