La mejora de la calidad de vida de las personas que padecen diabetes, un objetivo aprobado en el Congreso

La Comisión de Sanidad y Servicios Sociales, en su sesión del día 16 de mayo de 2017, aprobó una Proposición no de Ley presentada a la Mesa del Congreso por el Grupo Parlamentario Popular, relativa a la mejora de la calidad de vida de las personas que padecen diabetes (…)

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Dismorfofobia Delirante y Terapia Cognitivo-Conductual

La terapia cognitivo-conductual (TCC) de delirios y alteraciones perceptivas tiene como objetivo aliviar el sufrimiento asociado a los síntomas y desarrollar el funcionamiento personal y social, comprendiendo las experiencias psicóticas en el contexto biográfico de la persona. Los componentes más efectivos son la modificación de creencias (…)

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Martin Lings, Croyances anciennes et superstitions modernes (note de lectura)

Pardès, 1987 Titre original: Ancient Beliefs and Modern Superstitions Préface Le culte de notre siècle est le culte de nous-mêmes, une inflation psychique tout à fait incompatible avec l’intelligence véritable. Il est possible d’apprécier les avantages du présent, à la seule condition que nous voyions notre époque telle qu’elle est. Chapitre I. Le passé à la lumière du présent

– Artículo*: Radu Iliescu –

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Pardès, 1987 Titre original: Ancient Beliefs and Modern Superstitions Préface Le culte de notre siècle est le culte de nous-mêmes, une inflation psychique tout à fait incompatible avec l’intelligence véritable. Il est possible d’apprécier les avantages du présent, à la seule condition que nous voyions notre époque telle qu’elle est. Chapitre I. Le passé à la lumière du présent

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Un corazón ardiente.- Teófano el Recluso (1815-1894).

¿Cómo hicieron nuestros grandes ascetas, nuestros Padres y nuestros maestros para encender en sí mismos el espíritu de oración, y establecerse firmemente en la oración? Todo su objetivo era volver su corazón ardiente de amor solo por el Señor. Dios quiere el corazón, pues es en él que se encuentra la fuente de vida. Allí donde está el corazón, allí están la conciencia, la atención, el intelecto; allí se encuentra el alma toda entera. Cuando el corazón está en Dios, todo el hombre está en Dios y permanece constantemente ante él en adoración, en espíritu y en verdad.

Esto llega rápida y fácilmente en algunos, pues tal es la misericordia de Dios. El temor de Dios los ha penetrado profundamente, su conciencia ha sido estimulada con gran fuerza, y su celo rápidamente inflamado los ha puesto sobre el camino de la salvación, puros y sin tacha ante Dios. Su ardor por serle gratos ha llegado a ser en poco tiempo un fuego devorador. Se trata de las almas seráficas, ardientes, rápidas en sus movimientos, soberanamente activas.

En otros, por el contrario, todo se hace con lentitud. Tal vez ello proviene de una indolencia natural, o bien la intención de Dios a su respecto es diferente. Sus corazones no se calientan sino con lentitud. Tienen todos los hábitos de la piedad y sus vidas aparecen exteriormente santas; pero todo ello no es para mejor, pues su corazón está vacío de lo que debería tener. Esto no sucede sólo a los laicos, sino también a quienes viven en los monasterios e incluso a los eremitas.

Cómo encender en el corazón una llama continua

Ahora os explicaré cómo encender en vuestro corazón un continuo rogar de calor. Recordad cómo se puede producir el calor en el mundo físico: se frotan dos trozos de madera uno contra otro y el calor viene, luego el fuego; o bien se expone un objeto al sol: se calienta, y si se concentran suficientemente los rayos sobre él, terminará por inflamarse. De la misma manera se produce el calor espiritual. La fricción necesaria es la lucha y la tensión de la vida ascética; la exposición a los rayos del sol es la oración interior hecha a Dios.

El fuego puede ser encendido en el corazón por el esfuerzo ascético, pero este esfuerzo por sí solo no inflama fácilmente el corazón. Muchos obstáculos cierran el camino. Esa es la razón por la cual, hace tiempo, los hombres, deseando ser salvados y experimentados en la vida espiritual, deseando ser movidos por la inspiración divina y sin abandonar su combate ascético, descubrieron otro medio de calentar el corazón. Nos han transmitido su experiencia. Ese medio parece simple y fácil, pero de hecho, no es sin dificultades que se llega al fin. Ese recurso, para alcanzar nuestro fin, es la oración interior que dirigimos, de todo corazón, a nuestro Señor y Salvador. He aquí cómo se la debe practicar: permaneced con vuestro intelecto y vuestra atención en el corazón, persuadidos de que el Señor está cerca y os escucha, y suplicadle con fervor: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador”.

Haced esto constantemente, ya sea que estéis en la iglesia, en casa, en viaje, en el trabajo, en la mesa o en el lecho, en una palabra, desde el momento en que abrís los ojos hasta que los cerréis para dormir. Será exactamente como si mantuvierais un objeto bajo el sol, pues se trata de manteneros vosotros mismos ante la faz del Señor que es el sol del mundo espiritual. Al principio deberéis fijar un momento bien determinado, por la mañana o la tarde, para consagrarlo exclusivamente a esta oración. Luego descubriréis que la oración comienza a dar su fruto, ella se apoderará de vuestro corazón y se arraigará profundamente en él.

Cuando todo esto se hace con celo, sin negligencia ni omisión, el Señor mira a su servidor con misericordia y enciende un fuego en su corazón; ese fuego demuestra con certeza que la vida espiritual se ha despertado en lo más secreto de vuestro ser y que el Señor reina en vosotros.

El rasgo distintivo de ese estado, en el cual el Reino de Dios nos es revelado, o bien -lo que es igual- en el cual la llama espiritual arde incesantemente en el corazón, es que el ser todo entero se concentra en su vida interior. Toda la conciencia se recoge en el corazón y permanece allí en presencia de Dios. Esparcimos ante él todos nuestros sentimientos, nos posternamos en su presencia con un humilde arrepentimiento, listos para consagrar toda nuestra vida a su solo servicio. El alma permanece en ese estado día tras día, desde el despertar hasta el momento de acostarse; ello se continúa a través de las diversas actividades de la jornada, hasta que el sueño cierra nuestros ojos. Una vez que este orden se estableció en nosotros, los desórdenes que dominaban nuestra vida en el pasado, cesan.

La impresión de insatisfacción y de frustración que nos turbaba antes de que esta llama espiritual fuera encendida en nuestro corazón, el vagabundaje del espíritu que debíamos soportar, todo ello cesa. La atmósfera del alma se aclara, se libera de nubes. Solo permanece un único pensamiento y un solo recuerdo, el pensamiento y el recuerdo de Dios. La claridad reina en nosotros y, en esta claridad, cada movimiento es necesario y apreciado según su valor en la luz espiritual que emana del Señor al que se contempla. Todo pensamiento malo, todo sentimiento malo que asalta el corazón, es perseguido victoriosamente desde su aparición. Si algo opuesto a Dios se desliza en nosotros a pesar nuestro, es rápidamente confesado con humildad al Señor, y lavado por el arrepentimiento interior o por la confesión exterior, de modo que la conciencia permanece siempre pura en presencia de Dios. En recompensa por toda esta lucha interior, obtenemos la audacia de aproximarnos a Dios en una oración que arde incesantemente en nuestro corazón. Ese calor constante de la oración es la verdadera respiración de esta vida, de tal modo que el progreso en nuestro peregrinaje espiritual se detiene cuando se extingue ese calor interior, igual que la vida del cuerpo se extingue cuando cesa la respiración natural.

Interioridad y calor del corazón

El mundo espiritual está abierto para aquél que vive en su interior. Permaneciendo en el interior de sí mismo, y contemplando ese otro mundo, se despierta poco a poco, un calor espiritual, que se hace sentir en el corazón y que nos incita a vivir en adelante en el interior y nos hace tomar conciencia cada vez más neta de la existencia de ese reino interior y espiritual. La vida espiritual madura bajo la acción recíproca de estas dos cosas: la interioridad y el calor del corazón. Aquél que vive en ese sentimiento interior de calor del corazón tiene su intelecto ligado y atado; pero el intelecto de aquél a quien falta ese calor, vagabundeará. Es por ello que, si se quiere vivir en el interior, se debe buscar ese calor del corazón; pero es necesario esforzarse también, mediante un intenso esfuerzo, por entrar y permanecer en el interior. He aquí por qué, aquél que busca permanecer recogido solamente en su cabeza, sin calor del corazón, trabaja en vano. Todo se dispersa en un instante.

Es necesario, pues, no sorprenderse si los hombres de ciencia, a pesar de todos sus conocimientos, pasan al lado de la verdad: ellos sólo trabajan con su cabeza.

El Arte de la Oración

– Artículo*: Diego GEIMME –

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Los ingenieros de Franco | Ernesto Castro & Lino Camprubí

Presentación del libro Los ingenieros de Franco, de Lino Camprubí, con Ernesto Castro como maestro de ceremonias, en la librería La Central de Callao (Madrid) el 16/05/17.
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– Artículo*: Ernesto Castro –

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SERMONES DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL

SERMON 11 I.-EXHORTACION A LA ACCION DE GRACIAS.—II. LA MATERIA PRINCIPAL DE LA ACCION DE GRACIAS ES EL MODO Y EL FRUTO DE LA REDENCION.—III. EL FRUTO DE LA REDENCION CONSISTE EN TRES COSAS.—IV. EL MODO DE LA REDENCION CONSISTE EN OTRAS TRES.

1.Al terminar el sermón anterior os dije, y no me pesa repetirlo, cuánto deseo que todos vosotros exhaléis esa sagrada unción que recoge los beneficios de Dios en la gozosa gratitud de la santa devoción. Esto es muy saludable; tanto porque ali­via las penas de la vida presente, al volverse más tolerables cuando vivimos la alegría de la alabanza de Dios, cuanto porque nada anticipa tanto aquí en la tierra la paz de los conciuda­danos del cielo como alabar a Dios con vivo entusiasmo. Así lo dice la Escritura: Dichosos los que viven en tu casa, Señor, alabándote siempre. Pienso que a este perfume se refiere prin­cipalmente el Profeta cuando dice: Ved qué dulzura, qué deli­cia, convivir los hermanos unidos. Es ungüento precioso en la cabeza. Pero esto no guarda relación con el primer perfume. Aquél es bueno pero no agradable, pues el recuerdo de los pecados deja amargura y no engendra alegría. Además los que lloran sus pecados no viven juntos, ya que cada uno llora y deplora sus pecados personales. Mas los que viven en acción de gracias, sólo miran a .Dios que atrae toda su atención, y por eso conviven realmente entre sí. Su actitud es buena, porque toda la gloria se la dan al Señor, a quien corresponde en justi­cia, y además es muy agradable por el gozo que reporta.

2.Así pues, amigos míos, os exhorto a que intentéis salir del molesto y angustioso recuerdo de vuestros pecados y ca­minéis por las sendas más cómodas del recuerdo sereno de los beneficios de Dios. De este modo, contemplándole a él, os aliviaréis de vuestra propia confusión. Mi deseo es que experimentéis el consejo del santo Profeta, cuando dice: Sea el Señor tu delicia y él te dará lo que pide tu corazón. Ciertamente es necesario el dolor de los pecados, pero no continuo. Hay que variarlo con el recuerdo más agradable de la ternura divina, no sea que la tristeza endurezca el corazón y acabe en desesperación. Añadamos algo de miel al ajenjo; la amargura será salu­dable y redundará en salvación sólo cuando pueda beberse suavizada con la dulzura introducida.

Escucha finalmente a Dios: él mitiga el sinsabor del cora­zón quebrantado, sacando al abatido del abismo de la desespe­ración, consolando al afligido con la miel de sus promesas y animando al desalentado. Lo dice por el Profeta: Moderaré tus labios con mi alabanza para no aniquilarte. Es decir: «Para que no caigas en una tristeza extrema al contemplar tus malda­des, para que desesperado no caigas como si te arrojara un caballo desbocado, porque perecerías, yo te contengo con el bocado de la brida, saldrá al paso mi indulgencia, te reconfor­taré con mis alabanzas. Tú que te ofuscas con tus males, senti­rás alivio en mis bienes y descubrirás que es mayor mi benig­nidad que todas tus culpas».

Si Caín hubiese sido detenido con ese freno nunca habría dicho en su desesperación: Mi culpa es muy grave y no merez­co el perdón. No, de ningún modo. Es mayor su ternura que cualquier iniquidad. Por eso el justo no se acusa incesantemen­te; sólo cuando comienza a hablar. E incluso al terminar con­cluye alabando a Dios. Ved, efectivamente, qué orden sigue: He examinado mis caminos, para enderezar mis pies a tus pre­ceptos. Encuentra primero el dolor de la contrición y de la desdicha en sus propios caminos, para gozar después en la sen­da de los preceptos de Dios, como si fuesen toda su riqueza.

Vosotros también, a ejemplo del justo, cuando os sintáis humillados, recordad igualmente la bondad del Señor. Así po­déis leer en el libro de la Sabiduría: Creed que el Señor es bueno y buscadlo con un corazón sencillo. El recuerdo frecuente e incluso habitual de la generosidad de Dios induce fácilmente al espíritu a pensar así.De otra manera, no sería posible cumplir lo que dice el Apóstol: Dad gracias en toda circunstancia, si se ausentasen del corazón los motivos de la gratitud. No quisiera echaros a cuestas aquella afrenta de los judíos con que los acusa la Escritura: que olvidaron las obras de Dios y las maravillas que les había mostrado.

3.Pero jamás hombre alguno será capaz de traer a la memoria y recoger todos los bienes que el Señor piadoso y clemente derrama sin cesar sobre los mortales: ¿Quién podrá contar las hazañas de Dios, pregonar toda su alabanza? Que al menos los redimidos nunca olvidemos su obra primordial y más sublime, la de nuestra redención. A este propósito trataré de inculcaros de manera especial, y lo más sucintamente que pueda, dos cosas que ahora se me ocurren, acordándome de aquella sentencia: Instruye al docto y será más docto.

Se trata del modo cómo realizó la redención y del fruto que con ella consiguió. ¿El modo? El anonadamiento de Dios. ¿El fruto? Nuestra divinización. Meditar en lo primero es sembrar la santa esperanza; en lo segundo, incitar el amor su­premo. Necesitamos las dos cosas para avanzar en el espíritu:la esperanza sin amor sería servir por un salario; el amor se enfriaría si creyésemos que es infructuoso.

4.Nosotros esperamos de nuestro amor el fruto que nos prometióaquel a quien amamos: Una medida generosa, colma­da, remecida, rebosante. A mi entender, una medida sin medida.

Pero me gustaría saber de qué será esa medida, o mejor esa inmensidad que se nos promete: Jamás ojo vio un Dios fuera de ti que preparase tantas cosas para los que le aman. Tú que lo preparas, dinos qué nos preparas. Nosotros creemos y confiamos de verdad, tal como lo prometes, que nos saciaremos de los bienes de tu casa. Pero ¿cuáles son estos bie­nes? ¿Consistirán acaso en trigo, vino y aceite, oro y plata o piedras preciosas? Todo eso ya lo hemos conocido, lo hemos visto y lo vemos, pero lo desechamos. Buscamos lo que ni ojo vio, ni oído oyó, ni hombre alguno ha imaginado. Eso es lo que nos complace, lo que saboreamos y nos deleita buscar, sea lo que fuere. Todos serán discípulos de Dios y él será todo para todos. En definitiva, la plenitud que esperamos de Dios no será sino el mismo Dios.

5.¿Quién podrá vislumbrar toda la dulzura que encierran estas cuatro palabras: Dios será todo para todos? Prescindien­do del cuerpo, percibo claramente en el alma la razón, la vo­luntad y la memoria: las tres constituyen su esencia. Todo el que vive guiado por el espíritu, sabe cuánto les falta para ser completas y perfectas estas tres facultades, mientras vivimos en este mundo. ¿No será porque Dios no es todavía todo para rodos? De aquí se deriva que la razón se engañe en sus juicios con tanta frecuencia, que la voluntad se vea sacudida por cuatro desórdenes, y que la memoria se desconcierte por sus mu­chos olvidos. La noble criatura se ve doblegada con este triple fracaso, no por gusto, aunque abriga una esperanza. Pues el que sacia de bienes todos los anhelos, será plenitud luminosa para la razón, torrente de paz para la voluntad, presencia eter­na para la memoria. ¡Oh amor, verdad, eternidad! ¡Santa feliz Trinidad! Por ti suspira desde su desgracia esta mi trini­dad, desgraciada por su infeliz destierro lejos de ti. ¡Con cuán­tos errores, sufrimientos y miedos se enredó por separarse de ti! ¡Ay de mí! ¡Cómo hemos trastocado esta trinidad contra la tuya! Siento palpitar mi corazón, y me duele mi ser; me abandonan las fuerzas, y me estremezco; me falta hasta la luz de los ojos, y caigo en el horror. ¡ Ay, trinidad de mi alma, te expatriaste al pecar y mira ahora tu gran desemejanza con la Trinidad!

6.¿Mas por qué te acongojas, alma mía, por qué te me turbas? Espera en Dios, que volverás a alabarlo cuando se aleje de la razón el error, de la voluntad el sufrimiento, de la memo­ria todo temor, y les revele lo que esperamos: una maravillosa serenidad, una dulzura absoluta, una seguridad eterna. Lo pri­mero será obra del Dios verdad, lo segundo del Dios amor y lo tercero del Dios omnipotencia. Así será Dios todo para to­dos, cuando la razón reciba la luz inextinguible, cuando la voluntad llegue a la paz imperturbable, cuando la memoria se acerque para siempre a la fuente inagotable.

Vosotros mismos sabéis asignar lo primero al Hijo, lo se­gundo al Espíritu Santo, lo tercero al Padre. Pero lo haréis sin sustraer nada de ello al Padre, o al Hijo, o al Espíritu Santo, de modo que la distinción de personas no menoscabe la plenitud, ni la perfección recaiga en detrimento de la propiedad. Consi­derad también si los que pertenecen a este mundo son capaces de experimentar algo semejante en los placeres de la carne, en los espectáculos mundanos y en las ostentaciones de Satanás; pues como dice Juan, así engaña esta vida a sus desgraciados secuaces: Todo lo que hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y jactancia de los bienes terre­nos. Esto a propósito de los frutos de la redención.

7.Si recordáis el modo de llevarla a cabo, dijimos que fue el anonadamiento de Dios; y os recomiendo que conside­réis otros tres aspectos. Aquel anonadamiento no fue algo tri­vial o insignificante; porque se vació de sí mismo hasta asumir la carne, la muerte, la cruz. ¿Quién ponderará suficientemente toda la humillación, la bondad y la condescendencia que supu­so el hecho de que el Señor soberano se revistiera de la carne, fuera condenado a muerte e infamado con la cruz?Dirá algu­no: « ¿ no pudo el Creador reparar su obra sin tanta complicación?» Claro que pudo; pero prefirió su propia afrenta. Así le ahorraba al hombre toda ocasión de incurrir en el pésimo y abominable crimen de la ingratitud. Asumió muchos sufrimientos que le inducirían al hombre a un gran amor. Y las dificultades de la redención le incitarían a darle gracias, cuando la facilidad de su creación le inspirase una devoción muy poco agradecida.
¿Cómo reacciona el corazón ingrato ante su creación? «Sí: he sido creado por puro amor, pero sin trabajo alguno de mi creador. Sencillamente, lo mandó y salí creado como el resto de la creación. Es muy valiosa. ¿Pero qué dificultad entraña un favor que sólo cuesta pronunciar una palabra?» Así desvirtúa la impiedad del hombre este beneficio de la creación, para justificar su ingratitud. Pretexta excusas para sus pecados, cuando debía haber sido un gran motivo de amor. Pero quedó tapada la boca de los que hablan inicuamente.

Es obvio como la luz del día cuánto le costó, hombre, tu salvación: pasar de Señor a siervo, de rico a pobre, de Verbo a hombre, de Hijo de Dios a hijo del hombre. No olvides nunca que te creó de la nada, pero no te redimió de la nada. En seis días lo creó todo y a ti entre todo lo creado. Mas tu salvación la consumó a lo largo de treinta años en este mundo. ¡Cuánto sufrimiento hubo de soportar! A los dolores de su cuerpo y a las tentaciones del enemigo ¿no se añadieron y acumularon la ignominia de la cruz y el horror de la muerte? Forzosamente. Así, así salvaste, Señor, a hombres y animales, y así derrochaste tu misericordia, oh Dios.

8.Meditadlo y deteneos en ello. Respire estos perfumes vuestro corazón, tanto tiempo ahogado con la fetidez del pe­cado, y gozad estos aromas tan delicados como saludables. Mas no creáis que poseéis ya aquella excelente fragancia tan elogiada de los pechos de la esposa. La premura por acabar en seguida este sermón me impide detenerme ahora en este tema. Retened en vuestra memoria lo dicho sobre los otros perfumes y probadlo en vuestra vida. Ayudadme con vuestra oración, para que pueda exponeros dignamente lo que convenga a las delicias de la esposa y fomente en vuestras almas el amor del Esposo, Jesucristo Señor nuestro.

RESUMENVivir siempre alabando al Señor produce un inmenso gozo, muy superior a la compunción de los pecados cometidos. Deben, pues, alternarse, la aflicción por los pecados cometidos con el inmenso gozo de la alabanza, así evitaremos caer en extrema tristeza.Hay tres cosas importantes:-Instruirnos, que nos hará más doctos-El anonadamiento de Dios que es dejarnos llevar y apoyar en ÉL.-El fruto de todo ello será nuestra divinización basada en el amor.La plenitud que esperamos en Dios no será sino el mismo Dios. Que Dios sea todo para TODOS. Esperamos tres cosas:-Una maravillosa seguridad-Una dulzuza infinita-Una seguridad eternaLa creación del ser humano no fue un acto sencillo para Dios sino que le generó intenso esfuerzo y dolor como nos enseña la pasión de Cristo.

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– Artículo*: noreply@blogger.com (Sermones San Bernardo de Claraval) –

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La superburbuja N44 | Imagen astronomía diaria – Observatorio

¿Qué es lo que creó este agujero gigantesco?
La enorme nebulosa de emisión N44 de la galaxia vecina Gran Nube de Magallanes contiene un agujero monumental de 250 años luz; los astrónomos intentan averiguar por qué. Una posibilidad es que los vientos de partículas expulsadas por las estrellas masivas que hay en el interior de la burbuja provocan el gas brillante. Pero esta interpretación es incompatible con las velocidades del viento medidas. Otra posibilidad es que los escudos en expansión de antiguas supernovas hayan esculpido la insólita caverna espacial. Recientemente se ha detectado una pista inesperada de gases radiantes de rayos X que escapan de la súper burbuja N44.
La fotografía en tres colores específicos fue hecha por el gran Telescopio Gemini Sur de 8 metros que hay sobre el Cerro Pachon (Chile).

– Artículo*: Alex Dantart –

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Martin Lings, Credinţe vechi şi superstiţii moderne (fragment – 8)

“[…] o religie este o triplă revelaţie divină. Ea posedă, mai întâi de toate, o doctrină care învaţă ce trebuie şi ce nu trebuie să credem despre Adevărul Absolut, Infinit şi Etern atât în sine cât şi în ceea ce priveşte universul, adică relativul, finitul şi efemerul, cu o referinţă specială la om. În al doilea rând, posedă o lege care dictează ce trebuie să facă şi ce nu trebuie să facă, iar

– Artículo*: Radu Iliescu –

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Martin Lings, Credinţe vechi şi superstiţii moderne (fragment – 7)

“Celui care şi-a pierdut complet sau parţial propria religie, îi este cu putinţă să revină la ea graţie celorlalte religii, căci este adesea mai uşor să le examineze pe acestea cu obiectivitate şi fără prejudecată. Iar cel care îşi poate face o idee clară în privinţa a ceea ce este ortodoxia într-o religie este calificat să vadă echivalentul ei în toate religiile, inclusiv a sa proprie, căci

– Artículo*: Radu Iliescu –

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